Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Trump y la amenaza para los guatemaltecos en EE. UU.

Fecha de publicación: 16-10-16
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Carolina Gamazo   – Se calcula que un estimado de 3 millones de guatemaltecos viven en Estados Unidos. Más de un 60 por ciento en situación irregular. Aunque la mayor parte duda de que Donald Trump llegue a la Presidencia, o que pueda hacer cumplir sus promesas con respecto a la expulsión de los migrantes ilegales, el racismo y la xenofobia desenmascaradas tras la ascensión de Trump como candidato republicano mantiene atemorizada a la comunidad migrante. Guatemaltecos que viven en Los Ángeles hablan sobre los temores que despierta la posible llegada del magnate a la primera potencia del mundo.

“Ahora las elecciones nos están afectando. Han bajado los pedidos. Si gana Donald Trump va a venir la crisis”.

Se trata de José, un trailero residente en Albuquerque, Nuevo México, que recorre distancias de 4 mil millas semanales desde hace 30 años. Un exmilitar, originario del municipio de El Progreso, Jutiapa, menudo, con el pelo negro. José se fue a Estados Unidos en 1981, acogiéndose al asilo político. Desde entonces fueron pasando los años, y ya lleva 30 en ese país. Aunque ha tenido familia y está completamente establecido, confiesa que siempre sueña con volver y trabajar la tierra en Jutiapa.

José fue uno de los pocos que tuvo suerte, tras el asilo otorgado durante el conflicto armado, tuvo lugar una amnistía, más tarde un decreto y se cerró el grifo para que la mayor parte de migrantes ilegales pudiera regularizar su situación en Estados Unidos. Sin embargo, estos siguieron llegando, por decenas, cientos y miles, en condiciones cada vez más riesgosas. Según un reporte de Migration Policy Institute, los centroamericanos representan el 15 por ciento de los 11 millones de inmigrantes que residen sin autorización en Estados Unidos. El 15 por ciento de los que le magnate Donald Trump, actual candidato del Partido Republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, dijo que expulsaría del país en el caso de llegar a la Presidencia.

Trump contra todos

Hace ya más de un año, en sus primeras intervenciones, el entonces precandidato del Partido Republicano, Donald Trump, ofrecía que expulsaría a todos los migrantes ilegales. Después propuso construir un muro, otro muro, en la frontera con México. Estas ideas, en principio poco viables, principalmente desde el punto de vista económico –se calculó que expulsar a 11.3 millones de migrantes ilegales podría llegar a costar US$114 millardos–, han despertado sin embargo la bestia dormida del racismo.

En Estados Unidos viven 42.1 millones de migrantes, de un total estimado de 320 millones de personas. Sin embargo, y a pesar de la confluencia de culturas en la primera potencia del mundo, el discurso de la xenofobia, creado a través del enemigo interno, que ganó terreno tras la caída de las Torres Gemelas, sigue haciéndose popular tal como ha demostrado Donald Trump.

“Ellos nos traen drogas. Nos traen crimen. Y son violadores. Y algunos, asumo, son buenas personas”, dijo Trump sobre los mexicanos en junio de 2015. A pesar las connotaciones de cada una de estas palabras, un año más tarde, en mayo de 2016, el empresario que hizo fortuna a través del negocio inmobiliario ganó las elecciones primarias, sumó un total de 12 millones 789 mil 219 de votos, superando el apoyo de todos los anteriores candidatos republicanos, según el portal Real Clear Politics.

Los Ángeles, los más ricos y los más pobres

Los Ángeles, en California, es la ciudad con mayor número de migrantes guatemaltecos de Estados Unidos. El número exacto es difícil de estimar, teniendo en cuenta que una alta proporción llegó cruzando el desierto y no están dados de alta en ningún servicio. Roberto Archila Falla, cónsul de Guatemala en Los Ángeles, dijo que podrían ser 400 mil migrantes guatemaltecos viviendo en el condado de los Ángeles, “un 70 u 80 por ciento en situación irregular”, informó.

“En el sur de California, se calcula que vive un millón de guatemaltecos. La cancillería de Guatemala en Estados Unidos calcula que hay 2.2 millones viviendo en el país. Esos son los datos aproximados. Estadísticas exactas no existen. El cálculo se basa en servicios que se ha prestado a un guatemalteco en los últimos cinco años”, añade el cónsul. Extraoficialmente se calcula que hay unos tres millones de
guatemaltecos.

