Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Domingo

¿Cambio o estabilidad?

Jonatán Lemus
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 26-06-16
fotoarte Víctor Matamoros > El periódico
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¿Se pueden lograr cambios en una sociedad, sin afectar la estabilidad política? Desde la perspectiva de algunos, no es posible. La estabilidad política es sinónimo de estancamiento. Es más, desde esta visión, un sistema estable es uno que mantiene el statu quo. Por lo tanto, la inestabilidad es necesaria para el cambio, y desaparece solo después de concluida la reforma o destrucción del sistema.

Guatemala vive tiempos de transformación, no cabe duda. La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público (MP) han dado un golpe a un sistema construido sobre el clientelismo, el incumplimiento de las leyes, y el enriquecimiento ilícito a través del Estado. Ningún ciudadano de bien podría oponerse a la cruzada contra la corrupción, ni tampoco podría desmeritar el trabajo de las dos instituciones.

No obstante, esta lucha contra la corrupción que inició como un acuerdo de Nación, ha empezado a generar algunos fenómenos no intencionados, como la polarización y la creciente desconfianza entre actores, que de no ser canalizados de manera apropiada, podrían producir una inestabilidad política poco beneficiosa para el país.

En este sentido, algunos consideran que la inestabilidad política es una consecuencia natural del proceso y es saludable, pues daría paso a un nuevo contrato social, en el que se refunde el Estado. Para otros, entre los que me incluyo, la inestabilidad no es deseable bajo ninguna circunstancia. Aunque es necesario mantener el proceso de depuración de las instituciones, esto no implica el desmantelamiento total de las instituciones o reglas del juego. Es decir, el cambio debe darse, pero de manera equilibrada.

La reciente discusión sobre la presunción de inocencia y el otorgamiento de medidas sustitutivas en los casos de alto impacto, ha permitido observar ese debate estabilidad versus cambio. Por ejemplo, algunos argumentan que la presunción de inocencia y las medidas sustitutivas son una defensa de la corrupción y el antiguo orden. Por su parte, otros las ven como parte de las reglas del juego establecidas, y por lo tanto, deberían ser respetadas durante un proceso judicial, el cual debe terminar con la respectiva condena. Otro tema en el que se manifiesta este debate ha sido las reformas al Estado. Mientras que algunos apuestan por una refundación (cambio), otros prefieren un proceso de discusión que permita llegar a consensos, aunque esto tome más tiempo (estabilidad).

Las historia muestra que ninguna revolución ni ningún cambio apresurado llevan a buenos resultados. Las revoluciones alcanzan la estabilidad solo cuando uno de los actores aniquila al otro y monopoliza el poder. Esto tiende a abrir la puerta al abuso y la eliminación de garantías y derechos que desearíamos tener en un régimen democrático.

Entonces, ¿es posible el cambio y a la vez mantener la estabilidad? Mi respuesta es sí. Aunque el cambio genera incertidumbre sobre el futuro e incrementa la necesidad de tomar riesgos, este puede darse en un marco de estabilidad, reduciendo el conflicto. La clave para encontrar ese equilibrio se encuentra en la construcción de instituciones políticas democráticas, que aglutinen los intereses de todos los sectores de la sociedad, y cuenten con la legitimidad necesaria para ejercer el poder, de manera efectiva pero a la vez delimitada. En contextos como el actual, en el que se ha multiplicado la cantidad de actores con influencia en el sistema, solo instituciones fuertes permitirían la gobernabilidad del país.

El cambio en una sociedad necesita de instituciones efectivas y legítimas para ser sostenible. Pretender que la destrucción del sistema dé paso a la construcción de una mejor sociedad carece de lógica y es sumamente peligroso. Invito a los actores políticos a la reflexión y debate sobre cómo lograr el cambio demandado por la ciudadanía, sin poner en riesgo la estabilidad política del país. Hacer borrón y cuenta nueva no debería ser una opción.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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