Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Domingo

El partido era una fiesta. Sobre los orígenes del Partido Patriota

Manolo E. Vela Castañeda

manolo.vela@ibero.mx

Fecha de publicación: 24-07-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Hacia enero del año 2000 un sentimiento de catástrofe se había apoderado de los grupos empresariales guatemaltecos. La llegada de Alfonso Portillo a la Presidencia había amargado sus días. La derrota en las urnas de su candidato, Óscar Berger, había sido apabullante (1 millón de votos versus 664 mil en la primera vuelta; y, 1 millón 185 mil versus 550 mil votos en la segunda vuelta). Sabedores, además, que el vehículo electoral, el PAN (Partido de Avanzada Nacional), no daba para más, tenían que lanzarse a crear algo nuevo. Este es el origen del Partido Patriota, un instrumento político cuyos fondos semilla provinieron del complejo empresarial de los Bosch-Gutiérrez y de los 12 apóstoles, la reunión de los grupos empresariales más importantes de Guatemala: Herrera Ibargüen, Bosh-Gutiérrez, Paiz, Botrán, Novella, Castillo, entre otros.

A principios de ese año 2000, los intereses de Otto Pérez estaban en concretar la propuesta que –durante la campaña electoral– Alfonso Portillo le había hecho: que él sería su ministro de la Defensa. Pero las promesas hechas en tiempo de campaña a veces no llegan a concretarse y esta no fue la excepción. Otro general, Efraín Ríos Montt, ejerció su poder de veto, y así, de frustrado ministro de la Defensa, Otto Pérez se lanzó a construir su propio partido.

¿Cómo dio inicio la operación? con dinero, como no podía ser de otra forma. El complejo empresarial Bosch-Gutiérrez ponía el dinero y el general ponía su nombre, sus contactos y por supuesto, su ambición.

En tiempo de campaña, los grupos empresariales, en aquel entonces el G-12, celebraba reuniones cada mes. Otto Pérez realizó viajes a México, Colombia, República Dominicana, para reportarles sus avances y sus impresiones sobre la realidad del país.

Y así, las primeras reuniones para plantear la idea tuvieron lugar en la oficina de Otto Pérez, ubicada en el Condominio Centro Empresarial (5a. avenida 15-45 zona 10), el mismo edificio que alberga las oficinas centrales de Pollo Campero. Así es, querido lector, le atinó: la oficina fue un regalo del emporio empresarial al que  –en aquel entonces– era el ‘General de la Paz’. Para ser más precisos: la oficina era una buena inversión. En aquellos tiempos (como en estos) ¿quién regala algo a cambio de nada? Porque los empresarios, sabe usted, a cada tanto nos recuerdan que ellos no hacen parte de instituciones de beneficencia.

Entre el año 2000 y 2001, el partido barajó la posibilidad de hacerse con la ficha de los partidos UN (Unión Nacional), de Jorge Canale Nanne; o bien, de la UD (Unión Democrática), de José Luis Chea y Rodolfo Paiz Andrade. Pero no se llegó a un acuerdo con los costos de esta operación, porque un partido no se vende por Q5; y las relaciones se fueron tensando, con lo que la idea de hacer su propio partido volvió a la mesa. Estos pequeños partidos también hacían parte de las inversiones empresariales.

El nombre, el logo, y el uso del color naranja fueron idea del pintor Carlos Barrera Aragón, con quien Otto Pérez había cultivado una relación; primero, el militar como comprador de obras de arte, y después, el pintor como simpatizante del partido. La idea del nombre derivó de las raíces nacionalistas de las que Otto Pérez decía ser portador (cualquier similitud con el presente es pura coincidencia). Hacia el año 2001, la marca del nuevo partido (esto es: su nombre, logo y colores) se definió en la casa del pintor, ubicada al final de la Diagonal 6.

Pero a la marca debían creársele bases organizativas y fue allí cuando el pequeño grupo de fundadores decidió, en 2001, empezar a sumar a otros. Y así se aglutinaron políticos que venían de otros partidos, como Gudy Rivera, por ejemplo, el cacique del distrito central, que venía de la UCN (Unión del Centro Nacional); cuadros empresariales, como Alejandro Sinibaldi; y también, exmilitares.

Nadie del pequeño grupo de los fundadores se imaginó que dentro de esas incorporaciones se le iba a abrir la puerta a quien se haría con el control del partido: Roxana Baldetti. Al principio, la idea era que ella se encargara de una tarea muy específica: el trabajo de comunicación. Pero el poder y el dinero que logró acumular –en el partido en formación todos sabían que ella era una pieza del general Ortega Menaldo– hicieron que ella fuera tomando control de las bases partidarias. Y así, colocando a su gente, Baldetti desplazó a todos los organizadores de los comités departamentales. En adelante, ese iba a ser su poder: el manejo de las filiales, la llave para controlar las asambleas y, en definitiva, el partido. Pero no solo: Roxana Baldetti, no solo se hizo con el control del partido, sino también con el control del corazón del secretario general. Dicen que desde que la conoció (y hasta la fecha, según parece) él quedó prendado de las capacidades organizativas de ella, que era una mujer que –parecía–, con prontitud y disciplina, resolverlo todo.

Y así, la inscripción del partido se logró el 13 de junio de 2002. A un año de las elecciones, los grupos empresariales tenían ya su nuevo vehículo electoral, con el que llevarían a Óscar Berger a la Presidencia. La Gana (Gran Alianza Nacional) formada por el patriota, el MR (Movimiento Reformador) y el M-17 (Movimiento 17), utilizó, para la inscripción de sus candidatos, la ficha del Partido Patriota. Y así, “con el puño (del patriota), la balanza (del MR) y la pirámide (del M-17), ganamos todos”, como decía la canción de campaña. Lo demás es historia.

Poderosa mezcla esta la de empresarios transnacionales, muy modernos, supuestamente, pero tan conservadores, que no tienen empacho en aliarse a militares contrainsurgentes, y que con gusto dan la mano a políticos reciclados. Más allá de las elecciones y las instituciones, así es como –por estos lares– funcionan los mecanismos del poder. Empresarios, militares y políticos hacían parte de una especie de paz mafiosa, cuya máxima se sintetizaba así: cuando estés en el poder, dedicate a tus negocios, pero no afectés los míos. ¿Cuánto de este entramado ha logrado ser desmontado?

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