En esta ciudad, que alberga el más puro lujo de Beverly Hills y la pobreza más absoluta de las inmediaciones del Mercado de las Flores, en el downtown de la ciudad, se marca la división entre los ciudadanos parte del sistema y los excluidos. En esta parte empiezan las casas bajas, los homeless viviendo en la calles. En las tiendas de estas calles –de flores, de alfombras, de utensilios para teléfonos móviles, de telas– los rasgos de los empleados comienzan a hacerse familiares.

En tienda de alfombras persas Tim & Rug, en la calle Wall, trabaja Eduardo Tambriz. Llegó Estados Unidos con 13 años desde Xela, su lengua materna era el mam y lo acompañaba un hermano. En estos 12 años no ha podido regularizar su situación, no siguió estudiando y simplemente se ha pasado trabajando de un sitio a otro. No tiene mucho que decir de Donald Trump. “Es difícil, para los que tienen familia, para los que cualquier cosa que pase es un gran riesgo. Para mí son puros cuentos”, explica.

“Que no llegue ese señor porque nos va a sacar a todos. Todos hablan pestes de él. Es un viejo déspota grosero que no tiene sentido común. Él tiene que estar agradecido porque nosotros trabajamos mucho para este país. Ellos no trabajan tanto”, cuenta, más expresiva, Jessica Boror, mientras despacha varias docenas de rosas rojas a una pareja que acaba de llegar al Mercado de Flores. Tiene los ojos claros y el cuerpo robusto. Cruzó el desierto hace seis años, después de que pandilleros asesinaran a su esposo.

Desde entonces vive sola en Los Ángeles, ganando menos del salario mínimo y trabajando en un horario de cuatro de la mañana a cuatro de la tarde “Esto no es vida”. Jessica no recomienda a ninguno de sus familiares que se traslade a Estados Unidos, no quiere que nadie pase el infierno que pasó ella en el desierto.

Boror es una de las centroamericanas a las que expulsó la violencia actual. “El número de personas que huye de la violencia en Centroamérica ha aumentado a niveles que no se conocían desde que la región fue azotada por los conflictos armados en los años ochenta”, indicaba un comunicado emitido este año la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR). Estas personas, que están llegando a Estados Unidos huyendo de las pandillas o el narcotráfico, serían las más vulnerables en el caso de que Trump llegara al poder.

El racismo, la bestia dormida

Sin embargo, las consecuencias de la llegada al poder del candidato republicano van más allá. La mayor preocupación para los guatemaltecos en situación regular, es el incremento de la xenofobia que subyace de esta candidatura.

Edna Sandoval Bustamante llegó a estados Unidos hace tres años desde Guatemala. Escapaba de la violencia común y sexual a la que se ven expuestas las mujeres. Estuvo un año viviendo en San Francisco de forma irregular y después obtuvo la Green Card. Ahora estudia y es activista por los derechos de la comunidad latina. “Lo que veo con más temor es que un líder político exponga abiertamente la xenofobia, sexismo, misoginia y racismo étnico y racial, pero más que eso, lo valide institucionalmente. Donald Trump ha abordado su candidatura a través de populismo y se ha instalado en la tradición de supremacía blanca que existe en mucha de la población en Estados Unidos”, explica esta joven.

“Lo que él (Trump) dice es lo que piensa mucha gente. Mucha gente nos sonríe pero por dentro no nos aceptan”, explica Julio Villaseñor, presidente de la Coordinadora de Organizaciones Guatemaltecas de Los Ángeles (COGLA). Villaseñor, también exmilitar, llegó a Estados Unidos en 1982, también acogiéndose al asilo. Lleva 15 años dirigiendo SOS migrantes, donde apoyan a recién llegados y ayudar a conseguir los permisos de residencia.

“Estoy inscrito al Partido Republicano. Las bases del partido son buenas. Pero Trump va a ser una maldición para Estados Unidos, y sobre todo para nosotros. Lo mueve el dinero y el ansia de poder. A mí no me gusta Hillary, pero no tengo de otra. Siendo un republicano voy a votar por un demócrata”, explica, poco antes de llegar al segundo nivel del edificio de migración, donde cada miércoles se realiza una reunión entre migrantes de todos los puntos del mundo y funcionarios de migración.

