Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Domingo

El Ejército de la guerra y el Ejército de la paz (II)

Edelberto Torres-Rivas

Fecha de publicación: 03-07-16
fotoarte Víctor Matamoros > El periódico Por: Edelberto Torres-Rivas
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El Ejército ganó la guerra hace 25 años y por ello, con indisimulado interés, nos hemos preguntado si la victoria produjo algún documento escrito, reflexivo, de la intelligentsia militar. Suele ocurrir que nuevos proyectos organizan la vida militar, como resultado de las experiencias de la guerra y de la paz.

El periodo de una ofensiva total, con un ejército kaibilizado en 1980/82, fue como la guía o patrón del Ejército en la época de la guerra; casi de inmediato el poder militar se convirtió parcialmente en un régimen civil conviviendo con aires legales y democráticos. Y empezó a convivirse con un ejército que quiere respetar el poder civil (1983/85). Ese rápido deslizamiento demuestra que Maquiavelo tenía razón cuando insiste en que la política es el triunfo de la racionalidad sobre los instintos. El maestro florentino no descartó el traslado de la violencia de la sociedad a la política, para conquistar espacios de poder. La violencia (la guerra) en manos del Ejército dañó a la sociedad, el fin del conflicto se tradujo en la que Sheldon Wolin llamó la economía de la violencia: la política debe ser la economía de la violencia.

Los Acuerdos de Paz, a fortiori, forzaron un clima de diálogo y transacciones. Uno de los últimos Acuerdos de Paz aprobados fue el referido al fortalecimiento del poder civil y función del Ejército en una sociedad democrática. El poder civil es expresión de la voluntad ciudadana a través de la participación política, a lo que se suma la función legislativa, reformar la administración de justicia y garantizar la seguridad para todos. Dentro de este cuadro institucional democrático corresponde al Ejército la función esencial de defender la soberanía nacional y la integridad territorial del país; no tiene ninguna otra función y su participación en otros campos se limitará a tareas de cooperación. La esencia de toda la estructura democrática gira en torno a la importancia de crear un poder civil fuerte que pueda controlar el poder militar de nuevo tipo.

De las diversas recomendaciones suscritas en el Acuerdo de Fortalecimiento del Poder Civil es necesario reconocer que el Ejército de Guatemala es probablemente la institución estatal que atravesó el proceso de transformación con cambios más significativos. El proceso puede reconocerse como reconversión, reforma o modernización; en este cambio han influido dos factores estructurales e ideológicos. Uno, interno, es el funcionamiento de gobiernos civiles cuyas funciones se resuelven en la legalidad, la paz, la búsqueda de legitimidad, y en todo caso sin acudir a los mecanismos de la violencia como sucedía en el pasado. El otro factor, de naturaleza externa, es el producto del fin de la Guerra Fría, que antes apelaba al conflicto ideológico y a la violencia. En el ambiente belicoso que producía el anticomunismo del conflicto armado, el recurso a la fuerza era inmediato. El enfrentamiento de la Guerra Fría dificultó la implantación de las instituciones democráticas y estimuló siempre los mecanismos de la violencia física, de la polarización ideológica y la intransigencia sectaria.

El Ejército de la Paz, ahora, ya no es el ejército político encargado de mantener el orden oligárquico autoritario, aunque todavía se mueve como instrumento de elites, quiere ser árbitro de la política. Con la crisis actual, que ha pasado por momentos agudos, el Ejército no se ha movido como si fuera el árbitro histórico, como lo hizo en un largo pasado; se ha mantenido leal al poder civil. Todavía faltan varios cambios para alcanzar su transformación. Tiene que ser plenamente apolítico y profesional; y moverse en el seno del poder civil, del Estado. Este es el Ejército de la Paz, el que necesita la democracia. El que requiere Guatemala.

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