Martes 11 DE Diciembre DE 2018
Domingo

“El genocidio está en el corazón de cada familia, grupo y nación y no debemos actuar como si no estuviera ahí”

El padre católico Patrick Desbois no es como los demás. El hombre de lentes redondos no es judío, ni detective, ni historiador. Pero aun así ha realizado más de 5 mil entrevistas a testigos de actos de genocidio en Europa, África y Medio Oriente a través de su organización Yahad-In unum, que este año inaugura el Museo de Holocausto en Guatemala.

Fecha de publicación: 22-05-16
Patrick Desbois, fundador de Yahad-In unum Por: Juan D. Oquendo joquendo@elperiodico.com.gt
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Su abuelo fue quien lo crió de pequeño. Un soldado francés que había estado en la Segunda Guerra Mundial y que fue prisionero de los nazis en Rava-Ruska, Ucrania. Lo único que su nieto sabía, era que había sobrevivido y que no se hablaba del tema. El tiempo pasó y su abuelo murió. Patrick comenzó a dar clases de matemáticas en África hasta que un día se encontró con un libro sobre la Madre Teresa. Le escribió y viajó a Calcuta para trabajar con ella. A los 31 años, en 1986, Patrick se ordenó como sacerdote católico.

Pero su abuelo nunca dejó de estar en su mente. Así que decidió viajar a Ucrania en 2002, y visitar el lugar donde estuvo preso su abuelo. Al llegar a Rava-Ruska la sorpresa de Patrick fue enorme. Sí, habían matado a miles de judíos pero no había ningún sitio que señalara dónde los habían asesinado. Mucho menos un memorial. Y nadie en el pueblo sabía nada.

La determinación de Patrick lo hizo volver varias veces, hasta que un día el nuevo alcalde, un hombre joven, llevó al padre a un bosque, donde lo esperaban cincuenta vecinos para contarle que ahí donde estaba parado habían asesinado a los judíos. Y todos le hablaron y le contaron lo que habían visto. Así fue como Patrick, a partir de esa experiencia vital, decidió fundar Yahad-In unum (“juntos” en hebreo y “en uno” en latín) en 2004, una organización que busca salvar los testimonios de personas que hayan presenciado actos de genocidio, desde el Holocausto hasta genocidios contemporáneos como en Ruanda en los noventa y en Irak en los últimos dos años.

Ahora el padre Patrick Desbois recorre el mundo haciendo entrevistas y dando a conocer el “genocidio por balas”: fusilamientos de personas en espacios públicos para instaurar el miedo. Parte de su equipo de filmación lo conforman guatemaltecos, por lo que Yahad-In unum fundó en Guatemala un Museo del Holocausto que actualmente alberga la exposición Genocidio por balas y el motivo por el cual Desbois visitó el país recientemente.

¿Cómo se define el “genocidio por balas” y se puede aplicar a Guatemala?

– Es un término que creó un periodista que escribió un artículo sobre mí. Y el artículo se llama “Holocausto por balas”. Y a partir de ahí, todos tomaron el término. Ahora hasta los alemanes y estadounidenses dicen “Holocausto por balas”. Por el momento, significa nada, excepto que judíos fueron asesinados de una manera sistemática durante el Holocausto fuera de los campos de concentración. No es un término genérico, hasta el momento solo se ha utilizado para el genocidio de los judíos. Respecto a Guatemala, no puedo decir, porque no he hecho investigaciones en el país. Todo crimen de masas es diferente.

En su conferencia en Guatemala, mencionaba que las pandillas pueden cometer este tipo de genocidio. Es interesante ya que en el país la presencia de las maras y su relación con el crimen organizado van de la mano.

– No todo es genocidio. Cuando digo similar a una pandilla, significa la manera en la que hace que la gente se integre a un grupo que comete genocidio. Vi el caso en Irak. Era una familia con cuatro hijos. ISIS (Estado Islámico de Irak y el Levante) quería que los hijos se les unieran. Pero la mamá se negó. Entonces comenzaron a quitarle la comida a esta familia. Y las otras familias que aceptaban recibían comida. Y esta madre me explicó que esas familias eran muy buenas con los niños. Pasaban con otras familias invitando a los niños a ir a la piscina o al bazar o a comprar algo bonito para comer. Y lentamente los niños comenzaron a decirle a sus madres que estaban mejor con ellos (ISIS), “no queremos regresar a nuestras casas”. Y de repente los niños comenzaron a unirse a ISIS y luego los entrenaron para convertirse en terroristas. En un momento conocí a una mujer policía de Los Ángeles. Ella me dijo que era igual ahí. Ella es especialista de pandillas en Los Ángeles, y dijo que para atraer a un niño, al principio eran buenos con él, eran cariñosos como padre y madre. Así el niño encajaba muy bien. Y entraba a la pandilla sin hacer nada especial al principio, y de pronto lo hacían matar gente enfrente de todos y así ya era parte de la pandilla. Es la manera en la que introducen niños en una maquinaria para matar personas.

