Domingo 19 DE Mayo DE 2019
Domingo

Ninguna región del mundo es de mayor importancia para la seguridad y la prosperidad de EE. UU. que este hemisferio

Por Joe Biden

Fecha de publicación: 11-09-16

La corrupción es un cáncer que se come el cuerpo político, rasga el tejido de cualquier sociedad donde prolifera, promueve la desigualdad y desvía miles de millones de dólares del gobierno, que de otro modo podrían ayudar a alimentar a los niños, construir escuelas, mejorar la infraestructura y aumentar significativamente las capacidades de seguridad.

La corrupción promueve e incita los abusos contra los derechos humanos, fomenta la delincuencia organizada y siembra la inestabilidad en el país donde prevalece y en la región.

Estos problemas se retroalimentan unos de otros y Estados Unidos, entre otros, está tratando de ayudar a nuestros socios a tomar las medidas difíciles, pero necesarias, para detener el ciclo de corrupción donde sea que esta exista.

Con el Banco Interamericano de Desarrollo y otros socios, apoyamos los esfuerzos para mejorar el ambiente de negocios –más transparencia, agilizar trámites de aduana y mejorar la recaudación de impuestos. Los representantes del Departamento de Justicia están ayudando a las autoridades locales con las investigaciones para combatir el crimen organizado. Enviamos asesores de seguridad para ayudar a entrenar a las fuerzas de Policía Civil, para que respeten los derechos humanos y ayuden a los fiscales para que las personas puedan tener confianza en el Estado de Derecho. Donde no hay impunidad.

Se está generando un impulso en toda la región. Y hemos visto a los ciudadanos, que antes estaban en las sombras, convertirse en activistas. Hemos visto a los valientes fiscales y jueces persiguiendo a los funcionarios corruptos y comenzando a demostrarle a la gente de la región que nadie está por encima de la ley.

En Guatemala, por ejemplo, la Fiscal General, trabajando con la Comisión Internacional Contra la Impunidad de la ONU (CICIG), ha desmantelado redes criminales, ha procesado a oficiales militares e incluso acusó de corrupción al ex Presidente y a la ex Vicepresidenta. Cuando estábamos haciendo –lo que ellos denominan una versión del Plan Colombia– el Presidente en funciones no quería mantener la CICIG. Nosotros lo pusimos como condición. O mantiene la institución internacional que ayudó a derribar un sistema corrupto o no obtiene ayuda –comenzó a caer un sistema corrupto.

Insistimos en que el mandato de la Comisión se renovará, con la finalidad de construir una mayor confianza en las instituciones de Guatemala y continuar su buen trabajo.

Y cuando Guatemala procedió a la elección de Jimmy Morales, un excomediante que prometió limpiar el gobierno, viajé al país para asistir a la toma de mando. (…)

He asistido a un montón de tomas de posesión, y el presidente Morales hizo algo increíble. Cuando tomó el juramento, él le pidió al público presente y a todos los ciudadanos que estaban mirando desde sus casas que se pusieran de pie y colocaran su mano derecha sobre el corazón, y que tomaran el juramento junto con él. Un juramento para luchar contra la corrupción y poner a Guatemala en primer lugar.

Algunos pensaban que era solo teatro, pero era más que teatro. Fue un quiebre histórico y significativo  con  el pasado, por parte de un Presidente en el día de su toma de posesión de mando. Fue un reconocimiento de que él no podía hacerlo solo, que cada uno tiene que aportar. Y fue una señal poderosa de que la región está empezando a cambiar.

(…)

Y esto me lleva al tercer punto. Durante demasiado tiempo, América Central ha quedado marginada en la historia del ascenso de América Latina. América Central es el eje que une nuestra región –norte y sur–. Pero también es el nexo de muchos de los desafíos regionales más grandes y persistentes –la falta de seguridad energética, la corrupción, la pobreza aplastante, la violencia endémica, los sistemas educativos inadecuados y el crimen transnacional–.