Otro de los guatemaltecos presentes en esta reunión es Alfredo Colindres, abogado y notario, quien llegó desde Guatemala hace 30 años después de que asesinaran a su padre. Este guatemalteco, originario de Nueva Santa Rosa, explica que “hay bastantes latinos que apoyan a Donald Trump”. “Bastante gente que en cuanto le dan la documentación se vuelve egocéntrica. Tengo amigos que han salido beneficiados a través de amnistías y ahora no están a favor de nuevos beneficios”, cuenta.

Colindres ofrece atender al día siguiente en su bufete de abogados. Este se encuentra en el área poblada por centroamericanos, en las cercanías del parque MacArthur. En su oficina, está el también abogado guatemalteco Alfredo Muñoz, quien militaba en un sindicato y logró también el asilo político para marcharse en 1982 a Estados Unidos.

Muñoz explica, en primer lugar, que expulsar a todos los migrantes no es una facultad del presidente. Deberían primero aprobar una Ley, por mayoría, en el Congreso y el Senado. Aunque agrega, a continuación, que en la actualidad el Departamento de Estado faculta a los oficiales de migración a detener a una persona y pedirle sus papeles solo ateniéndose a sus rasgos físicos. En todo caso, ya no es como antes, ya no hay redadas como las que recuerda.

Una vez, cuenta el exsindicalista, la cantante mexicana Angélica María dio un concierto en el teatro Million Dollar de Los Ángeles, y nadie llegó por miedo a las redadas. “Entonces ella sacó una publicación en la prensa, pidiendo a los oficiales de migración que por favor retuvieran las redadas. Ahora ya no hay esas redadas. Aunque siguen capturando y deportando”.

Regularización a lo largo de la historia

El abogado recuerda que fue un republicano, Ronald Reagan, quien entregó la primera amnistía, a la que se podían acoger personas que hubieran llegado al país antes de 1986. Otro de los triunfos migratorios para facilitar la estancia a ilegales fue llamada ABC, una demanda de la American Baptist Church, que logró la regularización de migrantes que habían solicitado asilo pero no tenían papeles. De esta se desprendió en 2007 la Ley Nacara (Ley de Ajuste para Nicaragüenses y Alivio para Centroamérica) que se extendía para personas que habían pedido el asilo entre 1990 y 1991 y no fueron elegibles bajo la clase ABC.

Estas resoluciones no se volvieron a dar. En 1998, tras las devastadoras consecuencias del huracán Mitch, El Salvador, Honduras y Nicaragua lograron para sus ciudadanos el Estatus de Protección Temporal (TPS). En aquel momento, sin embargo, Álvaro Arzú, entonces presidente, dijo que los guatemaltecos no tenían que salir del país y no quiso solicitar este permiso. Desde entonces, ha habido varios intentos para que Guatemala logre el TPS, que de momento no ha conseguido ver la luz.

A la salida de la oficina, dando la vuelta por el parque MacArthur, se tiene la sensación de estar caminando por Centroamérica. La calle está repleta de puestos de venta informales. Hay un Pollo Campero, salvadoreñas vendiendo pupusas, peluquerías con dibujos de cortes de cabello y comedores con imágenes de mojarras y salpicón. En la sexta avenida según informan varios guatemaltecos entrevistados, están “los bajitos”, “los indígenas”, “vienen de Totonicapán”. Es también en este parque, como cuenta el medio salvadoreño El Faro, donde inició la Mara Salvatrucha que se trasladó después a Centroamérica, tras las deportaciones masivas desde el país norteamericano.

Cerca del parque, en la esquina de la calle Alvarado con la séptima, tres mujeres hablan entre ellas en un idioma maya. Son pequeñas, con el pelo negro hasta la cintura, pero no van vestidas con el traje maya. Al preguntarles por el idioma en el que hablan dicen que es k’iche’. Las tres provienen de una aldea de Mazatenango. No quieren identificarse. Se les pregunta qué piensan sobre Donald Trump. “No pensamos nada sobre eso, porque no tenemos papelería. Ahora no estamos concentradas en pensar en nada de eso”, dice una de ellas. “Vinimos hace diez años, por el desierto, caminando, todo lo pasamos. Todo lo que dice la gente del desierto. Todo lo que dicen es cierto”.

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