Lunes 24 DE Junio DE 2019
Domingo

Presidente “Reculero”

César A.  García E.

Fecha de publicación: 17-07-16

“Recular” se interpreta, como retroceder o cambiar de opinión, lo cual a su vez podría implicar enmendar o faltar a la palabra, de modo que recular puede ser bueno o malo, de acuerdo a la acción o decisión a la que se vincule. En recular, para mal –es decir para faltar a su palabra– ha sido pródigo el presidente Jimmy –conejo– Morales, quien ha demostrado ser un auténtico timorato, lo cual es una muy mala noticia –aunque previsible– para una Guatemala en serios aprietos. Recular, cuando no se trata de enmendar, sino solamente de ceder, para dar paso a intereses espurios, favores a amigos, miedo, o por lo que dirán de uno, es propio de gente que no se merece liderar ninguna faena importante, menos aún, la de sacar adelante o dirigir un grupo pretende sacar adelante a una nación tan miserable y violenta como en la que se convirtió Guatemala… gracias –justamente– a que los antecesores de Jimmy, también fueron –predominantemente– “reculeros” y decidieron privilegiar el imposible consenso, entre Dios y el diablo, sin anteponer –como es propio– los principios y valores, mismos que implican determinación, rectitud y –obviamente– afrontar las consecuencias de no ser veleta, movida por los vientos de politiqueros, arribistas y extorsionistas del sistema… sino ser íntegro y defender –a ultranza– las convicciones que uno dice tener… y es que las convicciones que sucumben a la primera ventisca, no son tales.

El presidente reculó hace seis meses, en su “decisión” de elegir “a los mejores guatemaltecos en su gabinete”; decidió –por más cómodo y medroso– ceder espacios a los tradicionales grupos de poder que han manejado –tradicionalmente– los gobiernos y han querido insistir en que el país es “su” finca, en la que pueden hacer y deshacer… cada vez menos afortunadamente. De esa cuenta, el presidente –salvo honrosas excepciones, como la del ministro de gobernación que parece querer hacer bien su trabajo– nombró a viejos zorrillos y sirvientes de vetustos zorros, en puestos claves, con el único propósito de mantener el statu quo y seguir drenando, mediante nepotismo y transa, al Estado. Parientes, amiguetes, amiguitas y demás… la misma bazofia de siempre, pululan por la casa presidencial y rodean al apocado, haciendo que recule una y otra y otra y otra vez… a decisiones –del diente al labio– basadas en los supuestos principios y valores que dijo tener bien cimentados, gracias a su mamá, los cuales lucen –cada vez– más ausentes.

Antes de llegar al poder ya había reculado; primero su patrimonio era –según dijo– de alrededor de Q 3 o Q 4 millones, según lo declarara en variopintas entrevistas, en las cuales aseguró que al salir del gobierno tendría ‘“un poco más o un poco menos”’. Pero pronto, al tomar el poder, su patrimonio se multiplicó y superaba los Q 8 millones, es decir –como de milagro– ya era millonario no solo en quetzales, sino en USdólares, extremo francamente increíble, porque nadie, en su sano juicio, puede errar en una cifra por Q 4 millones (error del ciento por ciento), salvo –claro está– que sea una persona acaudalada con patrimonios de nueve o más dígitos. De igual manera su vicepresidente –socialista de postín– no dudó en mudarse a una zona exclusiva, sin duda con el afán de codearse con el jet set que ha disfrutado –desde siempre– de la amistad con los roñosos, una vez éstos les representen servilismo y utilidad económica. Este tipo de arribismo mutuo y bananero, es un fenómeno que no logro comprender y menos digerir, por nauseabundo y destructivo.

