Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Pese a los insultos orquestados… reitero lo dicho

César A. García E.

Fecha de publicación: 11-09-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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En más de mil quinientas columnas publicadas, en distintos medios de comunicación, especialmente, aquí, en el que considero “mi periódico” –todas ad honorem– nunca ha privado otra motivación que no sea decir lo que pienso, en base a mis valores y pareceres, lo cual –a veces– ha causado salpullido a algunos de los lectores que pareciera disfrutan del masoquismo, pues –detestándome– me leen recurrentemente, cuando lo más sencillo sería omitir la lectura de mis escritos… ahora hay algunos –todos con seudónimos– que instan a elPeriódico, a no permitirme escribir, lo cual haría gustoso, siempre que me dé la gana, o que la opción se cierre, lo cual dudo ocurra, en un medio que ha defendido –como ningún otro– la libertad de expresión, derecho constitucional que nos asiste y es uno de los pocos no vulnerados… al menos no abiertamente. En todo caso, siendo mis columnas genuinas –por honestas, al no privar manipulación alguna de mi criterio, ni dobles intenciones– algún valor tendrán, y a mí
–que es lo que me importa– me hacen sentirme bien con mi conciencia y me permiten enseñar a mis hijos, la coherencia fundamental de decir lo que se piensa, sin buscar en ello, popularidad, ni aplauso… aunque, como dijo Martin Luther King, “basta decir lo que se piensa para tener enemigos”; no obstante, creo que mientras más ataques resulten de lo que uno expresa, puede significar una señal inequívoca de que se está en lo cierto; ya lo escribía en 1808 el poeta Johann von Goethe, “Ladran con fuerza… quisieran los perros del potrero, por siempre acompañarnos, pero sus estridentes ladridos, sólo son señal de que cabalgamos”.

Casi nunca, leo en detalle los comentarios hechos en el blog de elPeriódico, a partir de mis columnas dominicales, pero la semana pasada –a propósito de mi columna “La ministra Idavárica”– fueron tantos los insultos –no reflexiones ni llamadas de atención, ni criterios antagónicos que serían muy respetables, sino auténticos ¡insultos!– que varios amigos me aseguraron, sería un call center “gubernamental”, el encargado de intentar “acobardarme” para que no hable más, en contra de la ineficiencia obvia del Ministerio de Salud, donde abundan las plazas fantasmas y los sindicatos corruptos que desvían los recursos del erario público, dignos de mejores causas, como, por ejemplo –reitero– ¡Salvar de la desnutrición crónica a un millón de niños menores de cinco años que pierden su cerebro en este sangriento e indiferente país! En efecto, “Pedro Tecun”, “Mariano Gálvez”, “José Cecilio del Valle”, “Genaro Umul Umul”, “Lorenzo”, “Juliomar”, “Rod Álvarez”, “Otto pero no Pérez”, entre otros, son algunos de los seudónimos de la misma o varias personas, que –como lo hacen los cobardes– se ocultan, para no mostrar el rostro y poder insultar a sus anchas, a quienes no piensan como ellos. En común, la mayoría de los “comentarios”, ostentan odio, y recurren a la descalificación y la infamia, sin percatarse de que su mezquindad queda de manifiesto, porque cualquier disenso de opinión es válido, una vez el esgrimir la calumnia y el insulto, no sea la herramienta usada, ante la falta de argumento. “Sho”, “Lameculos”, “Ignorante”, “Racista”, “Farsante”, “Cacifero”, “Tonto”, “Hijo de Papi”, fueron los epítetos con los que estos ocultos, me describieron; ninguno me acomoda, pues mi vida y trayectoria –dando siempre la cara, como lo hacen los verdaderos hombres– indican exactamente lo contrario. De esa suerte no me ofendieron, pero señalo el hecho, porque es delicadísimo lo que está pasando, desde las tinieblas, en contra de la libertad de expresión.

Pero los pusilánimes, se expresan así… sin dar la cara; desde la sombra, desde la oscuridad, desde el hedor que comparten y donde se solazan, blandiendo ideologías sórdidas, como las esgrimidas por ignorantes –que usaron el poder para sí– como Maduro, Ortega y el finado Chávez. Es el odio, el discurso de lucha de clases, la intolerancia, la repulsión por el talento y el pensamiento crítico, lo que ha llevado a Latinoamérica al marasmo y resulta ser que los más ominosos dictadores contemporáneos, han –infaltablemente– empuñado el discurso social demagógico, han profesado ser “socialistas” y han usado la alienación del pueblo a su favor… todos ellos han terminado siendo multimillonarios y déspotas. Por cierto, esta gentuza, es la misma que busca acallar a los pensantes y eliminar el derecho a la libre expresión ¡Pobres diablos!, pero –ojo– imagínelos en el poder pleno… porque parcialmente ya lo ostentan.

Le reitero a la ministra, a los sindicalistas corruptos, a los “beneficiados” con plazas fantasmas de ese ministerio… que es hora de cambiar. El modelo de desastre, basado en la demagogia inclusiva, acompañada de inacción… no ayudará a nadie. El fomento de las supersticiones y la obstinación, por no educar a nuestra sufrida gente… la seguirá condenando a la desgracia. Les reitero que lo toral y urgente, es salvar cerebros de nuestros infantes. Siete de cada diez niños indígenas son desnutridos crónicos y –del total de la población– uno de cada dos niños menores de cinco años padece tal condición. Ante esta desgracia –que nos ubica detrás de Haití y solamente por encima de Yemen y Afganistán– no hay tiempo para el discurso lastimero, la lisonja o la argucia… solo hay lugar, para el trabajo honesto, urgente y valiente. Los resultados del ministerio de Salud, no cambiarán insultando a columnistas, y solamente será válido medirlos, en términos de desarrollo humano; intentar otra métrica, para hablar de avances, es llanamente criminal. Los niños son el futuro del país, pero –en el caso de Guatemala– constituyen también, un presente que nos viste de ignominia ¡Piénselo!

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