Sábado 24 DE Agosto DE 2019
Domingo

Construir un nuevo Estado

Paul Boteo
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 24-04-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

Los que simpatizamos con el liberalismo, desconfiamos del Estado. La historia de la humanidad está plagada de ejemplos de atrocidades cometidas por los Estados, ya sea en nombre de nacionalismos, ideologías o simples intereses personales. Con dos guerras mundiales y la posterior instauración del comunismo en varios países, la Europa del siglo XX es un ejemplo extremo de cómo el Estado puede ser utilizado con fines ilegítimos.

En teoría, una de las funciones básicas del Estado es proteger la vida, la propiedad y la integridad de los ciudadanos. Pero en incontables ocasiones los Estados han atentado contra sus ciudadanos, lo que hace necesario que se cuente con un sistema de pesos y contrapesos que impidan que el gobernante de turno se convierta en un tirano.

El surgimiento del parlamento fue un paso importante para limitar los poderes del gobernante; y un sistema judicial independiente es parte de ese modelo que pretende garantizar los derechos individuales. Además son necesarios otros mecanismos de control que fiscalicen e impidan que los gobernantes dilapiden los recursos públicos.

En el caso del Estado de Guatemala, es claro que adolece de distintas disfuncionalidades. Por una parte, los mecanismos de pesos y contrapesos han fallado de forma estrepitosa. Desde la instauración de la democracia, hace ya treinta años, el Congreso no ha jugado el papel de fiscalizador del Ejecutivo, sino que ha estado al servicio del presidente de turno. Es más, los diputados se han convertido en gestores de plazas dentro del gobierno y han utilizado el Listado Geográfico de Obras para beneficiarse en la asignación de contratos de obra gris. Los Consejos de Desarrollo, que pretendían promover la participación ciudadana en la asignación de recursos públicos, se han convertido en festín de diputados y gobernadores.

Por otra parte, el Sistema Judicial afronta diversas precariedades. Los recursos económicos con los que cuenta son claramente insuficientes y no logra tener presencia en todo el territorio nacional. Tampoco el Ministerio Público logra el cien por ciento de cobertura. Dentro del diseño de Estado que tenemos, la cadena de justicia ha sido la cenicienta, no solo porque cuenta con pocos recursos, sino también porque el sistema de elección de sus autoridades claramente impide que actúen con total independencia.

Al final, el nuestro es un Estado disfuncional, que fue cooptado por el crimen organizado y por redes de corrupción que se han beneficiado de los recursos públicos. ¿Cómo lograr salir de este atolladero? ¿Cómo recuperar el Estado para que esté al servicio de la ciudadanía y no de intereses espurios?

Para algunos, la discusión se centra simplemente en aumentar los recursos del Estado. A más recursos, mejor Estado. Pero esta ecuación no siempre se cumple. Darle más alimento a un monstruo, simplemente lo hace más peligroso, no lo convierte en un ángel. Brasil cuenta con uno de los Estados más grandes de América Latina y no por eso es el país más transparente, democrático y desarrollado de la región. No cabe duda que se debe discutir cómo mejorar los ingresos del Estado, pero esto no garantiza nada, si no se cambia el diseño de Estado que permite la corrupción rampante.

Para otros, es indispensable una Asamblea Nacional Constituyente para “refundar el Estado”. Esta opción pasa por alto la calamitosa situación en la que se encuentra la clase política del país. Darle poderes ilimitados no parece ser la mejor idea. Y por otra parte, tampoco es necesario cambiar completamente la Constitución, sino solo aquellos aspectos que tienen que ver con fortalecer la justicia.

Sin duda el fracaso de Guatemala en materia económica y social, tiene que ver con la alta discrecionalidad que permite el Estado guatemalteco a los gobernantes de turno. Y difícilmente lograremos resultados distintos, si no somos capaces de construir un Estado moderno que en verdad funcione a los intereses de la ciudadanía.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.