Martes 21 DE Mayo DE 2019
Domingo

¿El fin de la globalización?

Paul Boteo
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 20-11-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

La globalización siempre ha tenido sus detractores. La idea del libre tránsito de bienes, capitales y personas, no ha sido del agrado de quienes lo ven como una amenaza para las industrias o los trabajadores locales. Tampoco es del agrado de quienes lo ven como una forma  de  imposición de la cultura occidental sobre los pueblos o culturas ancestrales.

No obstante, hasta el momento, el discurso político dominante ha sido que la globalización es un proceso irreversible y que lo mejor que pueden hacer los países es aprender a incorporarse a esa “aldea global”, debido a que los beneficios superan a los costos.  La irrupción del Internet, con las redes sociales, las compras en línea y la información al instante, ha reforzado la idea que la globalización es un proceso imparable.

Sin embargo, los resultados del brexit, el triunfo del discurso proteccionista y antiinmigrante de Donald Trump y el surgimiento de los movimientos nacionalistas en Europa, parecieran poner en duda los beneficios de la globalización. No sería la primera vez.

El mundo vivió un proceso de globalización a finales del siglo XIX y principios del siglo XX que fue interrumpido por las dos guerras mundiales y la Gran Depresión de los años treinta. Para 1910 Europa parecía un continente comercialmente integrado y se creía poco probable que volviera a experimentar una guerra significativa, después de cuarenta años de la llamada Paz Armada. Cuatro años después inicia la Primera Guerra Mundial.

Pensar que estamos ante un escenario similar, cuyo resultado final sería una tercera guerra mundial, sería bastante apocalíptico. Sin embargo, este periodo histórico nos demuestra que los procesos de globalización no son irreversibles. Aún con todas las instituciones multilaterales que se han creado para garantizar la integración financiera y comercial del mundo, la globalización podría afectarse, si el descontento de la población coloca en el poder a políticos con discursos antiglobalización.

El mundo desarrollado todavía no termina de recuperarse de la crisis económica de 2007-2009. En algunos países se mantienen niveles relativamente altos de desempleo, mientras que en otros las personas han tenido que optar por trabajos de medio tiempo o mal remunerados. Para el trabajador promedio, los salarios no han aumentado de forma significativa. A esto se le tiene que sumar los recortes en beneficios sociales para balancear las finanzas públicas en ciertos países.

Todo esto ha creado un fuerte descontento dentro de la población y  muchos políticos lo capitalizan con un discurso antiinmigración o en contra de la apertura comercial.  ¿Hasta dónde este discurso logrará prevalecer en la mayoría de países desarrollados? Es difícil establecerlo. Pero lo que sucede en el país más influyente, usualmente termina propagándose en gran parte del resto del mundo.

Lo que aumenta la probabilidad de una “guerra comercial” es que la política monetaria ha dejado de ser efectiva en la estimulación de las economías desarrolladas. Después de casi una década con tasas de interés muy bajas y de cuantiosos paquetes de estímulos monetarios, estas economías aún no retoman el ritmo de crecimiento previo a la crisis. Tampoco tienen mucho margen con la política fiscal, debido a que tienen altos niveles de deuda pública. Ante esta limitación, cerrar fronteras puede parecer una opción atractiva.

Lo más preocupante de un escenario en donde se pretenda entorpecer la globalización,  es que los países en desarrollo serían los más afectados.  En las últimas décadas, los flujos de capitales han ido de los países del norte a los países sur, permitiendo un proceso de alto crecimiento económico y reducción de la pobreza en varios países en desarrollo, incluyendo América Latina.

Si el mundo desarrollado no es capaz de realizar las reformas estructurales que necesita para ser más competitivo, lo más probable es que triunfe el discurso antiglobalización.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.