Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Domingo

“Nuestra experiencia nos dice que lo que no funciona es el olvido”

“Guatemala es más fácil amarla, que comprenderla”, dice Matthias Sonn, jefe de la misión diplomática de Alemania, cuando habla de su experiencia de tres años de trabajo al frente de la embajada y en los que ocurrieron importantes cambios políticos y sociales en el país. El diplomático, quien hoy retorna a Alemania, brindó esta entrevista, la última a un medio de comunicación nacional, y volvió la vista a 2015 para recordar cómo la voz de la ciudadanía fue determinante en el proceso de fortalecimiento del Estado y del sector justicia que hoy ha comenzado.

Fecha de publicación: 24-07-16
Matthias Sonn, embajador de Alemania (foto: José Luis Pos) Por: Claudia Méndez Villaseñor cmendezv@elperiodico.com.gt
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¿Usted cree que los guatemaltecos comenzamos a caminar por un buen camino?

– Fue el pueblo de Guatemala el que lo determinó en particular durante 2015. Los ciudadanos evidenciaron dos situaciones que antes no habían visto con tanta claridad. La primera fue que la democracia electoral no brinda automáticamente prosperidad y desarrollo. Cuando hay mucha corrupción política, el funcionamiento del Estado es socavado y el Estado no trabaja para todas las personas.

La segunda fue que las personas se dieron cuenta que la corrupción y la impunidad no son un destino que no se puede cambiar. Sí se pueden combatir. Este despertar ciudadano y los cambios fundamentales que nos dejó ese año, se produjeron con un poco de ayuda internacional.

¿La comunidad internacional tiene esperanza de que ocurran cambios estructurales en el país?

– El trabajo todavía es duro, pero se ve con esperanza que los guatemaltecos tomen en sus manos su futuro y no tratan la política como algo externo, en lo que no pueden influir. Esto es alentador para uno personalmente. Uno se siente mucho mejor en un país que se pone en un buen camino. Este factor tiene también un revés, un lado más difícil. Es más duro dejar un país que comienza a andar por una buena senda que en uno donde tú, te dices: “ah, no vale la pena”. Esta es mi experiencia y entonces me siento privilegiado al haber pasado tres años históricos y positivos en Guatemala.

¿Cuándo trascendía todo lo que estaba pasando en el Gobierno y en el sistema de justicia, hubo algún momento en el que la cooperación internacional dijera: “Este país no vale la pena”?

– No. Definitivamente este momento nunca ocurrió. Al contrario había un nivel de expectativa bastante real. Fue un gran privilegio de la comunidad internacional (en la forma de la CICIG, en el apoyo político de parte de las embajadas y algunos embajadores) ver el nuevo inicio de los guatemaltecos.

¿Para usted la participación del ciudadano fue clave en este proceso de cambio que se ha generado?

– Los ciudadanos tiene el papel, el rol central en este proceso. Tomaron en sus propias manos el futuro de su país y con ayuda de otros lograron cambiar el juego político de Guatemala. Pero no es posible en ningún país del mundo rectificar todo en un momento, en un día, en un año. Por eso, para mí y desde mi perspectiva los cambios tienen un carácter fundamental. Ahora sucede como lo que pasa con la crema dental dentro del tubo, una vez fuera no se le puede regresar al interior.

Hay avances, hay pequeños retrocesos, solo se necesita leer elPeriódico cada día para saber que no todo es perfecto. Hay cosas que van mal, pero fundamentalmente sucede como con la pasta de dientes que ya no es posible devolverla al tubo.

 

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¿Usted cree que la clase política aprendió la lección y ha reconocido que no puede repetir los mismos errores, porque la ciudadanía está atenta y lista para observar, fiscalizar y denunciar sus actuaciones?

– Las personas se dan cuenta de que se puede fiscalizar el trabajo del Estado, que es posible con ayuda de medios de comunicación libres y otros actores. Pero, quien fue fundamental en los años pasados fue el sector judicial, con un Ministerio Público (MP) que atacó los casos más sensibles y de corrupción política.

El interés de los ciudadanos, el trabajo de los medios de comunicación, la fiscalización de parte de las instituciones judiciales y el apoyo de la comunidad internacional han conseguido que Guatemala cambie. Pero también se necesita energía, insistencia y paciencia.

Su país pasó por años difíciles y superó una serie de etapas que lo llevaron al lugar que hoy ocupa a nivel mundial. ¿Qué debe aprender Guatemala de la dura experiencia alemana?

