Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Fuerza de Tarea Mariscal Zavala

Manolo E. Vela Castañeda

manolo.vela@ibero.mx

Fecha de publicación: 13-11-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico manolo.vela@ibero.mx
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Recámaras dobles, equipadas con frigobar, ventilador, agua caliente, pantallas de plasma, reproductores de DVD, consolas de juego, gimnasio, televisión por cable, lap tops y celulares, visitas todos los días (de sábado a jueves de 7:30 a 22:00 horas), sin ningún tipo de registro, áreas privadas, al aire libre, para recibir visitas (en pérgolas y desayunadores), jardines, áreas de parqueo para las visitas; y, como no podía faltar: viernes de fiesta, con cervecitas, vinos y licores finos, Zacapitas, y de etiqueta negra para arriba, comidas especiales, “cochito”, ceviches, y prostitutas, que namás por eso a los señores el día viernes no se les puede llegar a visitar. ¡Ah, vida para que fuera eterna! Este no es ningún anuncio de un hotel de cinco estrellas, ni el promocional de un lujoso condominio residencial, no; así es como pasan sus días los presos que están en la cárcel que se halla en la Brigada Militar Mariscal Zavala.

Pero esa prisión es en realidad tres conjuntos: el de las mujeres, el de los hombres, liderada por Otto Pérez Molina; y otro sector, también de hombres, liderado por Juan de Dios Rodríguez. En este último se combina la clásica cuadra militar, con literas; y, como la cantidad de reos subió tanto, se habilitó otra área, donde cada quien se ha apropiado de un espacio en el área verde, donde instaló su carpa. Claro, cuando uno piensa en carpas, piensa en prisiones de máxima seguridad; qué va. Como en la vida, todo se estratifica, hay carpas de lujo, con piso cerámico, y otras, no tanto. Aquí hay menos frigobares y casi todos tienen una hielera, que a diario llegan a surtirles hielo, ventiladores, una iglesia evangélica, un restaurante, a cargo de la esposa de el Califa, Omar Franco, el ex de la SAT.

Desde tempranas horas, en los centros comerciales cercanos –particularmente en Santa Amelia– la bonanza se palpa: a esa hora se compran desayunos en las cadenas de restaurantes, café, pan, pasteles, helados, víveres, lo que sea, que a esa cárcel todo se puede entrar, sin registro, sin nada.

Cada mañana, desde las 7:00, una larga fila de carros de lujo espera para poder entrar a la prisión. Sí, entran en carro. En la puerta, un par de soldados hacen como que registran; allí, un simple “vengo de visita” basta para pasar y buscar parqueo. Ya después, si el destino del visitante es el área donde se halla Otto Pérez y diecinueve reos más, agentes del Sistema Penitenciario le pedirán su DPI, cuyos datos serán copiados en un libro de actas. Y allí le colocarán un sello en el brazo. Al expresidente Pérez es al único al que le preguntan si quiere o no recibir al visitante. Pero nadie registra el nombre del preso al que el visitante llegó a ver.

¿Quiénes son los visitantes del Mariscal Zavala? Familiares y amigos, abogados, y operadores políticos, ahijados, a pedir instrucciones. Valentín Gramajo, y Luis José Fernández Chenal, de Otto Pérez Molina; Alejandra Carrillo, la diputada del MR, el Movimiento Reformador, ese bloque parlamentario por el que nadie votó y que, pasadas las elecciones, Sinibaldi aglutinó; Alianza Ciudadana, de los hermanos Rabbé, Luis, el expresidente del Congreso, y el general, Alfredo, allí detenido; Felipe Alejos, de Todos. Por la prisión del Mariscal Zavala se pasean presidentes de las cámaras empresariales, alcaldes, banqueros, diputados, militares en activo.

De la cárcel para afuera todo corre a cargo del Sistema Penitenciario. Lo que pase adentro es responsabilidad de los reos, o con mayor precisión de Gustavo Alejos, quien actúa como una especie de gerente general de la prisión, y secretario privado de Otto Pérez; Eduardo González, el e gerente de Bancafé, que las hace de vocero; y, Otto Pérez, que allá también se hizo el gran jefe. El gerente general, Alejos, que lleva la agenda de Pérez Molina, cuenta con archiveros; y, como no podía ser de otra forma, todos los días, recibe a su secretaria, y a su mensajero (con moto), que sale a hacer los mandados, las compras, lo que se ofrezca. El jardinero, los cocineros y las estilistas hacen parte del pequeño grupo de servidores a su disposición. Especialmente en el área de las mujeres no es extraño encontrarse con cultoras de belleza, peinando, haciendo cortes, tintes y uno que otro tratamiento facial. La escasez de agua es solo un recuerdo: ahora hay diez tinacos gigantes, y si el agua de la Brigada no alcanza, están las pipas, al llamado, que la plata aquí es lo de menos. Los guardias del Sistema Penitenciario se pelean para que los asignen a la Brigada, porque la plata fluye en cantidades desproporcionadas (Q900 por entrar una etiqueta negra y Q30 por cerveza). Fernando Peña, el ex de Banrural, aporta recursos para aceitar y mantener a raya al Sistema Penitenciario.

La cárcel es una mezcla de políticos caídos en desgracia, capos del narcotráfico, exmilitares, exfuncionarios, empresarios, financistas de campaña y exbanqueros, y el pequeño ejército de abogados de unos y de otros: capacidades multidisciplinarias y recursos ilimitados. Dios los hace y el diablo los junta; o, mejor dicho: saber quién los hizo y el Sistema Penitenciario los juntó. Y todos suspiran, añoran los dorados tiempos de cuando hacían sus negocios, antes de la CICIG de Iván Velásquez.

Y esta alianza mafiosa –un verdadero riesgo para la seguridad democrática de Guatemala– ha salido victoriosa de sus dos primeras batallas: la elección de la presidencia de la Corte Suprema de Justicia y la elección de la presidencia del Congreso. Además de esas dos poderosas piezas institucionales, esta red ilícita tiene a su disposición los canales de la televisión abierta y la Radio Sonora. Y con el presidente Jimmy Morales han articulado una alianza a través de los militares que lideran FCN en el Congreso, y que tienen derecho de picaporte. Y las próximas batallas a la vista están allí: los antejuicios –todavía pendientes– contra varios diputados; y, las reformas constitucionales. Según el presidente Jimmy Morales, “un día me meto al Congreso y ya tengo el control total”; vida pa’ que fuera eterna, que alguien le explique a dónde está llevando al país.

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