Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Domingo

JC: la sonrisa perfecta para una noche de insomnio

Fecha de publicación: 01-05-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Manolo E. Vela Castañeda manolo.vela@ibero.mx

 

Me lo imagino rondando por las oficinas de la vicepresidencia, con ese aspecto de dandy tropical, con su celular en la mano, y ese andar de quien ya no le queda nada más a qué aspirar en la vida, que puede hacer lo que le venga en gana porque tiene suficiente dinero, tiempo (a sus 48 años…), y también, y quizá esto sea lo más importante: una impresionante falta de escrúpulos.

Juan Carlos lo alcanzó todo: mansiones con vistas impresionantes, casas de playa, viajes, ropa, carros (Range Rover, BMW, Dodge Ram), motos (su gran amor, solo las que va a entregar, como parte de su arreglo como colaborador, son diez, de marcas Harley Davidson, BMW, MV-Augusta, Ducati, Can Am, KTM).  Pero así como todo llegó, todo se fue.

A las audiencias en los tribunales siempre llega vestido de traje, un corte conservador, que el físico no da para algo más atrevido; y corbatas, de vistosos colores, bien combinado. Los zapatos, mocasines, impecables, recién lustrados.

Juan Carlos es un tipo de pelo negro, corto, sin forma ni estilo, como si nada más tuviera una mancha negra arriba de la cabeza. Lo más distintivo en una fotografía suya, de frente, son sus orejas, pequeñas, pero salidas. Rostro redondo, con una papada que impide distinguir donde termina la cabeza y empieza el tronco, rasurado y bronceado (no en valde también le conocían como “el negro” y “el moreno”). Bien planchado, nítido; a su modo, Juan Carlos nunca ha dejado atrás esa parte del ethos militar.

Quien sabe desde cuándo su vida se torció, y empezó a encontrarle el gusto a eso de andar metido en problemas. Su biografía está marcada por los giros, inesperados, repentinos. Cuando entró al Instituto Adolfo V. Hall Central, de donde se graduó, como bachiller y subteniente de reservas; cuando lo expulsaron de la Escuela Politécnica, y entonces se fue para Honduras, a la Academia Militar de allá, para hacerse oficial y regresó, ya como subteniente (años más tarde llegaría a ser teniente) del Ejército, y fue dado de baja “por convenir al servicio”, que es como, en la jerga castrense, se suele decir cuando te sacan, y entonces se hizo empresario.  Luego vendría el incidente cuando la Policía lo atrapó robando un carro en la zona 11, del que logró salir airoso; con un balazo en la espalda, pero airoso, porque a falta de pruebas la justicia sobreselló el proceso, como en Guate pasaba y sigue pasando (que la CICIG no puede estar en todo).  Y de empresario se hizo político (fue miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Patriota); y de político llegó a ser el secretario privado de la vicepresidencia; y de secretario privado se hizo intermediario en los grandes negocios de sus exjefes; y de intermediario pasó a ser prófugo; y de prófugo a detenido; y de detenido a colaborador eficaz. Qué duda cabe: el que ha sido no deja de ser.

El 2 de octubre de 2010, en plena preparación de la batalla electoral de 2011, cuando el Partido Patriota ganó la presidencia, Roxana Baldetti le ofreció hacerlo su asistente personal.  Y entones, con aquella decisión, Juan Carlos Monzón Rojas se convirtió en JC.  Hay minutos en los que la vida da un vuelco y aquel 2 de octubre iba tener lugar uno de esos minutos. Dios los cría y la ambición, o el diablo, da lo mismo, los junta. En una entrevista con Sofía Menchú afirmó que él nada más quería estar en el gobierno porque “miraba cómo mis amigos conseguían fácilmente contratos [con el Estado]”. Para hacer realidad sus sueños, hacerse con esos contratos, se le ocurrió llegar a ser viceministro de cultura, o estar en la Confederación Deportiva Autónoma, pero la vicepresidenta, afirma Juan Carlos, “no me lo permitió”. Quizá su único gran error fue haber tenido la suerte de estar en el lugar y en el momento indicados para hacer lo que mejor sabía hacer: forrarse de dinero.

