Sábado 24 DE Agosto DE 2019
Domingo

Transformaciones políticas en tiempo real

Phillip Chicola
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 05-06-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

Durante los siglos XVIII y XIX, las sociedades políticas occidentales vivieron procesos acelerados de cambio social y político. La expansión comercial de la era post-renacentista y la Revolución Industrial provocaron una reconversión de las relaciones socioeconómicas del momento, particularmente, el advenimiento de la burguesía como estamento políticamente relevante derivado de su acumulación de riqueza. Esa burguesía participó, a partir de 1776, de sendos procesos de toma del poder político, que provocaron el quiebre de las monarquías absolutas y el advenimiento de las repúblicas democráticas o las monarquías parlamentarias.

Hoy el mundo vive un proceso similar. La revolución de la información y las telecomunicaciones han provocado una serie de cambios en las dinámicas económicas y sociales del mundo. Moisés Naím, en El Fin del Poder sintetizó en tres procesos los cambios acaecidos en el siglo XXI: “la Revolución del Más”, “la Revolución de la Movilidad” y la “Revolución de la Mentalidad”. La primera, se refiere a que vivimos en un mundo en el que hay más de todo: más oportunidades, más opciones de bienes y servicios, más ideas, más información, etcétera. La segunda se refiere a la fácil movilidad de las personas, de la riqueza, de las ideas, de la información en un mundo interconectado, que prácticamente facilita la difusión de valores comunes y la eliminación de fronteras culturales. Y la última hace referencia a un cambio en la mentalidad de los individuos, que genera nuevas aspiraciones y expectativas en cuanto a oportunidades de desarrollo, riqueza o poder.

Pero tal y como ocurrió en los siglos XVIII y XIX, los cambios económicos y sociales generan efectos políticos. Dos cambios concretos se materializan ante nuestros ojos. El primero, el empoderamiento de las clases medias y las juventudes, que hoy más que nunca tienen acceso a información, y que han encontrado en las redes sociales un poderoso medio de expresión y organización. El segundo efecto ha sido la fractura del poder: el surgimiento de nuevos actores relevantes que compiten y desplazan a los actores tradicionales en los espacios de incidencia.

Naturalmente, estas transformaciones tienen un efecto en los sistemas políticos. La Primavera Árabe fue quizá la primera probadita del fenómeno: clases medias movilizadas, organizadas a través de las redes sociales, que cuestionaron el poder tradicional de dictadores militares y autocracias teocráticas. Las demostraciones lograron deponer dictaduras de décadas, pero no necesariamente construyeron democracias estables e institucionales. Algunos países, incluso, sucumbieron ante la inestabilidad. No obstante, el consenso de los académicos es que la Primavera Árabe sentó las bases para una transformación de largo plazo en el Medio Oriente.

En América Latina, ocurren expresiones similares. En Guatemala, Honduras, Chile y Brasil las clases medias empoderadas por las redes sociales han sido instrumentales en los esfuerzos de combatir el funcionamiento de cleptocracias patrimoniales, o la deficiente prestación de servicios públicos por Estados cooptados. Si bien América Latina aún atraviesa el camino de la consolidación institucional, los eventos del último quinquenio sin duda han generado un parteaguas histórico: el rechazo social hacia el Ancien Régime de corrupción institucionalizada.

En sistemas más institucionales (aquellos donde los conflictos se canalizan efectivamente a través de las instituciones), las expresiones de cambio también son latentes. En España, por ejemplo, Podemos y Ciudadanos –el primero heredero del Movimiento de los Indignados, y el segundo fundado por académicos e intelectuales– han puesto en jaque al bipartidismo efectivo que imperó desde la década de los ochenta.

Proyectar el futuro en medio de los procesos de transformación resulta un ejercicio fútil. Pero ante los cambios sociales y culturales, y ante el cuestionamiento generalizado al statu quo en materia de sistemas políticos, solo queda recordar la frase del filósofo Paul Valery: “El futuro no es lo que era”.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.