Domingo 24 DE Marzo DE 2019
Domingo

Escenarios con Trump en la Casa Blanca

Análisis de Coyuntura

Fecha de publicación: 20-11-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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IPN-USAC

Instituto de Problemas Nacionales / Universidad de San Carlos/ www.ipn.usac.edu.gt

 

El inesperado triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre abrió un mar de incertidumbre entre los aliados europeos y de temores en la población latina inmigrante, pero también despertó triunfalismos locales en quienes prefieren a Washington sin política global de derechos humanos, desentendido de la lucha contra la corrupción y la afirmación del Estado de Derecho en el triángulo norte de Centroamérica.

Republicanos y demócratas han trazado una política común de tratamiento a la crisis en esta región, resumida en la Ley de Asignaciones Globales 2014 hasta 20171, tras declararse la crisis humanitaria de la niñez migrante no acompañada en el sur de EE. UU. Pero Trump ganó la Presidencia con otro programa de gobierno: deportación de 11 millones de indocumentados (electo, matizó que serían 3 millones con antecedentes criminales), el levantamiento de un muro en la frontera de más de 3 mil kilómetros con México (luego dijo que sería una malla) y la denuncia de los tratados de libre comercio.

Es la primera vez que un presidente gana haciendo campaña en contra de sus vecinos, que hacen depender su estabilidad económica del comercio bilateral con EE. UU. y del flujo de remesas familiares. No obstante, las venas del programa de Trump provienen del establishment de Washington. Por ejemplo, ya hay mil kilómetros de frontera amurallada. El presidente Obama, quien ganó las elecciones y fue reelecto con la promesa de una reforma migratoria integral, ha deportado durante ocho años de mandato a 2.5 millones de latinos, y más del diez por ciento fueron guatemaltecos. Solo entre 2012 y 2016, según las autoridades migratorias locales, la suma de deportados alcanzó los 202 mil 428, de los cuales casi 1,500 son menores.

En definitiva, el ascenso de Trump a la Casa Blanca pronunciará estas tendencias y tendrá un impacto directo y a corto plazo (2017/19) sobre Guatemala, en el campo comercial, financiero y de cooperación, así como en el político. Por eso interesa explorar tres escenarios que se abren a partir de ese giro de la política en la máxima potencia global y la más influyente de la región.

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Se preserva el cordón umbilical. En este escenario la retórica anti-inmigrante baja de tono, pero el flujo de deportaciones se incrementa dos y hasta tres veces (100 mil y 150 mil) del promedio observado en los últimos cinco años, generando una enorme presión social en una economía que solo es capaz de absorber a dos de cada diez jóvenes que anualmente ingresan al mercado laboral. La renegociación del Cafta no es prioridad de Washington, pero se elevan las barreras no arancelarias con elevados costos para exportadores de productos perecederos. El Capitolio sin embargo impone su política resumida en la Ley de Asignaciones Globales, manteniendo la presión de lucha contra la corrupción y el fortalecimiento del Estado de Derecho. El 95 por ciento de los costos del Plan Alianza para la Prosperidad recaen en fuentes internas, en condiciones de caída de la actividad económica y del ingreso de remesas, tensionando las relaciones.

2

Abandono y respuestas nacionalistas. La administración de Trump se concentra en los asuntos internos, atendiendo sus promesas de campaña de generar empleo y elevar los ingresos de sus votantes en los estados más golpeados por el desmantelamiento industrial y las importaciones chinas en el marco de la OMC. El muro, las deportaciones masivas y políticas comerciales proteccionistas generan tensiones con México, Centroamérica y el Caribe. Corrientes nacionalistas surgen en esta región dirigidas tanto por populismos de izquierda como por viejos estamentos resentidos por la traición del ‘establishment’ de Washington que ha favorecido la justicia transicional, la lucha contra la corrupción y el enjuiciamiento de altos funcionarios y empresarios, así como mayores presiones tributarias y controles de blanqueo de dinero. La tensión despierta inestabilidad, conflictividad y brotes de violencia política. Las reformas institucionales se paralizan.

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Garrote y zanahoria. El Capitolio, la prensa liberal y líderes de opinión ganan el debate sobre la geopolítica del triángulo norte de Centroamérica, mostrando que en la relación costos/beneficios el abandono de la región y las presiones migratorias, comerciales y de remesas, sin compensación, generarán inestabilidad y depresión económica en un área declarada “quinta amenaza” a la seguridad de EE. UU. Trump, agobiado por la polarización de EE. UU., comparable a la década de 1960, deja en manos de la burocracia de Washington y de los comités de asuntos hemisféricos la tutela de la zona con cooperación a cuentagotas. Una Casa Blanca desentendida de estos asuntos obliga a las minorías interesadas a buscar involucramiento de grandes corporaciones del establishment para inversiones de largo plazo en la región, vis a vis el desmantelamiento del sistema patrimonialista.

1.-   Las prioridades de esa legislación, expresadas como condicionamientos, son: seguridad fronteriza y control migratorio; combate a la corrupción, juicios a funcionarios presuntamente responsables; transparencia y fortalecimiento institucional (independencia judicial, MP, PNC en vez de Ejército en seguridad ciudadana); justicia transicional (enjuiciamiento militares); cooperación con CICIG; políticas de reducción de la pobreza; consultas comunitarias para proyectos inversión y cumplimiento del Cafta.

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