Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Domingo

El Nobel de la Paz, un espaldarazo en un momento crucial en Colombia

Pese al voto negativo al acuerdo de paz en el reciente plebiscito, el premio reconoce el trabajo hecho durante el proceso y anima a quienes luchan por la pacificación.

Fecha de publicación: 09-10-16
IMAGEN DE ARCHIVO DEL PASADO 26 DE SEPTIEMBRE, CUANDO SANTOS, IZQUIERDA Y TIMOCHENKO ESTRECHAN MANOS FRENTE AL MANDATARIO CUBANO RAÚL CASTRO, EN CARTAGENA, COLOMBIA.( RAMON ESPINOSA > AP)
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DPA –Después de la tempestad viene la calma, y eso parece ser lo que ocurre en Colombia tras la tormenta política por el rechazo del acuerdo de paz con las FARC. Ahora que el presidente Juan Manuel Santos es el nuevo premio Nobel de la Paz, revive la esperanza por el fuerte apoyo de la comunidad internacional.

Claro que la ilusión de acabar el conflicto armado en Colombia, de cinco décadas de duración, no solo se basa en el Nobel sino también en otros hechos acaecidos tras el revés del plebiscito del domingo pasado, en el cual –por una estrecha mayoría– los votantes rechazaron el acuerdo de paz.

El voto por el “No” a un acuerdo negociado en Cuba durante casi cuatro años fue impulsado por el partido de derecha radical Centro Democrático, que dirige el expresidente y ahora senador Álvaro Uribe, el principal jefe de la oposición y visto casi con veneración por un importante sector del país.

Ante la mayoría del voto negativo, que de momento deja en el limbo la implementación del pacto, Santos emprendió desde el lunes una maratónica ronda de contactos con todas las fuerzas políticas, en busca de un acuerdo nacional para salvar el proceso de paz.

En el marco de esa gestión ya tuvo un primer encuentro con Uribe, el primer acercamiento entre ambos en seis años de gobierno. Si bien el exmandatario dijo que su sector busca hacer cambios fundamentales al proceso de paz, sus palabras han sido interpretadas como conciliadoras porque insiste en que su grupo no quiere la continuación del conflicto sino que busca la paz.

Del lado de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) las posturas también han llevado a la tranquilidad, pues se muestran abiertas a escuchar los planteamientos de quienes votaron por el “No”.

Y es que en las últimas semanas se había despertado el temor de que ante un revés en el plebiscito el proceso de paz se rompiera por la imposibilidad de reabrir las negociaciones.

Poco después de que el país despertara el viernes con la noticia del segundo Nobel para un colombiano, después del de Literatura que Gabriel García Márquez ganó en 1982, el Gobierno y las FARC emitieron en La Habana un comunicado conjunto que hizo respirar con tranquilidad a quienes presagiaban el regreso de la confrontación.

Las partes anunciaron que escucharán a quienes votaron por el “No” para “entender sus preocupaciones”, y que las propuestas de ajustes y precisiones se discutirán después por parte del Gobierno y las FARC “para dar garantías a todos”.

Además, reiteraron la vigencia del alto al fuego bilateral que empezó en agosto, y pidieron a las Naciones Unidas que sigan su vinculación con el proceso de paz mediante tareas de monitoreo, verificación y resolución de diferencias en cumplimiento de un protocolo sobre el alto al fuego.

En un acto público que siguió a su intervención en radio y televisión para agradecer el Premio Nobel de la Paz, Santos mostró un semblante muy diferente al del apesadumbrado presidente que anunciaba el domingo en la noche un desesperado intento de diálogo con la oposición para salvar el proceso de paz.

Esta vez se mostró completamente seguro de que el acuerdo se paz se implementará, y que inclusive puede ser mejorado con las recomendaciones que formule la derecha radical en la ronda de conversaciones.

 

 

“Tengan la seguridad de que eso va a ser así”, dijo Santos sin titubeos al prever que el acuerdo de paz terminará siendo implementado y que las FARC no volverán a disparar sus armas.

Ahora, Santos tiene un aliado en Rodrigo Londoño, el líder de las FARC conocido como Timochenko, quien era considerado por la prensa como posible Premio Nobel de la Paz junto al Presidente.

Sin mostrarse incómodo porque la distinción fuera solo para Santos, el líder guerrillero felicitó al Presidente y aseguró que lo que le interesa es un premio de la paz, pero con justicia social.

