Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Domingo

¿Qué le espera a Guatemala con las elecciones en Estados Unidos?

Francisco Villagrán de León*

Fecha de publicación: 18-09-16
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Las elecciones en Estados Unidos se darán en medio de una gran incertidumbre y falta de confianza del electorado en el sistema político y en los partidos tradicionales que han dominado la vida política de ese país por casi 200 años. No es la única democracia donde está ocurriendo eso: en Europa, en las democracias emergentes de América Latina y en algunos países asiáticos está pasando algo similar. Hay mucha insatisfacción y hay un rechazo a los sistemas políticos y los líderes contemporáneos.

Pero las elecciones en la mayor potencia económica y militar pueden tener consecuencias en el resto del mundo. Estas que se llevarán a cabo en noviembre podrían tener un impacto muy fuerte (dependiendo de quién las gane) en la economía, la política y la seguridad global, y podrían incluso generar tensiones, inestabilidad en el sistema internacional que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial, o exacerbar conflictos en distintas regiones. El resultado de esta elección podría afectar negativamente el equilibrio político sobre el que se sostiene la convivencia mundial, que depende en cierta medida de los acuerdos sobre armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia. El comercio internacional también podría verse afectado, así como los grandes acuerdos en materia de cambio climático y desarrollo sostenible.

¿Qué implicaciones podrían tener en Guatemala, un país cercano y muy expuesto a la influencia de la política estadounidense? Dada la enorme asimetría que existe en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, las de Guatemala en particular son complejas y han sido difíciles de sobrellevar, sobre todo por el peso que tiene la historia de los últimos 100 años. Periodos de interferencia en asuntos internos o de intervencionismo encubierto se han alternado con periodos de relativa normalidad, y aún estos han sido marcados por una influencia en los gobiernos de turno. Cuando se ha reducido o se ha resistido esa influencia el costo ha sido muy alto y ha dado lugar a intervenciones (1954) o al aislamiento (1976 – 1985). Se entiende que la influencia per se no se considera en el derecho internacional como un acto de injerencia en los asuntos internos, y de hecho es una práctica común en las relaciones internacionales. Lo inadmisible es que esa influencia se convierta en amenaza o en uso de la fuerza.

Durante la Guerra Fría Guatemala fue objeto de interés y preocupación en Washington, y lo que se consideró como la amenaza del comunismo dio lugar a la intervención del  54 y después a una proclividad a apoyar gobiernos militares. La política de derechos humanos del Presidente Carter marcó un cambio en la posición de los Estados Unidos frente a la represión y los abusos de los gobiernos militares, y en 1978 se impuso un embargo a la asistencia militar a Guatemala, que se incluyó en la legislación sobre ayuda externa y que continúa vigente (recuerdo que el No. 2 del Departamento de Estado –el Deputy Secretary– en el periodo de George W. Bush me dijo en una oportunidad que cambiar esa ley iba a ser muy difícil y que el Ejecutivo no lo promovería). La preocupación por el respeto a los derechos humanos constituye uno de los postulados de la política exterior estadounidense, y se seguirá observando por el presidente que resulte electo en noviembre (salvo en caso de guerra, e incluso allí hay normas de derecho humanitario que debe respetar Estados Unidos).

Dentro de este marco de referencia cabe analizar cuáles serían las implicaciones para Guatemala si ganara Donald Trump o Hillary Clinton.

Una presidencia de Trump tendría repercusiones adversas e inmediatas en la política migratoria y habría un aumento significativo de las deportaciones de guatemaltecos indocumentados. La expulsión de inmigrantes indocumentados ha sido un tema central en la campaña de Trump, quien refleja el sentimiento xenofóbico y racista de ciertos sectores del electorado estadounidense. Si se ejecutara esta política de deportaciones se produciría el primer conflicto con Estados Unidos, no solo de Guatemala sino de otros países latinoamericanos que tienen un gran número de emigrantes viviendo en Estados Unidos en situación irregular. Trump ha dicho también que obligará a los países de origen a recibirlos, lo que representa una amenaza. ¿Qué sucedería si estos países piden un proceso ordenado, en el que se respete la dignidad de las personas que serían expulsadas? El impacto social y económico de tener que recibir cientos de miles de connacionales sería inmediato y difícil de manejar, y tendría además incidencia en el ámbito de la seguridad ciudadana. ¿Continuaría el apoyo para la Alianza para la Prosperidad? La incertidumbre, el temor y la conmoción serían de tal magnitud que cuesta pensar en un abordaje racional. Y todo surge de la promesa más importante de la campaña electoral de Trump.

Ese es tan solo uno de los problemas que se le presentarían a Guatemala con un presidente Trump. Otra promesa de su campaña es la de revisar y renegociar los acuerdos comerciales, comenzando con NAFTA (el tratado de libre comercio con México y Canadá). Trump anuncia un viraje de la política comercial de los Estados Unidos y promete obligar a las empresas estadounidenses que han invertido en otros países a regresar a generar empleos en los estados que se han visto afectados por el cierre de las mismas. ¿Cómo lo va a lograr? ¿Podrá el gobernante de un país poderoso detener y revertir la globalización? ¿Hasta dónde llegará la política de reabrir las negociaciones de los acuerdos comerciales? Son muchas las interrogantes, es difícil medir los riesgos y más difícil aún prepararse para escenarios adversos.

La personalidad de Trump despierta mayores preocupaciones. Es un hombre impulsivo, impetuoso e impredecible. En las relaciones entre países eso puede conducir a las guerras. Trump ha expresado admiración por Putin, Erdogan y otros autócratas, pero no ha dicho una palabra sobre los líderes de países democráticos, así sean conservadores. También ha dicho que Estados Unidos podría usar sus armas nucleares. ¿Qué le espera al mundo si él llegara a ser electo?

Hillary Clinton, por otra parte, representa la continuidad en la política exterior de los Estados Unidos. Se sabe qué esperar y cómo posicionarse y defenderse. Como Secretaria de Estado conoce bien el mundo y los límites del poder americano. No llegaría con la expectativa de cambiar las relaciones internacionales ni las reglas del juego en lo político y en lo comercial (aunque tendrá que endurecer la posición de Estados Unidos en las negociaciones comerciales, particularmente del Acuerdo Transpacífico).

En relación a Guatemala no todo sería fácil. Aunque no haya deportaciones masivas y se mantenga el criterio de no separar familias, la política migratoria de Estados Unidos no cambiaría sino hasta que se logre un acuerdo con el Congreso sobre una reforma migratoria integral (algo muy incierto dadas las profundas diferencias entre demócratas y republicanos). Ese sería el gran reto para su gobierno, sobre todo si el voto hispano resulta ser decisivo.

El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana continuaría vigente, pero persistirían diferencias de interpretación, dificultades de acceso al mercado americano, así como una atención mayor en el cumplimiento de los capítulos laboral y ambiental del Tratado. Esto significa que se mantendría la presión para fortalecer el régimen de protección laboral, restableciendo la facultad de los inspectores de trabajo de imponer multas.

Hillary Clinton, de ser electa, mantendría el apoyo a la CICIG e insistiría en la reforma del sector justicia. Ella conoce Guatemala, sus fortalezas y sus debilidades, y podría dar un apoyo vital para combatir la corrupción y fortalecer la democracia y la institucionalidad en el país.

 

*Investigador y profesor visitante en la Universidad George Washington, ex embajador en Estados Unidos, la ONU, la OEA, Alemania, Noruega, Canadá.

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