Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Elogio a la locura

Sobre el Día Mundial de la Libertad de Prensa

Fecha de publicación: 08-05-16
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Gonzalo Asturias Montenegro

Dice el refrán castellano (los refranes son sabiduría popular) que de médico, poeta y loco todos tenemos un poco. Pero en un mundo al revés, como en el que vivimos hoy, necesitamos no un poco sino sobredosis de locura, casi como la de aquel hidalgo que vivía “en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…” Veamos.

¿No es acaso locura, exponer la vida propia no por dinero ni honores ni poder, sino por informar con objetividad e imparcialidad (decir las cosas como son), como lo hacen los periodistas profesionales independientes, al realizar denuncias públicas de la corrupción que ha horadado a este país? ¿No es acaso locura luchar porque las cosas se hagan correctamente, con decencia, más allá de las ideologías, para que haya en Guatemala un verdadero estado de Derecho, un país con mayor equidad y menos injusticias? ¿Cuántos periodistas no han muerto en estos años en Guatemala por plantarse ante el poder?

En su locura, don Quijote se enfrentó a unos gigantes, que en realidad eran molinos de viento, cuyas aspas lo hicieron volar por los aires. En el caso de elPeriódico, ¿acaso no fue una locura como la de don Quijote, enfrentarse, como lo hizo Chepe Zamora (presidente de este medio) a Otto Pérez y Baldetti, cuando estaban en el poder, que eran verdaderos gigantes, y parte del oscuro y siniestro engranaje de la corrupción, constituido por las grandes aspas de los molinos, que giran y giran haciendo añicos a quienes se oponen a su tarea de triturar a los granos de trigo (trituran al país y al más valiente)? (Ser cuerdo es ser parte de ese engranaje de los molinos de viento. Y ser loco, desafiarlos. En ese caso, la locura merece elogio).

No fue una locura de Chepe Zamora denunciar con pelos y señales (fotos) en elPeriódico, años antes de que todo quedara al desnudo, las fincas, casas, yates, mansiones en la playa, naves aéreas, que el binomio gobernante compraba; que la corrupción en las aduanas de los puertos era dirigida desde instancias de la Vicepresidencia; que la comisión del negocio del usufructo oneroso de la Terminal de Contenedores Quetzal era de 30 millones de dólares; por citar unos pocos casos de entre los muchos negocios que fueron exhibidos al público en cueros.

Y elPeriódico realizó muchas de estas denuncias en medio de amenazas, boicots y en solitario. ¿Fue locura o fue cordura? ¿Fue locura arriesgar el pellejo? ¿No será que, gracias a los locos, el mundo puede ir mejor? ¿No es por el trabajo de los locos que Guatemala va mejor? ¿Cuál es nuestro agradecimiento a los locos?

Pero donde digo Chepe Zamora también podría decir los nombres de tantos comunicadores sociales que en estos años han sido amenazados, intimidados y asesinados, entre ellos, Danilo López, corresponsal en provincia del diario Prensa Libre, quien –aparentemente– fue mandado a asesinar en marzo de 2015 por un jefe edil, que se sentía dueño de la guillotina.

Con motivo del pasado Día Mundial de la Libertad de Prensa, vaya un reconocimiento a todos los medios de comunicación social que, en mayor o menor medida, han publicado reportajes de investigación que podrían significar la pena de muerte, por ser incómodos al tenebroso establishment de la corrupción. (Cuando trabajé como periodista en activo, muchas veces fui amenazado de muerte).

Tristemente, ser cuerdo en la Guatemala de hoy es quedarse callado, no exponerse al peligro, bajar la cabeza, aguantarlo todo. (¡Preferible mil veces ser loco!) Ser cuerdo es no estorbar las acciones de los desalmados, de los narcos, de los mareros, de lo que abusan del poder que tienen en cualquier esfera y de los ladrones del erario público dentro y fuera del gobierno. (¡Preferible mil veces ser loco!) Ser cuerdo es ver, oír y callar ante los desmanes de quienes abusan del poder con todo descaro. (¡Preferible mil veces ser loco!). Claro que hay periodistas cuerdos (¿la mayoría?), que venden su pluma, que medran posiciones o que buscan el confort; pero también los hay locos, cuya locura es la que hoy elogio y es la que constituye una contribución sin precio a la sociedad, que publican reportajes que, como se ha dicho, son de verdad el primer borrador de la historia.

En realidad, quienes desean, proponen o luchan por un mundo en que las cosas se hagan, como se dice, como Dios manda, parecen los locos pero son los cuerdos. Los asaltantes de los fondos públicos, en cambio, se presentan como los vivos, los cuerdos, pero son los que en realidad están locos, porque son los que están cavando la tumba de nuestro país porque no les importa gritar al estilo del senado romano: Delenda est Guatimala.

