Sábado 14 DE Diciembre DE 2019
Domingo

La franqueza proscrita

César A. García E.

Fecha de publicación: 02-10-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

Me asombra y entristece, la forma en que la hipocresía ganó ventaja, para colocarse, muy por encima de la franqueza y la verdad. El mundo se vistió de falsedad, adoptó la ambivalencia como forma “aceptable” de vida, y además como “la norma a seguir”. Dejó de ser importante –para esta nueva cosmovisión impregnada de materialismo y ventajismo– que las cosas sean buenas o malas, positivas o negativas, blancas o negras. Los antónimos que procuraban vigencia a los viejos y valiosos valores, dentro de los que muchos, tuvimos la dicha de ser educados… han dejado de usarse. Hoy nada –que realmente merezca estos epítetos– es bueno ni malo, nada puede tildarse de incorrecto o correcto, y la escusa ideal, para resolver este despropósito, es “nadie es capaz de juzgar, por lo tanto hay que respetar todos los pareceres”.

Para citar un ejemplo de decadencia: Mientras esta vorágine de desvalorización nos envuelve y hay miles de muertes inocentes por doquier –así como mil millones de seres humanos muriendo de hambre– los titulares de la mitad de los medios del mundo, destacan –como lo más importante– la calificada como “ofensa oprobiosa e imperdonable” perpetrada por Trump, llamando Miss Piggy, a Alicia Machado, cuando ella ganó libras, y ese yerro –según “sesudos” analistas noticiosos–, le hace ganar el “debate” a Hillary Clinton, pese a que –es obvio– de debate no hubo nada y el mediocre show se trató de demagogia e intriga mutua y barata… lo cual nadie dice, porque no es políticamente correcto, resultando lo “adecuado”, acabar a Trump, en beneficio de Clinton… siendo los dos la misma cosa y siendo la agenda –antiinmigrante– exactamente la misma, con distintos discursos y estilos… uno más franco que el otro, prefiriéndose –desde luego– desde la perspectiva del análisis relativista, el más hipócrita de ambos. ¡Por favor hasta dónde hemos llegado!, cuando en nuestro país es noticia lo que no debiera ser… mientras la salvajada de mantener a la mitad de nuestros niños en un proceso de “descerebración”, es una verdad ignorada y oculta, bajo la vieja alfombra de la hipocresía criolla.

Mayúsculo problema, se ganó la humanidad, al ganar –la partida– las ideas relativistas que han procreado decadencia, indiferencia por las desgracias ajenas y nuevas generaciones, sin marcos sólidos, de referencia moral. Los padres –por ejemplo– dejaron de ser importantes para sus hijos y la relación se reduce –mayoritariamente hablando– a lo económico, y a la hoy vista como “gorda obligación” por sostener, el mayor tiempo posible, cuales parásitos, a millones de “ninis” (adultos jóvenes que ni trabajan, ni estudian), mientras sus padres se consumen en la desesperanza y están condenados a mantener, vitaliciamente, las exigencias consumistas y absurdas de malos hijos. La honra a los padres está casi en desuso y lo “moderno” es denigrarlos, porque tienen dificultades para manejar las irracionales y fútiles redes sociales, o para manejar un “aparatejo” de “última generación”. Quizá el término, “última generación”, tendría mejor uso, para describir, a la última generación de seres humanos con pensamiento crítico y capacidad de generar ideas creativas. Aquella generación que “vamos de salida”, para heredar un mundo inhumano y maltrecho, a las generaciones de la tecnología plena y la alienación absoluta, responsables de llevarlo al caos, aunque –como en todas las épocas– habrá héroes anónimos o visibles que lucharán y trabajarán, en beneficio de los “anticuados” valores y buenos hábitos, como: Hablar con la verdad, ver a los ojos y no a un aparato, decir lo que se piensa, defender puntos de vista, señalar las cosas por su nombre y –por supuesto– llamar a lo que es bueno, bueno… y viceversa.

¿Es la franqueza un defecto o una virtud? Sea franco en contestarse esta interrogante, y se dará cuenta que muchas veces no quiere escuchar la verdad; se percatará de lo “pesada” que le resulta la gente franca, de los “inadaptados” que lucen, cuando lo “propio”, hoy día, es lo políticamente correcto que –indefectiblemente– se acompaña de la lisonja, el abrazo hipócrita y la ambivalencia. Tristemente así es; la franqueza –cada vez más– llega a generar escozor y quienes decimos lo que pensamos, somos “raros” o “especiales” que es la terminología hipócrita, para definir hoy, a quienes realmente se les califica –de labios para adentro o a sus espaldas– de auténticos hijos de #$%*°!, ¿Cuál es la razón de tanto desprecio a la franqueza? Simplemente decir lo que la gente no quiere escuchar, aunque sea cierto y aunque para el oyente, signifique distinguir errores que de continuarlos cometiendo le llevarán a la desgracia y de enmendar cambiarían su futuro, para bien.

En todos lados vemos el culto a la hipocresía y el desprecio por la franqueza. No obstante, no por ser poco valorada o incomprendida, la franqueza perderá su valor real; no porque los padres sean ninguneados dejan de ser fundamentales; no porque la verdad no se quiera escuchar, deja de ser verdad. La virtud será virtud siempre, invalorable y digna de ejemplo, mientras que la falsedad, dejará de ser o pasará de moda, porque los resultados de quienes la ejercen, la anhelan, cultivan o aman… serán inexorablemente destructivos. ¡Piénselo!