La más reciente reculada presidencial, fue cuando anunció el desfile del ejército que a mí –en lo personal– no me ofende ni lacera, en lo más mínimo, porque me parece una institución –que como otras– tienen legítimo derecho de celebrar su día, de la forma en que estimen pertinente, y es menester recordar que los desfiles del 30 de junio, nunca fueron motivo de violencia, sino de un sentido de honor y compromiso que los militares tienen derecho a poseer, como cualquier otro gremio; aclaro que nuestra familia se enlutó durante el gobierno de Lucas, y a instancias del marrano corrupto y criminal, Donaldo Álvarez, con el asesinato de mi hermano que jamás se aclaró, extremo que no convierte –en absoluto– a todos los militares criminales o malditos. Los odios ancestrales –a mi juicio– están fuera de época, no suman sino restan y no construyen, sino destruyen… no reculo en este pensamiento y lo expreso, a sabiendas de que –actualmente– no es nada “popular”, siendo la moda vilipendiar al ejército, por el simple hecho de ser ejército, aunque la mayoría de sus integrantes actuales, no tengan arte ni parte en la absurda guerra –de décadas– cuando peleó dirigido por el gobierno de los EE. UU. y la guerrilla dirigida por la Unión Soviética y sus secuaces… fue una guerra fría para los “directores de orquesta” que hoy quieren lucir impolutos, y muy sangrienta para las familias de muchos países pobres que contaron por miles a sus muertos, vestidos de militares y de guerrilleros… ¡Era simple y llanamente el mismo pueblo, matándose, entre sí, por intereses foráneos!… aun así, el odio está de moda y hoy “hay que odiar a los militares”, aunque hayan salvaguardado patrimonios importantes y aún vigentes, de gente que luego les dio la espalda, hayan defendido intereses ajenos y extranjeros, para luego ser perseguidos por sus antiguos “aliados” o jefes; aunque estén presentes en los desastres naturales y se les use –hoy– de “espanta mareros” en los buses… ello me parece una doble moral repugnante; doble moral que contrasta con la permisión a las huestes del –a todas luces corrupto– Joviel Acevedo y otros ominosos de similar calaña, quienes –a costa de la ignorancia del pueblo– han erigido su propio reino, a base de manipulación, mentira, resentimiento y odio. ¡Joviel puede marchar glorioso, cuando le venga en gana! y la “suciedad” civil calla cómplicemente y validándolo… también varios medios de comunicación, que no terminan de aprender la lección.

Si el presidente respeta al ejército –como institución– y reconoce su labor ¿Por qué no mantuvo su postura, respecto a la celebración militar que de malo no tenía nada? Porque es un “Reculero” de pura cepa y sabrá retroceder, cada vez que sienta miedito del qué dirán o cada vez que su rosca de mediocres, lo asuste con el petate del muerto. Las convicciones presidenciales, respecto al ejército, son tan frágiles como su ridículo marchado, bochorno en el que no está solo, porque nos recordó el esmoquin de Berger en el Vaticano, con motivo del sepelio de Juan Pablo II, y ahora lo apoya –en estupidez mayúscula– con su baile –durante la ceremonia en honor a los caídos en Dallas– el demente George W. Bush.

Los seis meses de Jimmy –conejo– Morales, son el reflejo de lo que él es: un improvisado, sin valores firmes, sin entereza ni convicciones, lo cual lo hace un presidente muy inferior a lo que las circunstancias exigen y totalmente al margen de éstas. Como actor blandengue y manipulado, sabe aparecer en escena, cuando piensa se puede colgar medallas ajenas, como lo hizo en la conferencia de prensa del MP y la CICIG, instancias en las que ahora se concentra el poder real, basado en la persecución del crimen instalado, por décadas en las estructuras del Estado, pero controlado obviamente y a partir de la postulación, elección y empoderamiento de delincuentes-sirvientes, desde una facción viciada del sector privado que poco tiene que ver, con el sano emprendimiento y la lucha diaria, a la que nos enfrentamos los verdaderos empresarios y emprendedores, sin privilegios, sin influencia política y ausentes de los caminos torcidos que empobrecen al pueblo y enaltecen al protervo; ojo, así como no se debe satanizar al ejército –como institución– ni a todos sus miembros, tampoco a los empresarios… porque los malos y sinvergüenzas, son la excepción, no la regla. La gente que recurre a las generalizaciones y a descalificar –de tajo– a grupos, encajonándolos como buenos o malos… persigue –indefectiblemente– intereses espurios, a través de la prédica oscura del populismo y la lucha de clases que nos regresan a un escenario indeseable de odio y división. Aún hay tiempo presidente, demuestre –sin recular– sus convicciones y principios, conviértase –a marchas forzadas y en buena compañía– en un estadista diligente y vertical ¡Piénselo!



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