Yo le sacaría lo mejor, y en un sentido más profundo, a esta frase de Salvador Dalí: “la única diferencia entre un loco y yo es que el loco cree que no lo está, mientras que yo sé que lo estoy.” Los periodistas que como don Quijote salen a desfacer entuertos, son los locos que no necesariamente siempre saben que lo están, pero que ayudan a que haya un mundo mejor. ¡Y eso es cordura!

¿No se dice acaso de una persona enamorada que está loca de amor? Y ¿no puede uno estar loco de amor por Guatemala, por un país en el que las cosas se hagan correctamente, que las leyes se cumplan y haya estado de Derecho? ¿No puede uno estar loco de amor y soñar con un mundo mejor, con más pan para todos? ¡Lástima que esta locura no sea contagiosa!

Hasta ahora, he utilizado en sentido inverso al sentido común y lingüístico tradicional los términos cordura-locura, pero ellos son, en realidad la cara y cruz de toda moneda, porque no hay cordura sin un poco de locura como dice el refrán mencionado al principio de este artículo. Para que haya cordura tiene que haber un poco de locura, lo cual tiene un sustrato filosófico (Claro que no me refiero a la locura que es patológica). Así, a partir de Erasmo de Rotterdam (una de cuyas obras se titula Elogio a la locura), del Humanismo y del Renacimiento, se considera que la razón, para ser razonable, “debe verse a sí misma con los ojos de una locura irónica, o sea que solo a través de la locura el hombre sabrá razonar correctamente.”

Con Erasmo yo también elogio a la locura. “¿Qué sería de la vida sin una mínima gota de locura? Sería algo triste, aburrido, fastidioso, insípido y desagradable.”

Como se ha puntualizado, “a partir de Erasmo de Rotterdam y del Humanismo, la locura pasa a ser parte directa de la razón y una denuncia de la forma general de la crítica. Es la locura la que ahora analiza y juzga a la razón. Los papeles se invierten y dejan ver que una no podría sobrevivir sin la otra, pues ambas son una misma cosa que, en determinados momentos, se desdobla para revalidar su necesaria permanencia en el mundo.”

Bueno, como el espacio se me acaba y la disquisición filosófica es muy larga, doy un giro completo al tema, para concluir con un chiste (filosofía y humor van muchas veces de la mano), según el cual un campesino, con el sueldo de su quincena en el bolsillo, entra por curiosidad, y por primera vez, a un palenque. Allí ve a un hombre moreno, alto, fornido, con pistola al cinto, que ostenta un sombrero y luce una gruesa cadena de oro en el cuello, el cual gana todas las apuestas. Siempre gana el gallo al que él apuesta.

Cuando el ganador nato está por retirarse, el campesino le pregunta cuál es el gallo bueno en la pelea que está por empezar. El hombre del sombrero le contesta que es el gallo giro. El campesino apuesta el dinero de su quincena al gallo giro, pensando en aumentar su sueldo, pero resulta que el contrincante mata al giro a la primera de cambio.

El campesino, asustado y con pánico (¿cómo va a llegar a su casa sin el dinero de la quincena?) le pregunta al hombre fornido del sombrero, por qué le sugirió apostar al gallo perdedor, a lo que el hombre de la pistola al cinto le responde: –usted me preguntó cuál era el gallo bueno en la siguiente pelea, y yo le dije que el giro. El campesino repregunta: –y, entonces, ¿por qué perdió? El hombre fornido le contesta con una sonrisa cínica: –Aquí siempre gana el malo, los buenos pierden. Al gallo giro, por ser el bueno, lo mataron.

Rubén Darío en su poema Los motivos del lobo, fábula en la que el animal arisco, que Francisco de Asís volvió manso, regresó al monte para sorprender y atacar a rebaños y pastores, cuando, entre otras cosas, vio que en la sociedad humana “perdían los débiles, ganaban los malos… y me sentí lobo malo de repente; mas siempre mejor que esa mala gente”.

¡Qué triste que esta sea la realidad del mundo!, que ganen los malos y pierdan los débiles, pierdan los buenos. Y que ante ello, muchos prefieran y escojan ser mejor malos y no buenos. (Y, ¿qué es ser bueno y qué ser malo?) ¡Así de tergiversados están los valores y principios en nuestra sociedad! Por eso estamos como estamos. Por todo ello, vuelvo al principio de este artículo para pedir que en nuestro mundo haya locura a borbotones, para darle vuelta al calcetín y que ganen los buenos y pierdan los malos. ¡Que ganen los honestos y pierdan los corruptos! En este sentido, el periodismo independiente y profesional hace una gran tarea. Las más de las veces, incomprendida.

Con ocasión del Día Mundial de la Libertad de Prensa, que se celebró el pasado martes 2 de mayo, vayan estas líneas de apoyo y reconocimiento a todos los periodistas amenazados, intimidados, censurados, a aquellos cuyos medios han sido boicoteados o saboteados para que se quedaran callados, y en memoria de aquellos asesinados, cuyo número va en aumento en el mundo, cada vez más sitiado por la intolerancia y el fanatismo.

gasturiasm@gmail.com

 

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