Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Una economía que no forma capital, no crece

Claudia Galán
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 10-04-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Si bien la economía guatemalteca crece, no es de forma sostenida. Crecer entre el tres por ciento y cuatro por ciento es aún insuficiente para que este crecimiento se traduzca en un derrame para la población. El problema central es que la economía crece por consumo, más no por inversión.

En vías de propiciar este crecimiento para el país se requiere incrementar la tasa de formación bruta de capital, tasa de inversión en capital nuevo para producir más, en al menos un 20 por ciento. Esta tasa para 2015 fue del 13.1 por ciento, entre las más bajas del mundo. Esto denota que la contribución de la inversión pública no fue lo suficientemente fuerte como para compensar la reducción del componente privado; de hecho, puede inclusive haberla agudizado.

Por lo tanto, fortalecer la inversión, tanto privada como pública, representa un aspecto crucial que debe convertirse en una prioridad no solo económica sino también política. Esto además de beneficiar la actividad económica en Guatemala, permitiría aumentar el crecimiento a largo plazo. Para actuar en este sentido el país deberá abordar reformas estructurales y abordar las causas de mantener tasas de inversión históricamente bajas en relación a otras economías de la región, como Panamá o Costa Rica.

En los últimos cinco años el país ha experimentado un proceso de descapitalización, esto a través de una menor participación de la formación bruta de capital. En 2011 la formación bruta de capital representaba un 14.8 por ciento, pero para 2015 disminuyó a 13.1 por ciento, según el Banco de Guatemala (Banguat). Esta reducción se ha visto influenciada por la caída de la inversión pública, de 26 por ciento del gasto total en 2011 a 18 por ciento en 2015.

Entre 2007 y 2011 la inversión creció apenas un 35 por ciento, mientras que entre 2011 y 2015 aumentó un 46 por ciento, según el Banguat. El año anterior la inversión sumó US$1 mil 493 millones, un 6.9 por ciento más en relación al flujo de capitales de 2014 con US$1 mil 395 millones. Para los últimos dos años la inversión ha representado un 14.50 por ciento del PIB, lo cual es aún insuficiente para hablar de inversión productiva que fomente mayor crecimiento. La inversión debiera crecer a un ritmo mayor para generar un crecimiento de al menos 6 por ciento.

Se estima que la contracción de la inversión dura más tiempo que la del PIB (un 30 por ciento más). Por lo que la contracción de la inversión es cuatro veces mayor que la del PIB. Está claro que sin inversión, no habrá crecimiento o seguirá siendo insuficiente.

Ante un país que no forma capital, es más difícil proveer condiciones para generar empleos productivos que se traduzcan en desarrollo para el país. De acuerdo a un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), titulado Panorama social 2015, entre 2013 y 2014 la cifra de pobres incrementó en la región en aproximadamente dos millones. Según las estimaciones, el porcentaje de pobreza habría aumentado del 28.2 al 29.2 (175 millones de personas).

En el caso de Guatemala representa uno de los países, junto con México y Venezuela, que impactaron en un aumento de alrededor de 7 millones de pobres registrados en la región. Entre las principales causas la escasa inversión social. Sin inversión no hay crecimiento, y sin crecimiento no hay desarrollo.

Una débil inversión también se ve acompañada de una débil productividad. La productividad de la economía de Guatemala se encuentra paralizada desde hace treinta años. Es imperativo acelerar el crecimiento para alcanzar los objetivos sociales a mediano y largo plazo. La apuesta debe ser doble. Por un lado la inversión pública, y por el otro un gobierno que recaude un mayor porcentaje de ingresos públicos en relación con el tamaño de su economía. Impulsar el crecimiento dependerá de movilizar ingresos para financiar inversiones en infraestructura y capital humano. Además de una apuesta por la productividad y la promoción de salarios de eficiencia que propicien condiciones de empleo formal.

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