Es como si estos grupos actuaran como una familia para estos niños, para tomarlos.

– Sí. Porque siempre pensamos que las pandillas o los asesinos en masa no son inteligentes. Pero en realidad lo son, desafortunadamente. Entonces también saben cómo atraer niños. Y la primera forma de atraer niños es a través del cariño.

Usted habla del genocidio como una patología, como una locura. Sin embargo, también habla de inteligencia. ¿El genocidio requiere de inteligencia entonces?

– Es muy diferente de un país a otro. Por ejemplo, en Alemania era sumamente organizado. Los alemanes mataban gente durante el día y querían almorzar a tiempo. Así que en la mañana, los tiradores y todos pedían a una mujer del pueblo donde estaban que preparara el almuerzo para 40 personas al mediodía. Y si no estaba listo, era un gran problema para ella. Eran organizados porque ellos eran organizados. Podían matar gente todo el día y no querían que los interrumpieran en sus propias vidas. Querían comer a tiempo y dormir a tiempo. Por ejemplo, encontré una carta en la que se quejaba un soldado porque tenía que dejar muy temprano la ciudad para ir a fusilar y hacía frío. En ISIS, a diferencia de los alemanes, podríamos pensar que no fue planificado. Pero de hecho sí lo fue: ahí están combinados ciencia, terrorismo y genocidio al mismo tiempo. Lo que más me sorprende es que tuvieran éxito tan rápido. Aplicaron la misma metodología (que los alemanes).

Dice que en una democracia difícilmente sucede genocidio, que es necesario un tirano que dé las órdenes. Sin embargo, por lo que cuenta de sus historias, pareciera que quienes asesinan y fusilan se lo toman como algo muy personal.

– En un nivel básico cualquiera puede cometer genocidio. Un vecino puede matar judíos porque quiere su dinero. Cuando hay genocidio estás legalizando el crimen. Dices que es legal matar a los judíos. Legal matar a los tutsi (de Ruanda). Lo dices en la televisión, en la radio. Eso facilita que mates a tu vecino porque quieres su casa. Es legal. Eso es genocidio. En territorio de ISIS todos saben que es legal matar a un yazidí, esclavizarlos. Hacen leyes para legalizarlo. Claro, un soldado o un vecino puede decir: mataré a la familia de mi vecino, tienen una gran casa, una bella hija, ¿qué estoy esperando?

Si el genocidio es una patología, algo “latente” en el humano, ¿de qué sirve que hable y enseñe sobre eso si es algo que viene de nosotros?

– Cuando tienes una patología en ti, lo primero es reconocerla. Si no la reconoces es peor, puedes transmitirla, puedes enfermarte, puedes morir. Lo primero sería enseñar a todos que cualquier persona puede ser un asesino, que cualquiera puede ser una víctima. ¿Por qué cualquiera puede ser un asesino? Porque está en nosotros. Un hombre sabe matar como un perro sabe nadar. No se le enseña, es algo muy arcaico. Y cuando sucede un genocidio, personas normales se convierten en asesinos. Tengo historias de familias que eran normales pero que mataron a sus vecinos porque era legal. Una familia era rica y los otros no tenían nada, así que los mataron. Querían la casa. Digo esto porque he entrevistado a más de 5 mil personas, y asesinos como inocentes tienen el mismo rostro. Cuando toco la puerta, no pienso si mataron o no a judíos. Solo veo la misma sonrisa. Y solo escuchando la historia comprendo qué paso.

¿Qué ejemplo puede darnos de esto?

