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Domingo

Modelo de Gobierno: Copiloto


César A. García E.

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De la época colonial y hasta la guerra fría, Guatemala estuvo inmersa en un ambiente de total criollismo que además gobernó a sus anchas; se inició con los primeros criollos, es decir los 50% españoles y se fue adulterando hasta existir criollos al 25%, 15%, 10% y 1%… muchos de ellos –claro está– con pasaporte español, documento, en muchos casos, con la misma legitimidad –de “estirpe”– que el italiano ostentando por la fea delincuente y ex vicepresidente. El criollismo fue un modelo –aunque con tono más sutil– de feudalismo y provocó concentración en pocas manos, de los principales recursos del país. En ese período, distintos presidentes y dictadores, repartieron Guatemala, a su sabor y antojo y se formaron gigantescos conglomerados económicos, altamente dominantes que –obviamente– siempre estuvieron supeditados a otros imperios, aunque con libertades insospechadas.

La guerra fría trajo consigo los gobiernos militares. Dictadores, presidentes triunfantes a través de fraudes electorales, terror y mano férrea, fueron las herramientas usadas los EE. UU. –potencia a la que respondemos desde nuestra era moderna– para mantener “el control” y evitar que el fenómeno “Cuba” se repitiera en otros países latinoamericanos, lo cual lograron casi por completo, salvo por Nicaragua que “se perdió” a instancias del flácido Jimmy Carter. Fueron años de sangre, terror y lágrimas, con gente atroz y corrupta –hasta los tuétanos– a cargo de mando político… quizá los más relevantes Somoza en Nicaragua y Trujillo en la Dominicana, para citar solamente dos ejemplos; también del lado de la izquierda surgieron dementes codiciosos que fueron pródigos en sacrificar a jóvenes idealistas, mientras ellos buscaban la vida del jet set; el más visible y aún vigente, Daniel Ortega. Guatemala tuvo sus propios monstruos, antes y durante la guerra fría; gobiernos aciagos, como el de Estrada Cabrera o Romeo Lucas, entre muchos, provocaron desolación y desesperanza. Así llegaron los años ochenta, entre un hartazgo por lo militar y con una guerra fría languideciendo. Como consecuencia, procedía entrar a un modelo “democrático”, en virtud de que muchos de los regímenes militares dejaron infaustos recuerdos, sin lograr nada positivo en el ámbito de desarrollo humano. Hubo dictadores –como el panameño Manuel Noriega– que no entendieron el cambio de señas de los EE. UU. y por tal causa, fueron removidos de forma radical y por demás aparatosa.

La decisión de terminar con los gobiernos militares, para pasar a la era “democrática” latinoamericana, fue pensada y gestada desde Washington, principalmente porque la amenaza de totalitarismo socialista, había cesado y la bipolaridad mundial desaparecía… al menos por algunas décadas; luego se dejaron venir, los procesos de paz y se delegó –otra vez– a los neo criollos cuarteados, la conducción de Guatemala, confiándoles “las llaves del carro”, para buscar la prosperidad, a través de la democracia y ajenos ya a la absurda guerra fría. Ellos raudos y veloces, tomaron el timón y fueron colocando –para cada elección– a su propio pelele, al que manejarían a sabor y antojo. En el Congreso de la República, también procuraron introducir a la gente más funesta… pero obediente, en el ánimo espurio de aprobar leyes mercantilistas y todo aquello que hiciera que sus negocios –y no el país– prosperaran rápidamente, con la menor competencia posible; una de sus últimas gestas, la constituyó la “reforma fiscal” del gobierno patriotista que fustigó a profesionales, pequeñas y medianas empresas, a favor de los neo criollos. El sistema de cooptación –de la cosa pública– se agudizó con la era democrática que prometió prosperidad y paz… pero generó más miseria, injusticia y violencia. Como consecuencia de la gestión neo criolla, a través de títeres blandengues electos periódicamente, surgieron otros grupos sumamente poderosos y armados hasta los dientes que también hicieron sus propios acercamientos al mundo político y también financiaron sus propios candidatos. ¡Los neo criollos tenían competencia! y la miseria descomponía la sociedad, a través de la expansión del crimen… todo ello en detrimento de los guatemaltecos, quienes salieron –a granel– huyendo hacia el norte, en busca de oportunidades de trabajo y con la ilusión de mantener –desde allá– a sus familias… éste sería el detonante del cambio, del modelo “democrático” gobernado por el neo criollismo, al modelo direccionista, al que llamo modelo “copiloto”. Los inmigrantes resultaron sumamente incómodos, para los EE. UU. y su insistencia en viajar –pese a los ultrajes durante el periplo y a ser regresados una y otra vez– desnudarían, a los ojos de Tío Sam, la tragedia que se vivía en países como Guatemala; el sentimiento de rechazo estadounidense, a nuestra falsa democracia, se exacerbó al ver convertida nuestra tierra, en el
corredor predilecto del narcotráfico.

