Viernes 24 DE Mayo DE 2019
Domingo

¿De regreso al pasado?

Jonatán Lemus
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 27-11-16

Antes de la crisis política del 2015 el sistema político guatemalteco contaba con una serie de reglas formales e informales aceptadas por los actores políticos y la sociedad.  Por ejemplo, se tomaba como válida la tradición del “le toca”, las campañas anticipadas, los financiamientos poco transparentes, el transfuguismo, y la típica frase del “que  robe pero que haga algo”.

Ese “equilibrio político” cambió a partir de abril de 2015, a partir del surgimiento de cuatro factores que generaron una serie de nuevos incentivos. En primer lugar, la persecución judicial de casos de corrupción por parte de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, y el Ministerio Público, MP. Segundo, el precedente de una renuncia del jefe del Ejecutivo antes de terminar su periodo. Tercero, el sentido de empoderamiento de los ciudadanos a través de manifestaciones y las redes sociales. Y cuarto, los resultados inesperados de las elecciones de septiembre que dieron como resultado un presidente outsider y un Congreso sin un partido dominante.

Estos cuatro factores han generado nuevos comportamientos. Por un lado, se observa que existe temor en los funcionarios públicos y políticos sobre las consecuencias de sus actos. La amenaza creíble de ser perseguidos judicialmente les hace ser mucho más cautos, lo cual podría ser positivo. Por el lado negativo, ese miedo ha paralizado la gestión pública y ahora, aunque haya liquidez, en el 2016 se ha observado niveles bajos de ejecución del presupuesto.

Asimismo, la renuncia de un presidente, algo no visto desde la salida de Jorge Serrano, ha creado en el imaginario colectivo la sensación de que un gobierno puede derrumbarse antes de finalizar su periodo constitucional. Esto ha tenido un efecto en el sentido de someter al Ejecutivo a la presión y fiscalización ciudadana, pero también ha sido negativo en cuanto a que incrementa el nivel de incertidumbre e inestabilidad en el sistema.

Por su parte, la ciudadanía se siente más empoderada en su labor de fiscalización. Si bien, las manifestaciones han disminuido en su frecuencia y tamaño, los funcionarios públicos ahora saben que un escándalo de grandes proporciones podría generar la indignación de los ciudadanos y llevarlos de nuevo a las plazas a exigir renuncias.

Finalmente, los resultados de las elecciones de septiembre acabaron con algunas de las tradiciones del sistema electoral guatemalteco. Por ejemplo, ahora no se ven campañas anticipadas como se veía hace cuatro años. Además, existe menos certeza sobre quiénes serán los candidatos a la Presidencia. En el ámbito local, los alcaldes no han cambiado de camiseta política en busca del partido oficial, lo cual muestra que ahora son más precavidos antes de hacer un cambio de partido.

¿Significa lo anterior que el legado del 2015 representa una transformación de la política guatemalteca? Lamentablemente, estos 11 meses del 2016 han demostrado que ninguno de estos cambios por sí solos ha sido suficiente. Si bien, el sistema previo a la crisis, conocido como “la vieja política”, fue severamente golpeado en el 2015, en este año se ha observado que existen elementos del viejo orden influyendo en el sistema político.

En efecto, para el 2017 yo esperaría que el sistema político guatemalteco empiece a estabilizarse de nuevo. La oportunidad de hacer reformas profundas no fue aprovechada de la mejor manera, y se puede anticipar que a pesar de que ha habido algunas modificaciones, el sistema se comporte de una manera muy similar a como lo hacía previo a la crisis. En otras palabras, se podría experimentar un regreso al pasado. De darse ese escenario, el desencanto de los ciudadanos con la democracia y sus instituciones  podría incrementarse.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.