– Ningún pueblo como el nuestro sabe sobre la dificultad de enfrentar un pasado que tiene horrores cometidos por alemanes en nombre de Alemania. Enfrentarlos fue muy difícil. Nuestra experiencia nos dice que lo que no funciona es el olvido. Lo que se necesita es memoria, verdad y justicia y esto es inevitable. Sino no hay paz verdadera ni duradera. Mi experiencia en Guatemala es alentadora porque es uno de los pocos países en el mundo, con un pasado difícil y que tiene una justicia que enfrenta algunos de esos horrores del pasado. La justicia de transición de Guatemala ha logrado pasos muy importantes. Hay que continuar en ese camino difícil como sea.

Puedo decir de la experiencia alemana, que sobre una montaña de osamentas olvidada, no se puede construir un futuro próspero.

¿Guatemala necesita reformas para fortalecer la justicia, allí avanza también en un buen camino?

– Sí y en términos prácticos, operativos, de cooperación, el país necesita diversas reformas que ya se impulsan en el Congreso. Se ha logrado este año, cambios a la ley Orgánica del Ministerio Público, avances en la ley Electoral y de Partidos Políticos y la ley Orgánica del Congreso mismo. Otras están en proceso, por ejemplo, la Carrera Judicial, el Servicio Civil y las Compras Públicas, en particular en el sector salud. Guatemala aparte de estas reformas legales va a necesitar inversión en el sector judicial. El Ministerio Público solo tiene presencia física en el diez por ciento del territorio nacional; el Organismo Judicial en muchos lugares del país no está presente, la Defensa Pública tampoco, el Inacif tampoco tiene presencia territorial. Con esto podemos apoyar con recursos externos, se trata de una inversión en un ámbito donde hay progreso.

¿El Gobierno de Alemania estaría dispuesto a invertir en este campo?

– Absolutamente, hace dos semanas hemos tenido una conversación y una consulta formal sobre la cooperación entre ambos países y se formuló el deseo de Guatemala de enfocar aún más el apoyo del Gobierno alemán en el fortalecimiento del sector justicia. Este es un campo donde los cooperantes nos sentimos motivados.

Nosotros trabajamos sobre tres ejes tradicionales: Gobernanza, Ambiente y Educación. Vamos a continuar con los tres, pero queremos fortalecer un poco más que los otros el de Gobernanza y dirigirlo hacia el sector judicial. Nuestra pregunta, es cómo podemos apoyar la inversión de Guatemala en este ámbito.

¿En la SAT también han ocurrido cambios, le parece que están bien encaminados?

– Es muy necesario que se mejore la recaudación tributaria. Guatemala tiene la tasa más baja de recaudación fiscal, al menos de América Latina, posiblemente del mundo. Solo se puede mejorar con confianza popular, con un trabajo honesto que hace la autoridad tributaria y creo que esto está en camino. Se produjeron logros en los primeros seis meses de 2016, hemos visto casos donde pagos muy importantes se han producido. Si una o dos empresas pagan sus deudas de años es bueno, pero no soluciona el problema.

Alemania ha apoyado un proyecto con el Ministerio de Finanzas y la SAT para impulsar y apoyar una mejora institucional de la recaudación tributaria. Estamos trabajando en las áreas más estratégicas para Guatemala y una vez más el ambiente es mucho mejor ahora para fomentar progreso.

“Mi estadía en el país ha sido enriquecedora, Guatemala probablemente es el más bello país que conozco, y es más fácil amarla que comprenderla”
Matthias Sonn, embajador de Alemania.

Hoja de Vida


El embajador Matthias Sonn está casado con la economista, Rhian Chilcot y es padre de cuatro hijos.

Es abogado. Estudió Derecho y Teología en las Universidades de Ginebra, Múnich, Tuebingen y Hamburgo.

Dirigió de 1998 a 2000 la División del Mediterráneo del Este, de la División Política del Ministerio de Asuntos Exteriores de Berlín, lo que permitió estrechar las relaciones con Turquía. De 2004 a 2008 dirigió el Grupo Especial de Cooperación Internacional contra el Terrorismo.

Su carrera diplomática comenzó como Primer Secretario en la embajada de Alemania acreditada en Puerto España, Trinidad y Tobago. En Accra, Ghana fungió como Consejero y Jefe Adjunto de Misión.

En 2000 fue designado Alto Representante Adjunto en Sarajevo, donde implementó los Acuerdos de Paz de Dayton para Bosnia y Herzegovina.

Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, viajó a Moscú para coordinar Asuntos Políticos y de Seguridad en la Embajada de Alemania.

De 2008 a 2011 trabajó en Washington D.C. como Ministro y Director de la División Económica de la Embajada de Alemania.

En julio de 2013 llegó a Guatemala como embajador para el país y Belice.

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