Washington, luego de “permitir” un cuarto de siglo de continuismo, disfrazado de “modelo democrático bananero”, empezó a notar que éste era a todas luces inconveniente para sus intereses geopolíticos, y persuadidos de que debían tomar el control de su patio trasero, encabezado por Guatemala, procedieron a hacerlo. El asunto era mandatorio, sobre todo en un entorno de crisis mundial –como el que vivimos– a las puertas de una guerra de grandes proporciones, con enemigos tan importantes como la mancuerna Chino-Rusa que se había apoderado de Nicaragua y de varios países de Suramérica, aprestándose a dominar Brasil… una de las dos economías más importantes de la región. Así las cosas, el modelo debía cambiar, de tal suerte que purgaron –ellos y no las “valientes” masas de ciudadanos… como queremos creer– a los corruptos que –sin duda– superaron cualquier expectativa de pestilencia y malandanza… corruptos que estaban allí, no por méritos, sino por haber encontrado gracia y favor, en las élites más sofisticadas del neo criollismo que –hasta principios de 2015– dirigía el vehículo llamado Guatemala.

De pronto, así como terminaron los gobiernos militares, en los ochenta, vemos caerse, desde hace un año y a pedazos, la era “democrática” gobernada como una dictadura del neo criollismo, cambiando las cabezas visibles, en elecciones, donde no había posibilidad de elegir a nadie decente ni competente, pero que todos
–cándidamente– apoyábamos e incluso lidiábamos con necias reyertas, por “quién era el mejor”. En medio del terremoto que tocando a los títeres de turno –Los Perezdetti– tocaría a sus titiriteros… por lo menos a algunos de ellos, surge “como opción” para llegar a pasar el agua y arreglar nada, el eterno y aún burócrata Alejandro “Maldoblado” quien le entrega a Jimmy Morales, primer presidente de la historia guatemalteca, en calidad de “Copiloto”. El piloto no es ahora el neo criollismo, como si lo fue en toda la era –erróneamente– llamada democrática, hoy no han tenido más que ceder el timón, pasándose al asiento trasero… y en adelante –si es que siguen existiendo presidentes en Guatemala, figura que juzgo innecesaria– las decisiones y la agenda legislativa y social, se arma e impone desde afuera. La “Alianza para la Prosperidad”, implica –de momento– retomar la credibilidad del sistema de justicia, cimentar cultura tributaria en los tradicionales evasores, alinear a los corruptos diputados para que actúen por el país y no para defender intereses particulares y finalmente terminar de “ordenar” el patio de atrás.

Jimmy Morales es el copiloto que observa cauteloso, como un piloto angloparlante, dirige el vehículo y lo aleja del despeñadero al que lo dirigió “la democracia neo criolla”; deberá aprender o dejar su puesto a otro… de eso hay pocas dudas. ¿Se acabó la era democrática? Es lo más probable, Guatemala, como otros países y el orbe, deberá responder y obedecer a una agenda global que hará nacer a un gobierno hegemónico mundial, donde las propias potencias –como las conocemos– tendrán gran influencia individual… pero no preeminencia. ¡Piénselo!

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