Domingo 16 DE Junio DE 2019
Domingo

#27A Un año después de la marea urbana

El sábado recién pasado se cumplió un año de que más de cien mil personas tomaran las calles de la ciudad para presionar por la renuncia del entonces presidente Otto Pérez Molina. Tres organizaciones reflexionan sobre lo que sucedió aquella vez, de sus proyectos y de los cambios en el país.

Fecha de publicación: 28-08-16
Por: Pavel Gerardo Vega pvega@elperiodico.com.gt

Atrincherado en el antiguo Palacio de la Policía, que ahora alberga las oficinas del Ministerio de Gobernación, Otto Pérez Molina observó preocupado lo que nunca pensó que sería el final de su gobierno. El militar retirado jamás imaginó que los capitalinos indignados le solicitarían que se retirara del poder, por los señalamientos que hacía el Ministerio Público sobre la responsabilidad del Presidente como el cabecilla de una estructura criminal que se dedicada a recibir sobornos de empresarios importadores, en beneficio de disminuir impuestos en las aduanas.

Esos capitalinos, que en la segunda vuelta de los comicios electorales de 2007 tomaron a Otto Pérez como su candidato predilecto y lograron que el departamento de Guatemala fuera el único en el que el abanderado del Partido Patriota ganara con millas de diferencia respecto a Álvaro Colom.

Esos capitalinos que se identificaron de nuevo con el proyecto patriota en 2011 para terminar con la corrupción, contra la inseguridad, contra la desnutrición y contra la pobreza. Esos capitalinos ahora se enfrentaban contra los mismos flagelos que su candidato no logró resolver. Era el derrumbe de un Presidente quien –meses después– se develaría a través de investigaciones criminales que habría tratado de apoderarse del Estado, de cooptarlo hasta la raíz para beneficiarse él y a los suyos.

Era entonces un jueves decisivo, la Asamblea Popular y Nacional había llamado a un paro nacional, la Universidad de San Carlos acuerpaba la decisión, los colectivos sociales fomentaron la participación, los medios de comunicación se atrevieron a la difusión.

El 27 de agosto de 2015 pasará a la historia como el jueves que cambió al país. La definición de un paro productivo se modificó al establecer ese día una dinámica diferente. No era un llamado desde la cúpula del sector privado, del poder económico, era un llamado desde la base de la sociedad al que la elite debió seguir al verse presionada por las exigencias ciudadanas.

La marea inundó las calles de la ciudad, y aunque el tsunami legal se generaría en 2016, esta manifestación fue la primera oleada que afectaría la moral de Pérez Molina. Así lo cuenta una exfuncionaria que estuvo cerca del expresidente en los últimos días. Su expresión era de derrota, ya había meditado una semana atrás sobre la inminencia de su renuncia, pero fue ese masivo rechazo lo que le obligó a buscar apoyo legal y presentarse el siguiente  jueves, el 3 de septiembre, a la Torre de Tribunales, empujado por una orden de captura girada el 1 de septiembre, cuando el Congreso de la República le retiró la inmunidad con 132 votos, una votación unánime.

Los orígenes de la Plaza

Cuando el 16 de abril del año pasado el MP descubrió a La Línea y a Juan Carlos Monzón –el secretario privado de Roxana Baldetti, como el líder de la estructura delictiva– la indignación de la población estalló luego de dos meses de que ‘elPeriódico’ publicara una investigación sobre el fraude que la ex Vicepresidenta había fraguado para contratar a una empresa que supuestamente se dedicaría a limpiar el lago de Amatitlán, y se demostró que el líquido que se utilizaría no era más que agua con otros componentes y que la contratación estaba rodeada de anomalías.

Ese día, también jueves, la investigación del Ministerio Público hizo prender las alertas de que no solo había que indignarse, había que tomar acciones. Fue entonces cuando un grupo de seis personas llamadas por una amiga en común no dudaron en generar un movimiento que llamara a los guatemaltecos a salir a las calles. Se creó un evento en la red social Facebook en el que se establecía el 25 de abril como la fecha para llegar a la Plaza de la Constitución, en el centro de la capital de Guatemala, para gritar la indignación frente al Palacio Nacional.

 

Durante la manifestación se contabilizó un promedio de 100 mil personas que ingresaron a la Plaza Central para exigir la renuncia del expresidente Otto Pérez Molina.

 

Así nació el colectivo RenunciaYa, que luego cambió su nombre a JusticiaYa, cuenta Álvaro Montenegro, uno de los tres integrantes que aún se conservan dentro del movimiento, que ahora se plantea como una plataforma de articulación entre distintos colectivos y propuestas que busca generar una incidencia en las acciones públicas, así como una alternativa de presión en temas de justicia, anticorrupción e inclusión.

Ese 16 de abril, no solo nacía una nueva ola de indignación que formaría una nueva organización. También el colectivo Somos, una organización generada desde las perspectivas de jóvenes profesionales, abrió ese día la puerta para que nuevos miembros se integraran.

Cuenta Xavier Soria, integrante de Somos, que el movimiento surgió a mediados de 2014 entre excompañeros de estudio. “La idea general era muy sencilla. No había un partido limpio, progresista, democrático, entonces, hagamos uno”, relata Soria. Luego profundizaron en que un partido no debía ser un objetivo inmediato, sino primero se debía formar un movimiento social que peleara por articular distintas demandas sociales.

