Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Hacia la conquista de una medalla de desarrollo

Lesly Véliz

Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 14-08-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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No soy de las que se entusiasma con los Juegos Olímpicos, pero confieso que me parece interesante el caudal de emociones y el sentido de patriotismo que estos generan. He observado a mi alrededor y en las redes sociales y no hay duda de que se encienden pasiones cuando un atleta alza en el podio su presea, o cuando otro llora en el suelo tras una lesión.

Veo en estas justas un reflejo de lo que somos como sociedad. Por ejemplo, la crítica ha sido implacable con México porque sus atletas, incluso los miembros de su campeona selección de fútbol, no dieron los resultados esperados. Ha sido inevitable para la opinión pública ponerlo en perspectiva con un reprobado gobierno de Enrique Peña Nieto, manchado por señalamientos de corrupción, falta de capacidad para responder ante los estallidos de
violencia y el narcotráfico.

El caso de Guatemala no es muy diferente. La historia de Río 2016 empezó con señalamientos hacia los dirigentes del Comité Olímpico Guatemalteco (COG) por compras personales con recursos del Estado y por recibir poco más del doble en viáticos de lo que dan a los deportistas. Por si fuera poco, estos últimos no recibirán completo el dinero de sus gastos, mientras los miembros del Comité Ejecutivo, sí. Y esto es solo una parte de un largo historial de rezago del deporte guatemalteco, sobre todo en disciplinas que nada tienen que ver con el fútbol.

Pero los seleccionados han brillado con luz propia y han dado lo mejor de sí en cada competencia. Además, se reconoció mundialmente la belleza de sus trajes oficiales y han demostrado su determinación y amor por su país.

Es esto lo que tradicionalmente pasa en nuestra sociedad. Al Estado, lejos de ser visto como un protector, se le ve como el mayor detractor. Mientras la mayoría de actores cumple con sus obligaciones, las autoridades lucen poco proactivas y, más bien, aprovechadas.

Más de alguna vez nos ha tocado pasar hasta dos horas en la cola del tránsito que ocasiona un bloqueo protagonizado por salubristas o maestros. Otros han tenido que salir más temprano de casa o tener que caminar varios kilómetros para llegar a sus centros de estudios o trabajo, porque los manifestantes se han atrincherado en lo que debería ser una vía de libre circulación. ¿Y la autoridad? Cruzada de brazos mientras los que hacen frente a la adversidad son los trabajadores, la gente que mantiene en movimiento la economía nacional.

Vamos ahora al tema de impuestos. Es cierto que hay quienes han encontrado la forma de evadir esta responsabilidad, pero también hay una gran mayoría que cumple, que paga sus impuestos y está comprometida con su país. Sin embargo, se enfrenta a la gran desmotivación de un Gobierno que, lejos de invertir en educación, salud, seguridad e infraestructura, llena los bolsillos de los burócratas y ha sido poco visionario para dirigir el destino de Guatemala.

Es por ello que cuando muestran un nuevo paquete tributario que solo se traduce en números, pero no en beneficios concretos, el rechazo no se hace esperar. El mensaje es claro: No sirve de nada echar más agua al cántaro, cuando este no ha sido remendado.

Ahora bien los atletas que nos representan en los Juegos Olímpicos nos dan una gran lección. Las acciones injustas y poco transparentes de la dirigencia no fueron razón para que ellos bajaran la guardia. Por amor a su tierra y por orgullo propio, han luchado con todo para alcanzar sus objetivos. Estos aguerridos guatemaltecos han demostrado que cada quien debe cumplir con lo que le corresponde y no justificarse en el mal proceder de otros.

Los temas que están marcando el paso de la coyuntura actual requieren de esta misma tenacidad. Hace falta convencernos de que ya no podemos jugar a las víctimas, sino asumir el rol de constructores de nuestro propio destino.

Es importante promover el diálogo y hacer ver al Ejecutivo y al Legislativo que temas como una nueva carga impositiva no puede girar solamente sobre los números; o que asuntos como los bloqueos no pasa por querer quedar bien con todos, sino por hacer valer el Estado de Derecho.

La conquista que Guatemala debe proponerse es alcanzar una institucionalidad sana y hacer que el Gobierno cumpla con su rol de administrador justo de las finanzas, de garante de los derechos de todos y de proveedor de servicios a la altura de una sociedad desarrollada. Esa es la medalla que como país debemos alzar, con la misma entrega de un atleta que busca la gloria, y no solo para sí mismo, sino para toda la sociedad.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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