Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Domingo

“Au revoir”, el fin de la época de las revoluciones

Edelberto Torres-Rivas

Fecha de publicación: 17-07-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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A la generación de hombres y mujeres que eran jóvenes adultos en 1989-90, años más y años menos, le ha tocado vivir un extraordinario acontecimiento, del cual no aparece plenamente consciente. Ha ocurrido un naufragio de carácter secular: las fuerzas de la historia marcaron el desastre del sistema comunista, la liquidación gradual de todas sus potencialidades vitales, militares, económicas y culturales. La gente del último tercio del Siglo XX fue testigo del hundimiento de una parte del mundo moderno, que ocurrió con rapidez, sin violencia y sin guerra. No fue solo la caída del Estado comunista, la URSS, sino del sistema en su conjunto, se acabaron también los llamados países comunistas, y todo el inmenso aparato de organizaciones sociales, partidos y todo el universo socialista. A partir de estas fechas, las posibilidades de un triunfo revolucionario, por parte de las fuerzas políticas de un país de la periferia, también se volvieron nulas.

Se terminó la Guerra Fría y con ella los nefastos resultados que su lógica producía en esos países. Todos los intentos de cambio democrático, Árbenz fue un ejemplo, fueron calificados como acciones comunistas, según la propaganda de la Guerra Fría. El conocido historiador inglés Eric Hobsbawn sentenció, poco antes de morir, que el Siglo XX sería el siglo corto de las revoluciones, que empezaron con la Revolución Mexicana (1910/20) y terminaron con la revolución cubana (1969/1972) Para otros, el ciclo fue largo y empezó con la Revolución Francesa y la destrucción de la Bastilla, se intentó con la Comuna de París (1872), se realizó con la Revolución Mexicana (1910/1921), la rusa (1917), la china (1922) y la cubana (1959/72). O sea, las revoluciones fueron comunistas a partir de la soviética. Y todas las que se intentaron después solo pudieron plantearse con el variable apoyo de la URSS, y no pudieron triunfar nunca. Las metas y el camino han cambiado.

Los movimientos sociales que intentaron alterar por la fuerza la estructura de una sociedad en la segunda mitad del siglo pasado no tuvieron éxito, salvo en Cuba, que no completó su ciclo. Entendemos por revolución los cambios en la estructura material y cultural de una comunidad, realizada por la acción violenta de los hombres que buscan así mejorar sus vidas. Es la síntesis de las contradicciones entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, que conducen a una situación revolucionaria, que se expresa en la alteración de las relaciones de dominación entre las clases. La revolución es política en el primer minuto y estructural en los siguientes.

La democracia liberal ha sido la forma política de Estado del capitalismo moderno y supone al hombre estar libre y protegido por el Estado; es la forma mejor perfilada de la democracia burguesa. Hasta hace poco era posible soñar en el mundo socialista, y pensar en hacer la revolución. La victoria sobre el mundo socialista y la estrategia revolucionaria se han vuelto imposibles en su versión clásica. Esa referencia esencial para el éxito de un proyecto revolucionario se terminó porque se terminó el socialismo. Aplicando un razonamiento formal y comparativo se puede decir que finalizó el periodo de las revoluciones. Sobre todo, para las sociedades pobres. ¿Cuál sería la meta, hoy día, si los guatemaltecos quisiéramos cambiar el país, como lo proclamábamos en 1980? Pelear por una democracia liberal, tratando de resolver los problemas del retraso que bloquea la modernización capitalista que queremos. Para ello no son necesarias las revoluciones.

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