Vimos claramente el costo humano de estos desafíos hace exactamente dos años, cuando miles de menores no acompañados procedentes de Centroamérica llegaron hasta nuestra frontera sur. Solo hay una razón por la que alguna vez un padre enviaría a su hijo a un viaje precario, largo y peligroso, en manos de un coyote o en la parte trasera de un vagón de ferrocarril: y esa razón es la desesperación. (…)

Es por eso que nuestro gobierno adoptó un enfoque de dos vías –ofreciendo un alivio para los que están en peligro inmediato, a la vez que se instituyó una serie de esfuerzos a largo plazo para hacer frente a las causas de la migración. Hemos hecho que sea más fácil para las personas vulnerables en América Central ser considerados para los programas de reasentamiento, permaneciendo en la región, en lugar de emprender el peligroso viaje hacia el norte. Si califican, pueden llegar de forma segura. Si no cumplen los requisitos, en primer lugar ellos nunca deberían haber hecho el viaje. Es muy peligroso.

(…)

Sin embargo, nuestro objetivo final es que la gente de América Central pueda construir un futuro de esperanza y prosperidad en sus propios países, para que nunca tengan que tomar esa decisión. Ellos nunca deberían tener que elegir entre los peligros de quedarse en su país y los peligros de intentar emigrar hacia el norte.

Es por eso que hemos construido una estrategia global con nuestros socios en los países del Triángulo Norte –Guatemala, Honduras y El Salvador– la Alianza para la Prosperidad, para ayudarlos a abordar la dinámica que durante demasiado tiempo los ha mantenido retrasados.

(…)

Y basados en una serie de compromisos firmes, absolutamente alineados con fechas específicas y con la gran ayuda del Banco Interamericano de Desarrollo, hemos sido capaces de convencer al Congreso de  Estados Unidos a comprometerse con otros US$750 millones, por sobre los casi US$400 millones que ya fueron gastados.

Pero quiero ser absolutamente claro: se trata de un acuerdo negociado entre nuestros países para ayudar a eliminar la corrupción, garantizar la transparencia, la reforma de sus gobiernos para que puedan crecer sus economías y mejorar la seguridad en virtud de la aplicación igualitaria de la ley. Son los criterios que deben existir antes de que el enorme potencial de esta región pueda ser aprovechado.

(…)

En el frente de seguridad, algunas de las iniciativas que hemos instaurado ya están generando beneficios a la población de la región. Por ejemplo, en Guatemala y Honduras – Guatemala y El Salvador, con el fin de proporcionar una seguridad genuina para todos los ciudadanos, y ahora están haciendo frente a los departamentos de Policía corruptos procediendo a la investigación de antecedentes – asumiéndolo e investigando a la totalidad– eso es lo que hicimos en Colombia por cierto, –procediendo a la investigación de antecedentes de unidades enteras, instituyendo programas de vigilancia comunitaria en los barrios que nunca vieron un policía. Lugares que nunca tuvieron ningún tipo de seguridad proporcionada por el gobierno. Esto genera un mayor sentido de comunidad y un mayor sentido de compromiso con su propio país. E infundiendo más confianza en la honestidad y la imparcialidad de las organizaciones policiales. Es un largo camino por recorrer, pero es la primera vez en mis 35 años que veo algo de todo al menos comenzando.

Vamos a ayudar a erradicar las redes criminales transnacionales que impulsan el tráfico de drogas, la trata de personas y los delitos financieros. Ya tenemos un programa significativo por un valor de decenas de millones de dólares. Pero estamos redoblando nuestra apuesta en esto.(…) Todo el mundo, incluyendo nosotros, Estados Unidos, tenemos que luchar por un futuro mejor para esta región.

 

(Fragmentos del discurso del vicepresidente estadounidense Joe Biden en la XX. Conferencia Anual de CAF)