Miércoles 20 DE Marzo DE 2019
Domingo

Las conversiones de Belcebú

Manolo E. Vela Castañeda

manolo.vela@ibero.mx

Fecha de publicación: 26-06-16
ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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– ¡Así es como te queríamos agarrar, leyendo la Biblia!

– ¿Y Ustedes quiénes son?

– Somos una unidad especializada en amonestar a personas que juran el nombre de Dios en vano.

– ¿Del Ministerio Público?

– No, no somos del Ministerio Público. Venimos de más arriba.

¿Más arriba? Hasta el “ef bi ai” (de FBI, es que al señor le resuenan las siglas en inglés) quiere hablar conmigo ahora. “¡Ah! ¡Qué clavada la que me están dando!”, piensa para sus adentros Juan de Dios de la Cruz Rodríguez López, el exsecretario privado del expresidente Otto Pérez Molina, y expresidente de la Junta Directiva del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS).

– No, tampoco somos del FBI. No se confunda don Juan de Dios.

Leen la mente. Puta, qué profesionales. Han de traer algún aparato para eso, pero no alcanzo a verles nada, algún implante, adentro de la piel, medita.

– ¿Podrían decirme cómo dieron conmigo?, pregunta.

– Bueno, es que Usted ya está detenido por las leyes de los hombres; y eso facilitó mucho nuestro trabajo. Es relativamente sencillo saber dónde ubicarlo. No es que se esté moviendo tanto.

Y hasta supieron cómo ubicarme; no, si es que yo estoy más cagado que palo de gallinero, piensa Juan de Dios.

– Bueno, ¿y yo qué tengo que ver con esto del nombre de Dios en vano?

– Ahora vamos a eso, con su permiso. El día lunes 20 de junio Usted afirmó que, y cito: “El hombre por naturaleza es injusto. Solo hay un Dios justo, que es el juez justo, nuestro señor Jesucristo. Jehová de los Ejércitos es justo. El abogado que tenemos es Jesucristo, y el fiscal acusador es Satanás”.1 ¿Es cierto o no es cierto?

– Sí, eso dije.

– En aquella ocasión hasta te atreviste a bendecir a los periodistas. ¡Qué descaro, por Dios!

– Bueno, pero…

– ¡Callate! que todavía no hemos terminado.

Asustado, haciendo el saludo militar y cuadrándose, Juan de Dios responde: ¡A sus órdenes!

– Si, así está mucho mejor. Y el 12 de junio, cuando el juez te preguntó que a qué te dedicabas respondiste: “Sirvo al Dios altísimo, al único Dios verdadero, a Jehová de los Ejércitos. Anuncio el evangelio de la paz y la salvación en Cristo Jesús.”2

– Sí, eso dije también. Pero es que eso no es jurar el nombre de Dios en vano.

– ¿Creés que nosotros nos equivocamos, verdad? Qué soberbia la tuya. Dejemos eso así, mejor, si no querés que te incrementemos los cargos. Mirá que el orgullo es otro de los pecados capitales.

– Es que no es cierto, hombre.

– ¿Cómo se te ocurre andar diciendo semejantes cosas?

– Es que quedo muy inspirado de los servicios religiosos de los domingos: cantamos, aplaudimos, lloramos, nos tiramos al suelo… Finalmente la Biblia está llena de historias de arrepentimiento.

– Sí, en eso sí tenés razón. Se ve que has leído la Biblia. Pero ahora te vamos a explicar cómo funciona esto del arrepentimiento. En primer lugar, hay que aceptar que uno hizo el mal, eso quiere decir: decir la verdad, aunque con ello tengás que incriminar a tus jefes y a tus subordinados. Tenés que colaborar en serio con la justicia. Segundo: tenés que devolver lo que te apropiaste de manera indebida, toda la plata hay que devolverla. Tercero: tenés que pedir disculpas a quienes causaste daño; la muerte, como bien sabés; y también a sus familiares, a quienes hiciste sufrir. ¿Estás dispuesto a hacer esto?

– Pero es que eso no me dijo el Pastor que viene aquí los domingos.

– No pues, si él estaba más interesado en otra su banderita de Q500 mil.

– Y eso que ya van tres meses desde que oraron por mí. Como que eso que dicen Ustedes no es de Dios. ¿Están seguros? Hasta babosadas de exguerrilleros parece eso.

– Es que Ustedes, esa banda liderada por Otto y Roxana, parecían como si fueran de una clase de fieras, voraces, insaciables, a las que matar y comer no les quita el hambre sino que les daba más. De ese tamaño era su afán por acumular plata. Estaban cerrando un negocio y ya tenían dos, tres, en fila; esperando la oportunidad. Un contrato de tal cosa, de tal otra… Y entonces no es tan fácil esto de arrepentirse, Juan de Dios.

Del fondo de la celda, empiezan a aparecer treinta y siete personas, enfermos renales. Y el olor se hace insoportable.

– ¿Y ellos quiénes son? Sáquenlos de aquí.

– Hasta a tu hijo, Juanito [Juan de la Cruz Rodríguez] y a tu esposa, Mayrita [Mayra del Rosario Portillo], los metiste al bisne de las medicinas. Mientras la gente se moría; vos, o mejor dicho, ustedes, tu familia mafiosa, obtenían ganancias por Q15 millones en cuatro años. Q15 millones en cuatro años.

Entonces, los 37 enfermos renales empiezan a leer, al unísono, la orden general del Ejército número sesenta y dos, guión, dos mil dieciséis, que, en su parte central, dice: “…administrativamente se comprobó que cometió actos que riñen con los principios de disciplina, ética y la moral militar, y con ello puso en entredicho el prestigio de la institución armada. Por tanto, el alto mando del Ejército de Guatemala decreta la baja deshonrosa –y con carácter definitivo– del teniente coronel de infantería Juan de Dios de la Cruz Rodríguez. Asimismo, se le informa al oficial que le han sido retirados los despachos de oficial del Ejército, y las condecoraciones a las que –durante su tiempo de servicio– se haya hecho acreedor. Se ordena al Instituto de Previsión Militar retirarle, de manera inmediata y definitiva, las prestaciones a las que, como oficial retirado, esté gozando. Cúmplase… Publíquese en el diario oficial. Léase en todas las zonas militares y todas las dependencias militares de aire, mar y tierra, inclusive en los centros de formación militar”.

Al término de la lectura de la orden general para oficiales, las manos de los 37 enfermos renales empiezan a arrancarle las insignias y su uniforme de gala, hasta dejarlo en calzoncillos. Por último, alguien le arrebata la boina roja que lo identificaba como Kaibil. Y así, con la cara desfigurada, ya sin una gota de Botox, el rostro del exoficial luce agotado, como si en unos pocos minutos 30 años se le hubieran venido encima.

– No se asuste, don Juan de Dios, este es solo el inicio.


1. Lourdes Hércules, El abogado es Jesucristo y el fiscal es satanás, Guatevisión, 21 de junio de 2016 [http://bit.ly/28T0jrI].

2. Andrea Domínguez: ¿Su profesión? Juan de Dios: “Sirvo al Dios altísimo”, Guatevisión, 13 de junio de 2016 [http://bit.ly/28LLSri].

 

 

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