A pesar del revés en el plebiscito, Timochenko ha reiterado que la única arma que su grupo levantará en el futuro es la de la palabra, porque las de fuego deben quedar en el pasado.

Los colombianos esperan que esa promesa se cumpla con el respaldo de la comunidad internacional al proceso de paz, y por medio del diálogo iniciado por el Gobierno con la oposición.

¿Es acertada la decisión de dar el Nobel (solo) a Santos?

Cuando la presidenta del Comité que entrega el Nobel de la Paz pronunció el viernes el nombre del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, muchos esperaban escuchar también el del líder máximo de la guerrilla de las FARC, Rodrigo Londoño.

Ambos figuraban como favoritos para recibir el prestigioso galardón, aunque las expectativas de que así fuera disminuyeron después del triunfo del “No” en el referendo sobre el acuerdo celebrado el domingo en Colombia.

Finalmente, el Comité Noruego del Nobel sorprendió en dos sentidos. Por un lado con su decisión de reconocer un proceso de paz amenazado tras ese revés en las urnas, y por otro al dejar fuera del premio el nombre de Londoño, alias Timochenko.

Para Sverre Lodgaard, del Instituto Noruego de Asuntos Internacionales, fue una sorpresa que no se incluyera al líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). “Se necesitan dos partes para alcanzar un acuerdo”, dijo en declaraciones a la cadena NRK, aunque señaló el pasado violento de la guerrilla.

Rogelio Núñez Castellanos, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELAT) de la Universidad de Alcalá (Madrid), se mostró de acuerdo con la decisión del Comité Nobel en ese sentido.”No estamos hablando de un (premio como el concedido a Nelson) Mandela y (Frederik) De Klerk, donde se le dio a las dos partes, porque este último llevó a cabo una transición hacia la democracia en Sudáfrica”, apuntó Núñez Castellanos.

En opinión de este doctor en Historia de América Latina contemporánea, “aquí hablamos de unas FARC que se han visto obligadas (al acuerdo), porque si bien no estaban derrotadas totalmente habían dejado de ser lo que fueron en los noventa, un elemento capaz de conducir a Colombia hacia un estado fallido”.

El sociólogo argentino Juan Gabriel Tokatlian, doctor en ciencias internacionales e investigador de la Universidad Di Tella, señaló a dpa que “el conflicto armado ha sido y es un conflicto interno; no un conflicto internacional”. “Si en los casos de Estados Unidos-Vietnam e Israel-Palestina se entregó en su momento premios Nobel compartidos, fue por la naturaleza del conflicto”, consideró.

“El Comité está homenajeando el trabajo que se ha hecho y alentando el futuro trabajo que todavía es necesario”, coincidió Dan Smith, director del reputado Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). “Es importante animar a quienes luchan por la paz”, señaló.

También a Núñez Castellanos le parece bien la concesión del galardón pese al resultado del referendo. “Más allá de que en el plebiscito ha salido que No, no ha salido No a la paz sino a un determinado acuerdo de paz. Tanto los que votaron No como los , creen en la paz”, señaló, aunque no cree que la concesión de este premio vaya a ser un elemento decisivo.

“El partido se está jugando en casa, en Colombia, y se ganará o se perderá por lo que hagan o dejen de hacer los colombianos. Lo fundamental es lo que ocurra en Colombia”, señaló.

Tokatlian subrayó que “el Nobel otorgado a Santos es quizás la última forma que tiene la comunidad internacional para decirle a Colombia que tiene que seguir adelante en el proceso de paz, no hay otro camino”.

“El dilema es que parte de la sociedad, así sea reducida, no quiere escuchar ni entender eso. La reapertura de lo ya pactado será la defunción de lo acordado; sin embargo, sí es posible concebir un addendum en el que se precisen mejor algunas dudas y se esclarezcan algunos vacíos”, estimó el analista político argentino, quien vivió durante 18 años en Colombia.

Para Juan Marchena, doctor en Historia de América Latina y profesor en la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, no es Santos quien merece el Nobel, porque él simplemente “está cumpliendo con su deber de dirigir a un país hacia la paz”.

Es “el pueblo colombiano”, especialmente “las víctimas”, quienes más lo merecen, subrayó. “Me parece que todas las víctimas de Colombia se lo merecen porque nadie ha peleado por la paz como ellos con un sentido más que loable de entender el proceso y con una extraordinaria generosidad”.

