Lunes 20 DE Mayo DE 2019
Domingo

La crisis del sistema de partidos

Por Phillip Chicola
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 21-08-16

Durante la última década, ha existido un consenso entre los estudiosos de la ciencia política que el sistema de partidos guatemaltecos reúne una serie de características propias. En primer lugar, el sistema puede catalogarse como un multipartidismo fragmentado, concepto que hace referencia al elevado número de agrupaciones, aunado a la incapacidad de esas agrupaciones de gestar alianzas o coaliciones entre partidos con esquemas programáticos similares.

Una segunda característica hace referencia a la volatilidad del sistema, la cual permite explicar dos fenómenos. Por un lado, la incapacidad de los partidos de ganar elecciones de forma consecutiva, o por lo menos, de alcanzar resultados significativos en dos o más eventos electorales. También, hace referencia a un sistema de partidos cuyas agrupaciones tienen una vida promedio de 16 años, y cuyo recambio institucional es excesivamente alto.

La tercera característica permite explicar la debilidad territorial de las agrupaciones políticas. Tal y como lo conceptualizaran los colegas Hugo Novales y Jonatán Lemus, los partidos en Guatemala operan cual franquicia comercial: en lugar de establecer organización formal y legítima en los diferentes municipios y departamentos, los partidos “encargan” su marca a un cacique local, a cambio de que este ejerza control absoluto de la organización en un territorio. Naturalmente, esta dinámica tiende a fortalecer el poder de esos liderazgos locales unipersonales, y debilidad de la construcción de organización institucional de los partidos.

Pero en los últimos 18 meses atestiguamos una aceleración en la crisis del sistema de partidos, producto de factores tan diversos como los casos judiciales que empujan el MP y la CICIG, las disputas de poder a lo interno de los partidos, la circulación generacional de liderazgos, la incapacidad de los partidos de definir su actuación en el marco de la dicotomía “vieja política vs. nueva política”, y el rechazo ciudadano a todo referente del antiguo régimen.

Los casos del MP y CICIG han contribuido a depurar el sistema. Veamos. Las dos agrupaciones políticas más relevantes de 2014 hoy están al borde del colapso: el Patriota ha implosionado a raíz de las acusaciones contra su dirigencia y la revelación de su rol como estructura para la cooptación del Estado; mientras que Líder se encuentra al borde de la cancelación, a raíz de su flagrante violación a la normativa de financiamiento en 2015, y los señalamientos judiciales contra diversos miembros de su agrupación. Los casos contra diputados y alcaldes, muchos de ellos caciques territoriales, como Arístides Crespo, Julio López Villatoro, Baudilio Hichos, Marcelino García Chutá o Arnoldo Medrano, también ponen en entredicho el modelo del partido franquicia: ya no resulta tan eficiente para una agrupación “delegar” en un cacique la administración de la marca, más si ese cacique puede ser involucrado en un caso judicial.

Además de lo anterior, en los tres partidos más relevantes de la actualidad se viven disputas internas. En la UNE, la disputa es por la renovación generacional de su liderazgo, en la que básicamente se busca desplazar a Sandra Torres como máxima figura de la agrupación y sustituirla por una nueva generación de dirigentes políticos. Vale recordar que experiencias anteriores en el PAN en 2000, el FRG en 2005, o la UNE en 2011, demuestran que la incapacidad de los partidos de generar circulaciones generacionales ordenadas, provoca fragmentaciones. Del conflicto interno del PAN, surgió el Unionismo y la GANA; del conflicto interno del FRG surgió la UCN; y del conflicto interno de la UNE en 2011, surgió TODOS.

Pero a su vez, atestiguamos también luchas de poder. En FCN-Nación, las disputas entre los dueños tradicionales del partido (Ovalle y Hernández) frente a los diputados recién incorporados (Galdámez, Sandoval y otros) amenazan la estabilidad interna en el corto plazo. Y en Todos, la disputa es más una cuestión de principios, de si expulsar o no a diputados tradicionales como Roberto Kestler o Christian Boussinot, señalados por la CICIG y el MP.

Y por si fuera poco, todos los partidos restantes se enfrentan a una disyuntiva mayor: ¿cómo responder a una ciudadanía que rechaza la vieja política y que demanda nuevas actuaciones de su dirigencia política? Por el momento, ninguna de las agrupaciones mencionadas ni los partidos restantes parecen encontrar la solución.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.