Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Sobre el estado democrático

Fecha de publicación: 08-05-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Sin-título-5Edelberto Torres-Rivas

 

En el clima cívico y político que vivimos en la Guatemala de estos tiempos, resulta decisivo que podamos precisar de inmediato qué tipo de Estado queremos tener. Primero que todo queremos un Estado democrático, sustantivo y adjetivo juntos. Con la mayor certidumbre tenemos que identificar bien el Estado democrático en el que estamos pensando. No solo la idea, es el Estado que estamos dispuestos a construir aquí y ahora, y aún más, es el proyecto de Estado por el que nos encontramos con el ánimo de luchar. Llamémoslo Estado moderno. Son tres momentos los que se proponen en el proceso, lo que va del pensamiento a la acción:

a)

El primer nivel es el más abstracto, es el Estado-idea y que como tal es el punto de partida de toda discusión. La noción ideal del Estado hace referencia al concepto kantiano que por perfecto podría no existir; pero es importante el ideal, la utopía en el seno del conflicto, pues planteamos aquí el problema entre la creación racional y la manifestación histórica.

b)

Luego viene el Estado-contrato social, que es la manifestación de proyectos concretos y relaciones sociales que se producen como luchas políticas, procesos de alianzas con partidos o fuerzas políticas, económicas y sociales. A través de estos procesos, el Estado-idea (democrático) se relaciona con temas claves como legitimidad, hegemonía, consenso, todo lo cual explica las conexiones entre sociedad civil y el Estado-institución. El contrato social es instrumental en el diseño del Estado democrático; el contrato social debe ser considerado como el o los resultados de pactos democráticos posibles, cuando la madurez de los partidos políticos, los liderazgos y los programas permitan el diseño de la forma del Estado-idea. El contrato social es el resultado de una negociación y refleja el estado de ánimo generalizado; en Guatemala ha sido la Constitución de 1986 y las reformas que se puedan introducir (ahora nos encontramos en un momento en que es posible reformar la Constitución en sus aspectos del poder judicial y la justicia), y sobre todo, los Acuerdos de Paz, que fueron dejados de lado en el período anterior.

c)

El tercer nivel es el Estado como conjunto-de-instituciones, hace referencia principalmente a las estructuras legales y de control que expresan el contrato social en sus aspectos de orden y control, y en particular la relación que existe entre hegemonía y consenso (democracia). Hay instituciones propias del poder autoritario e Instituciones democráticas, como la Corte de Constitucionalidad, la Procuraduría de los Derechos Humanos, el Tribunal Supremo Electoral y muchas otras. La pregunta persiste, ¿qué Estado queremos en Guatemala en esta mitad del año (/2016)? Queremos un Estado democrático en su dinámica reformista; que tenga como contrato social la Constitución del 86 y los Acuerdos de Paz; y como instituciones, un sistema de desarrollo humano y de retribución social. Es de lo más perentorio, una moderna estructura de partidos políticos que incluya programa y liderazgo ideológico políticos; e instituciones que permitan ir constituyendo una nación pluricultural. Como parte del desarrollo histórico más reciente llamamos a este Estado: Estado Democrático 2015.

Finalicemos estas consideraciones con dos comentarios que aclaran lo anterior. En 1986 teníamos en principio, en el ambiente del postconflicto, el Estado-idea. También lo relativo al Estado-contrato social, incompleto porque faltaban los Acuerdos de Paz; y el tercer nivel, el Estado-Instituciones, que empezaban a construirse. Los gobiernos civiles fueron incapaces para la construcción institucional, apoyados en bases electorales patrimoniales, estructuras administrativas corruptas, improvisación por falta de dirección histórica de largo plazo. La etapa en la que aún estamos tiene una dinámica lerda, un Estado incapaz para proveer bienes políticos fundamentales como seguridad física, instituciones políticas legítimas, administración de la economía, bienestar social y otros. Si ese año (86) hubiésemos contado con una generación de políticos jóvenes, competentes y probos, un punto de partida progresista, ahora viviríamos en un Estado Democrático moderno. Ocurrió todo lo contrario, regresamos hasta lo que fue la crisis de abril 2015/enero 2016.

El segundo comentario se refiere a los tres tipos de Estado que en Guatemala, en estos últimos 30 años, irrumpieron desde el fondo del atraso, de la tradición que destruye como lo afirma Weber: y se convirtieron en obstáculos. Fueron ellos el Estado patrimonial, el Estado paralelo y el Estado autoritario. Lo patrimonial es propio de las estructuras tradicionales, de poderes de baja legitimidad que tiende a desarrollar los conocidos rasgos del personalismo, el clientelismo, el patronazgo. Los gobiernos militares de la contrainsurgencia se rodearon de rasgos patrimoniales. De este y del Estado “paralelo” hay que hablar más adelante.

¡¡Atención!! Estamos en el tercer nivel, en un momento de construcción institucional, con una iniciativa de hacer reformas constitucionales al sistema judicial, de probidad y de justicia.

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