Juan Carlos Monzón Rojas debe ser el tipo de amigos que todos quieren, pero luego tratan de evitar. Carismático, alegre, jodonazo, el alma de cualquier fiesta, buen bebedor, de esas personas que tienen la mente ligera para decir cosas chistosas en el momento oportuno. Él también era un patrón, un jefe, un hombre respetado y poderoso, con contactos, bien conectado, que sabía repartir favores, conseguir empleos, con capacidad para apacharle los clavos a sus jefes, lavar dinero, comprar terrenos, casas, yates, carros, helicópteros, encontrarle la vuelta a todo, manejar empresas de papel, saber sobornar, llevar, traer y guardar dinero, contratar testaferros, agilizar trámites, tener, al llamado, a abogados, esos que están dispuestos a todo, abogánsters pues. El asistente ideal, porque lo resuelve todo, sin preguntar nada, a como de lugar.

Era también un trabajador diligente, ordenado, discreto y leal, con mucho autocontrol. Un gran negociador, que sabía seguir órdenes al pie de la letra, y organizar reuniones para cerrar negocios. La lealtad le llegó hasta el día que vio cómo sus antiguos jefes, ya ellos en el tambo, querían seguir utilizándolo, ahora, salir ellos mismos de sus propios clavos. Cuando los dos de arriba declararon en su contra –sin proponérselo– estaban entregando en bandeja de plata al mismísimo guardián de sus secretos. Cuando estaba prófugo supo darse cuenta que los operativos de búsqueda en su contra iban en serio, que no eran meras pantallas. Entonces entendió que la traición no viene nunca de los enemigos. Y entonces Juan Carlos se torció, y decidió colaborar.

Ahora está preso, en Pavoncito, y de allí espera salir, para desaparecerse, que eso es lo que deben hacer los colaboradores eficaces para así intentar seguir con su vida. Quizá haya entendido que, al estar en prisión, lo único bueno es que haya alguien afuera que lo espera a uno, que de verdad lo quiere, y esa es su esposa y son sus hijos.

La prensa se ha encargado de mostrarnos a varios –que no todos, eso es seguro– Juan Carlos Monzón.  La última vez no le vimos, le escuchamos: dijo todo lo que pudo acerca de uno de los grandes negocios de sus exjefes. De Juan Carlos nos quedan muchas caras: cuando está esperando, cansado, asustado, cuando en las audiencias pone atención. Quizá la mejor sea esa donde se le ve con una sonora carcajada en el rostro, que el día de su entrega fue captada por la lente del fotógrafo Wilder López, de Soy 502.  Esa misma sonrisa se ha convertido, ahora, en la peor pesadilla de las noches de insomnio de sus exjefes. Y lo que le queda por contar.


1.- ElPeriódico de Guatemala, “La fortuna de Juan Carlos Monzón” 17 de abril de 2015.
2.-Carolina Gamazo, “Tono Coro y el Ejército, los últimos en contratar a la empresa de Monzón” Plaza Pública, 22 de abril de 2015.
3.-ElPeriódico de Guatemala, “El oscuro pasado de Juan Carlos Monzón” 11 de noviembre de 2013.
4.- Sofía Menchú: “Juan Carlos Monzón: “Ella me dijo ‘andá a hacer tu mandado a España, yo me encargo’” Contrapoder, No. 125 (16 de octubre de 2015).
5.-Tulio Juárez, “Juan Carlos Monzón Rojas, ex secretario de Baldetti, sale a luz hoy en audiencia judicial” ElPeriódico de Guatemala, 25 de agosto de 2015.
6.-Wilder López, “Los rostros de un prófugo de la justicia” Soy 502, 5 de octubre de 2015,

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