Por su parte, la analista política Gimena Sánchez, del instituto Washington Office on Latin America (WOLA), que promueve los derechos humanos, opinó que Santos merece el premio. “Él tomó la decision de entrar en el proceso de la paz, una decisión que no es muy popular en su entorno social y político. Él puso todo su peso político en este proceso y asumió muchos riesgos”.

Para Sánchez, “el premio Nobel para Santos hace quedar mal a los adversarios de los acuerdos. Va a ejercer mucha presión sobre ellos”.

 

Santos, el hombre que “pensó lo impensable”

DPA –Pensando lo impensable como principal premisa, Juan Manuel Santos no solo alcanzó su más anhelado sueño desde niño, ser presidente de Colombia, sino que además logró una negociación con las FARC que podría dar fin al conflicto armado interno que el país vive desde hace más de 50 años.

“Pensar lo impensable fue lo que le dije a los de inteligencia (cuando era Ministro de Defensa) y de allí salió la operación Jaque (que permitió la liberación de la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, tres estadounidenses y 11 policías y militares en 2008)”, recordó Santos durante una entrevista.

Santos nació el 10 de agosto de 1951 en el seno de una familia de clase alta de la capital bogotana. Sus padres, Enrique Santos, editor del diario El Tiempo, el principal del país, y Clemencia Calderón, estuvieron desde siempre ligados a la política y los medios de comunicación.

Creció en una casa del barrio Rosales en el norte de Bogotá, “en la calle 70 con carrera quinta que tenía tres habitaciones, dormíamos dos y dos en cada habitación y mis padres en la otra”. Sus hermanos Enrique, Luis Fernando y Felipe crecieron bajo el estímulo intelectual de su padre.

“Mi hermano Luis Fernando tenía un cañoncito que disparaba fósforos y mi papá dijo que le daba 10 pesos (menos de tres centavos de dólar) al que inventara un cañón más poderoso, yo agarré una cantidad de pólvora y gasolina y el supuesto cañón explotó y me quemó”, cuenta Santos.

Aunque estuvo por más de tres meses entre la vida y la muerte por las heridas que le produjo el incidente, siendo apenas un niño, no dejó de luchar por su vida para volver a jugar “canicas” (esferas de cristal), su mayor divertimento, y ser el Presidente de Colombia.

Es un hombre disciplinado, metódico y muy organizado, así lo describe su esposa María Clemencia Rodríguez, con quien tiene tres hijos: Martín, María Antonia y Esteban. “Uno se hace matar por los hijos y siempre quiere que sean mejor que uno, y que tengan un país mejor al que uno tuvo”, afirma el mandatario.

Su abuelo paterno, el periodista Enrique Santos, quien era hermano del expresidente Eduardo Santos (1938-1942), aconsejaba a sus nietos durante los domingos familiares tomando Ajiaco (sopa tradicional bogotana). “Arrepiéntase de lo que hizo pero no llegue a mi edad arrepentido de lo que dejó de hacer”, le repetía el abuelo en las tardes de tertulia que tanto atesoraba Santos, quien ha insistido en que la familia es lo más importante en la vida.

Cuando decidió ir a prestar servicio militar a la Armada Nacional, su padre, profundo admirador de las Fuerzas Armadas, se llenó de orgullo y lo apoyó.

Posteriormente, Santos estudió Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Kansas, Estados Unidos, y obtuvo un Máster en Administración Pública de la Universidad de Harvard. Siempre con un objetivo claro, casi como una obsesión, desde el periodismo siendo subdirector de El Tiempo y la política, Santos buscó la paz para Colombia.

“Cuando uno tiene principios y valores, se le facilita encontrar un puerto de destino, uno se pone unas metas y mi vocación por servirle al país nació del entorno familiar”, insiste.

Su actividad pública empezó en los años setenta, representó a Colombia en la Organización Internacional del Café, y posteriormente fue Ministro de Comercio, de Hacienda y de Defensa.

Santos ganó las elecciones de 2010 principalmente por el respaldo que le dio su antecesor, Álvaro Uribe, y cuatro años después fue reelegido bajo el mandato de firmar la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

El acuerdo de paz finalmente fue firmado, tras casi cuatro años de diálogos, el 26 de septiembre por Santos y el máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño, pero su implementación quedó en duda tras el plebiscito del domingo pasado, en el cual los colombianos rechazaron sorpresivamente el pacto.

 


“El Comité está homenajeando el trabajo que se ha hecho y alentado el futuro trabajo que todavía es necesario. Es importante animar a quienes luchan por la paz”.

Dan Smith, director del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).

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