Domingo 17 DE Febrero DE 2019
Domingo

Lo público, lo privado, lo estatal: el Estado democrático

Edelberto Torres-Rivas

Fecha de publicación: 06-11-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Hay una variedad de acepciones que definen tareas públicas o privadas en relación con la fortaleza o debilidad del Estado moderno; esas diferencias son vías de entrada alternativa para explorar la calidad de la democracia. Estos son algunos desafíos profundos que deben resolverse como problemas del Estado moderno y democrático. El Estado aumenta de tamaño y de poder, pero es el sector privado el que lo hace desproporcionadamente.

La diferencia más frecuente en el pasado se produjo entre lo público como opuesto a lo privado, confundiendo a veces lo estatal con lo público. El Estado Moderno adquiere una fuerte capacidad de control sobre lo privado, o dicho de otra manera, una capacidad de penetración de las autoridades estatales sobre la sociedad civil. La contradicción viene de lejos. El Estado tradicional tendió a ser dueño de todo y juzgaba la pérdida de lo estatal como una prueba de debilidad.

¿En Guatemala lo estatal creció en el siglo XIX con la extensa expropiación de la propiedad de la Iglesia? La nacionalización de las grandes haciendas religiosas a manos del Estado aparentemente aumentó su poder, el dominio ideológico y sus efectos. En esa época empezó la multiplicación de las haciendas cafetaleras y la conversión en propiedad privada. La propiedad rural se convirtió en la principal fuente de poder. En la construcción del Estado fue el ámbito público el que, bajo la dinámica económica, entregó millares de bienes, y se fue fortaleciendo con los bienes privados. Las grandes empresas industriales, comerciales, de servicios y otros rubros han formado en el mercado capitalista un poderoso instrumento privado donde el Estado participa como un agente económico decisivo, o como un poder promotor.

El “tamaño” estatal va creciendo sin que necesariamente convierta al Estado de manera paralela en la mayor fuente de poder. La sociedad civil pero sobre todo la riqueza privada del espacio público también actúa como compromiso con la diferenciación de clases que opera fuertemente en el mercado. Y, apareciendo en el patrimonio de los bienes públicos versus privados, las grandes concentraciones de capital. Las políticas neoliberales han ampliado el ámbito de lo particular causando una reconocida debilidad al cuerpo estatal.

Por ejemplo, la educación privada, la empresa de seguridad, los grandes consorcios de la salud y decenas de servicios que fueron siempre públicos, se convierten en negocios privados que le ganan al Estado y se convierten en poderosos objetos privados que operan en el mundo público; se convierten en derechos privados y parecen ser en consecuencia bienes irrenunciables. La competencia la va ganando la naturaleza privada de esos servicios que al adquirir esa condición mantiene un papel público pero ya no estatal. La educación fue pública por su origen y su naturaleza, como el cuidado de la salud popular, la seguridad de la vida y los bienes privados. La realidad nos sitúa en un escenario marcado por fuertes disparidades que se manifiestan en una oferta dual: la que un Estado pobre brinda a sectores modestos y la que el mercado ofrece a los que pueden pagar mayores recursos. He aquí el
circulo vicioso entre un Estado pobre y una sociedad cada vez más desigual frente al Estado democrático.

Aquí aparece una realidad contradictoria; en sociedades desiguales y pobres, hay una injusta apropiación de los bienes, hay unos que son caros y dispendiosos y unos cuantos, gratuitos. La democracia tiene que ver con estas diferencias que la debilitan o la fortalecen; un Estado que carece de un presupuesto adecuado para mantener los derechos ciudadanos deja en manos de la mayoría pobre los peores servicios. Guatemala es una muestra de educación o salud pública insuficiente frente a lo privado. Se ve que el Estado no agota lo público, pues muchas actividades de propiedad privada, una cadena de farmacias u hospitales, no son estatales. Pero resulta aún más visible por injusto la venta de seguridad, la enorme tecnología que da seguridad a las personas, a las familias, a las empresas. Esta es una obligación del Estado, que autoriza por pocos recursos para que lo haga la empresa particular. Hoy día, la seguridad privada gana en ventaja: están mejor aseguradas las familias ricas.

Con la contracción del Estado ocasionada por la privatización de las empresas productivas y de servicio, se redujo el patrimonio público común; el cobro de impuestos es la causa primera. Es esta dimensión conflictual del Estado rico, fiscalmente solvente, con uno pobre con una población desigual, aparece un sector público que carece de presupuesto para aplicar políticas sociales. Así no puede asegurar una democracia fuerte. Ya se dijo que la democracia es cara, pero la dictadura tampoco es barata y nunca podrá ser una alternativa.

Hay una variante mínima de lo público y lo privado, es la distinción entre presupuesto público y el patrimonio particular, entre la “oficina” y el “hogar” cuya privacidad se defiende fieramente. Hay una variante máxima, que le llaman la “colonización” del Estado, cuando no hay distinción sino confusión profunda de lo público, lo privado y lo estatal.

El fenómeno de confusión más agudo ocurre cuando el Estado pierde su independencia relativa, la autonomía política que debe gozar para dirigir los intereses públicos de la nación. Se dice que la independencia estatal debe ser por lo menos relativa, que los bienes públicos son los que se deben atender en función de los ciudadanos de la nación, como representación del todo. Casi todos los países tienen sus mercados colonizados. Guatemala es un ejemplo maléfico de la penetración del capital privado extranjero en la economía pública del país. De los varios ejemplos que hay, mencionemos de nuevo a la United Fruit Company, el poderoso monopolio norteamericano, productor de frutas; la empresa situó recursos financieros, materiales e iniciativa empresarial en el mercado de banano y otros productos: primero fue empresa compradora de la fruta en la región y luego vendedora de la mercancía en el mercado norteamericano. Con enorme capacidad expansiva pronto fue propietaria del transporte marítimo, muelles, ferrocarriles, etcétera. Y pari passu, fue acumulando un enorme poder político, dando la certeza de dirigir al Estado en aspectos decisivos. Saltó del mundo de lo público a lo estatal imponiendo a la política comercial exterior su propia dirección; en América Latina el capital privado extranjero se incrusta en todo el ámbito nacional y se convierte rápidamente en factor político del Estado, en una doble expropiación, de los recursos públicos y de la política nacional.

El sector público es el espacio donde el gran capital privado invierte a su gusto, previa autorización del Estado del país. Hay un buen espacio para el análisis, lo que ocurre entre la sociedad civil y el Estado, que es lo estatal; pero también hay otra relación que no se produce con el Estado, también de naturaleza pública. No todo lo público es estatal ni todo lo privado es opuesto al Estado. La dialéctica de estos factores ayuda a comprender la democracia.

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