– En un pueblo de Moldavia habían matado a 70 mujeres judías y a sus niños. Testigos recordaban a un granjero del pueblo, no un soldado, que tomó a un niño para matarlo. Y lo lanzó al aire para que los tiradores le dispararan. Los tiradores no reaccionaron así que el niño cayó al suelo. Les pregunté si el niño estaba muerto. Les pregunté que cómo sabían que había muerto, y me dijeron que cayó sobre una piedra y “con mi bota lo moví para ver si estaba vivo”. Y luego, les hice otra pregunta: este granjero que tiró al niño, ¿era antes de la guerra una persona violenta? Me dijeron que no, para nada. Era alguien normal.

¿Cómo hacer entonces para que ese “nunca jamás” suceda?

– No enseño eso de “nunca jamás”. No creo en ese eslogan. Enseño: sean cuidadosos, sean cuidadosos. Si un día eres militar y te mandan al exterior a una guerra donde están matando gente, ten cuidado. Debes elegir entre la vida y la muerte. Porque quizá te puedas convertir en asesino. Por ejemplo vemos en las noticias a muchos militares asignados a un puesto, como en una cárcel. Por ejemplo Irak. Y de repente comienzan a torturar a los prisioneros sin ninguna razón. Y toman fotos haciéndolo. Si no lo asignaran a una prisión, nunca lo hubiera hecho. Así que es sobre enseñar que somos capaces de eso. La gente piensa que yo no, yo nunca. Fui a la universidad, soy un buen hombre. Nunca lo haría. Pero de repente… El genocidio necesita trabajadores.

Desde que comenzó este proyecto, ¿qué ha cambiado en su percepción sobre el genocidio?

– Mucho, porque estudiamos mucho. Somos 40 personas que trabajamos todo el día en esto. Antes de trabajar en esto, pensaba que el genocidio era algo puramente ideológico. La gente simplemente era antisemita. Pero conforme hicimos las entrevistas, vimos que los pobladores que asesinaban lo hacían por algún objeto para sus familias. Y no es por casualidad. No es fácil mantener asesinos durante tantos años. Encontré una carta de un joven soldado alemán que escribía a su esposa y decía: tomé una decisión de ya no matar a judíos. No quería matar por nada. Amaba a su país, a Hitler, pero no quería matar por nada.

¿Qué se necesita para cometer un genocidio?

– Necesitas que los vecinos estén de tu lado. Si no, no atraparás a las personas. No puedes atrapar a cientos de miles de personas sin ellos. Necesitas personas que hayan sido influenciadas ideológicamente para que estén seguros de que son súper humanos. Y debes dejar que los vecinos se queden con el dinero y niñas de quienes están matando. Los pilares del genocidio son: ideología, dinero y niñas.

¿Esa ideología de súper hombre?

– Esa ideología es muy peligrosa. Me gustan las películas de Superman, pero me da miedo esa ideología. Porque cuando piensas que eres Superman, tarde o temprano matas.

¿Fuera de estas condiciones, qué permite que en la actualidad siga habiendo genocidio?

– En el mundo actual, en la democracia, hay una anestesia. Vemos qué hacer en las vacaciones, qué podemos comprar, a qué fiesta iré con mis amigos… Y el tiempo pasa. El planeta está en anestesia, y por eso los asesinos en masa están felices porque pueden preparar lo que hacen. Solo les preocupa a los servicios de inteligencia y a los demás no nos importa. Esa indiferencia es tan fuerte que permite que siga habiendo genocidio. Es triste.

Es difícil pensar en combatir esa indiferencia por sí solo.

– No peleo contra la indiferencia, sino que busco crear redes de personas con buena voluntad. En el planeta hay personas que nunca duermen bien y otras que duermen bien. Y tenemos que tomar a los que no duermen bien, pero porque es una condición de la conciencia.

¿Qué harán quienes no duermen bien por la noche?

– Mostrar al mundo que el genocidio está en el corazón de cada grupo, familia, nación y que no debemos actuar como si no estuviera ahí. Nunca enseñamos a las generaciones que sean cuidadosas. Aunque no haya guerras, pero si un día acabas en una guerra, si tu país cambia, tienes que despertar. Mostrar al mundo que esto puede suceder es lo importante. Ahora el genocidio sucede rápido, lo que lo hace más peligroso. En Ruanda en 100 días mataron a un millón de personas. Es como pretender que el Sida no existe. Sería una catástrofe. Sería una pandemia.

Museo de Holocausto


> Aunque oficialmente será inaugurado a finales de este año, el Museo de Holocausto alberga la muestra itinerante Genocidio por balas, Que puede visitar previa solicitud a través de la página www.museodelholocausto.org.gt.

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