En paralelo a Somos, un grupo de profesionales con más experiencia en asuntos políticos, académicos y sociales estaba pensando en una nueva forma de hacer política. El escritor e investigador social Edelberto Torres-Rivas reunió a un equipo de personas, que tuvieran como objetivo común la transformación urgente del país, quienes comenzaron a sesionar sobre la vida política de Guatemala a mediados de 2014, con la idea de formar un frente que analizara las decisiones del gobierno. Una especie de gabinete alternativo, resume Anabella Giracca, integrante de esa agrupación que tomó el nombre de Movimiento Semilla.

Estas tres organizaciones plantean que las movilizaciones fueron un eje fundamental que definió su postura y aceleró la configuración de sus redes sociales, no virtuales, sino humanas.

“Semilla no muere con la Plaza, sino se fortalece. Aprovecha para entender la profundidad de Guatemala, para tener propuestas claras de solución de país. Nos formamos en un movimiento para demostrar que sí es posible una nueva forma de hacer política, que sea plural, no paternalista ni discriminadora o racista. Que hable con, y no de, y que hable desde, no para”, apunta Giracca.

En cuanto a las oportunidades que las movilizaciones generaron, en estos colectivos existe un consenso en que hay más logros que los inmediatos del año pasado como la renuncia de Otto Pérez, la caída de intención de votos para Manuel Baldizón y la profundización que los ciudadanos hacen de la información que reciben.

“La politización de la ciudadanía fue un avance importante”, considera Montenegro, en el sentido de que la gente ya no consume la información de la misma forma y por tanto toma decisiones con más fundamento, con más criticidad.

Son modificaciones sustanciales que se traducen en fortalecimiento de la ciudadanía. Y en ese sentido, Anabella Giracca destaca que el reforzamiento de las instituciones fue fundamental. “La gente tiene ahora más confianza en el Ministerio Público, en la Superintendencia de Administración Tributaria y en el Organismo Judicial”, refiere.

Además, resalta el tejido social que se formó en los jóvenes, no por su participación en las manifestaciones, sino por la articulación y la organización que fomentaron durante ellas.

El representante de JusticiaYa apunta que las movilizaciones fueron un factor que desequilibró el sistema y que rompieron las dinámicas de relaciones entre grupos contrarios o que se han manejado como contrarios durante décadas. Por ejemplo, indicó, la conexión entre las universidades privadas y la Universidad de San Carlos.

Carmen Lucía Cordón, también integrante de Somos, explica que las movilizaciones generaron oportunidades: “Éramos una especie de autómatas, cualquier noticia no generaba ninguna acción porque nada tendría resultado, entonces ni siquiera se trataba. Entiendo que hay cuestiones estructurales que no se han movido, pero también entiendo que hay grietas que generan acciones en contra de la inmovilidad en la que estábamos”.

En tanto, Javier Montenegro, del mismo colectivo, afirma que hubo una influencia en los funcionarios y figuras públicas. “Esa clase política que se movía cómodamente, ahora sabe que tiene que consultar a la ciudadanía y sabe que está siendo vigilada”, añade.

Un desafío que se plantea desde las tres organizaciones es la interrelación entre lo rural y lo urbano. Aunque las movilizaciones del año pasado reunieron a toda clase de grupos contra la corrupción, lo cierto es que la ciudad no se ha sumado a las demandas del área rural.

“El esfuerzo por articular entre lo rural y lo urbano se logró de alguna manera, sin embargo, en la caminata del agua, que es una demanda universal, de vida y de territorio, esa articulación fue muy pobre. Tenemos que entender que hay demandas plurales más allá de la corrupción”, comenta Giracca.

El futuro político

Como sucedió en España con el movimiento Indignados –que se transformó en el partido Podemos, que se constituyó en las últimas elecciones como tercera fuerza política en aquel país– las movilizaciones ciudadanas de 2015 fueron la incubadora de estas organizaciones en Guatemala, que pretenden ser una alternativa en los próximos años.

Somos plantea que después de un año de serenidad, sin manifestaciones, el grupo ha sabido evolucionar. En este momento están en un periodo de transformación para entenderse y entender la realidad del país. Soria indica que uno de los objetivos a mediano plazo es formar una agenda propia y ya no solo reaccionar a los que otros hacen o reaccionar a lo que algunas instituciones dejan de hacer.

Hasta el momento, Somos se encamina a formar un partido político que sea alternativa a las otras posiciones electorales tradicionales que existen en este momento. Aunque el análisis hasta ahora no plantea participar en las elecciones de 2019 –sino en las siguientes– pues aseguran sus integrantes que prefieren enfocarse en la formación de sus miembros y de su organización, antes de precipitarse a participar activamente.

En tanto, JusticiaYa se define como un colectivo que fomenta la articulación de propuestas y que trata de incidir en la formación de una nueva clase política a través de la información. Es por esto que Montenegro explica que en el primer semestre de este año se realizó una escuela ciudadana, en donde se enfocaron en formar a gente en temas de historia del país y dinámicas políticas.

Aunque Semilla también se enfoca en la misma idea que JusticiaYa, sus miembros están analizando convertirse en un partido político que se presente en las próximas elecciones como una alternativa, al igual que Somos, frente a los partidos actuales.

Ha pasado un año desde aquel jueves en que la ciudad retumbó contra un Presidente, pero también ha pasado un año desde que las ideas retumbaron en las mentes de personas que quieren actuar para reconfigurar las dinámicas sociales y políticas del país.

Es la Plaza que se transformó. Ya no es un dónde, sino un quién.



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