Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Domingo

La cultura sin espacio es como si no existiera

Colectivos artísticos, centros culturales e instituciones académicas están estableciendo diálogos para crear una política de recuperación de espacios en abandono en el Centro Histórico. La Municipalidad busca revitalizar la zona 1. Los propietarios no quieren perder sus casas. Todo parece alinearse para crear nuevos corredores culturales.

Fecha de publicación: 10-04-16
Por: Juan D. Oquendo joquendo@elperiodico.com.gt
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Apenas comenzaba el siglo XXI cuando el colombiano Doryan Bedoya se dejaba sorprender una noche en una calle de la zona 1. Fue su primer choque cultural. No había gente. Más bien, sí había. Pero todos encerrados en sus casas, quizá totalmente lejos y en otros espacios, a la espera de que la noche transcurriera rápido para poder salir de nuevo a trabajar y encerrarse otra vez. Pero no podía ser posible. Si en mi país, en mi ciudad, la gente camina por la calle a cualquier hora.

Ya se habían firmado los Acuerdos de Paz en Guatemala, pero la sensación de zozobra se transformó en una atmósfera underground para el arte que venía gestándose en la generación de posguerra. Por ahí estuvo el proyecto Casa Bizarra ­–esa especie de café literario y galería– pero la plata no alcanzó y tuvieron que salir a las calles. Luego vinieron los festivales de Arte Urbano, rock, poesía y performance. Hasta que en 2000 se dio el Festival Octubre Azul abriendo las puertas al arte contemporáneo guatemalteco. Y aun así, Doryan no miraba gente en las calles. Hay que cambiar esto.

Buscando y buscando, el gestor cultural Doryan y el proyecto Caja Lúdica –junto con grupos como Rayuela Teatro, Luciérnaga, b-boys y circo– se toparon con el antiguo Palacio de Correos. Antiguo porque estaba en ruinas, con máquinas, bicicletas, telegramas y cartas y encomiendas empapadas en polvo que nunca llegaron a su destino, tiradas atrás del espacio que alquilaba la empresa canadiense El Correo.

Así que fueron a la Municipalidad y hablaron con el arquitecto Menéndez, a quien informaron que ellos realizaban sus actividades en sitios comunitarios como canchas deportivas, parques y escuelas, y que necesitaban un espacio, que Correos estaba abandonado y que por qué no lo recuperaban juntos. Era una locura. No había baños ni luz ni nada. “Fue un okupa concertado”.

De inmediato hubo instalaciones, poesía, performance, comparsas, exposiciones, se celebró el primer Festival de Cine Ícaro en la terraza del edificio. Obras de José Osorio, Regina José Galindo, Benvenuto Chavajay, Javier Payeras, Simón Pedroza, Aníbal López, La Torana… La gente del Centro Histórico respondió, se empezó a acercar.

En 2004 se restauró el edificio de Correos, se fundó la Escuela-Taller de Guatemala. Se sumaron el Cuarteto Contemporáneo de Cuerdas, el Ballet Nacional Folclórico, Adesca; la Municipalidad abrió cuatro escuelas de bellas artes. Creció tanto que algunos colectivos salieron por la burocracia de la alcaldía, que para Doryan se llegó a politizar demasiado. La Muni no abrazó a los colectivos.

Doce años más tarde, Caja Lúdica y otras veinte organizaciones siguen buscando sede, siempre en el Centro Histórico.

Casa abandonada

Todo comenzó con una sola pregunta: ¿por qué los guatemaltecos no podemos dialogar? A partir de esta inquietud los directores del Centro Cultural de España (CCE), la Dirección del Centro Histórico de la Municipalidad y Caja Lúdica convocaron a un conversatorio a la inversa. Cada uno tuvo un par de minutos para presentarse, y luego dejaron el diálogo abierto. De las conversaciones y temas, el que más auge tomó fue la necesidad de la cultura y el arte de tener una sede. Claro, la mayoría de asistentes al diálogo fueron gestores culturales. Esto antes de que comenzara la Semana Santa.

La segunda reunión pasó del tema del diálogo al de la búsqueda de espacios. En ese momento se unificaron los objetivos de la Municipalidad y organizaciones como Caja Lúdica, Guatecirco, Las Impertinentes, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Casas de la Cultura, teatreros, malabaristas, músicos, artistas visuales y vecinos.

El hecho pareciera un suceso de alineación planetaria que ocurre cada mil años. Pero no, es más simple que eso. Los artistas y gestores buscan un espacio que puedan costear y que les permita desarrollar sus actividades. La Municipalidad quiere recuperar las casas en abandono. Estos colectivos pueden ocuparlas, restaurarlas y los dueños conservarlas.

No es algo nuevo. Ricardo Rodríguez, de la Dirección del Centro Histórico, sabe que se hizo en 2004 con el edificio de Correos que ahora alberga al Centro Municipal de Arte y Cultura. Con la Casa Ibargüen. Con la Imprenta Sánchez y De Guise. Con la Pinacoteca de la 8a. calle. Todo ha sido un proceso.

La Municipalidad ubica las casas en abandono: aquellas que están cayéndose y que nadie cuida, a diferencia de casas deshabitadas pero que se conservan. Doscientas noventa y seis a la fecha, casi un diez por ciento de construcciones del centro. Los dueños tienen una responsabilidad y bajo esa excusa la Alcaldía les envía cartas sobre el deber de proteger el bien del cual son dueños. Luego se les amenaza con ser denunciados en el Ministerio Público. Y finalmente se hace la denuncia.

Pero ni los dueños ni la Municipalidad tienen los recursos económicos para restaurar cada casa. En ese momento es que estas organizaciones culturales juegan el papel de contrapeso. Ya se contactó a los dueños, ahora se les invita a conocer la propuesta de tres grupos teatrales que buscan un espacio para capacitación y obras. Rodríguez entiende que nadie quiere perder su propiedad o darla en usufructo por sí sola. Entonces se propone una renta simbólica que a fin de cuentas es alquiler con inquilinos, pero que darán vida a la casa.

Ya ha habido acercamientos entre estas organizaciones y propietarios. Desde aquellos que buscan un gran edificio como Caja Lúdica y Guatecirco, a artistas que necesitan una casa pequeña pero que les dará un espacio físico. La Municipalidad ha concertado los encuentros.

Casa tomada

Les gustaba la casa porque además de grande y vieja conservaba los recuerdos familiares. Y eso que las casas antiguas se vienen abajo con facilidad. El problema era que ya nadie vivía en ella y prácticamente era imposible mantenerla como se merece esta gran casa del Centro Histórico.

La familia optó por abandonarla a su suerte en la intemperie de la jungla que conforman el paso de las camionetas con sus nubarrones de humo, la basura lanzada hacia la calle, las pocas oficinas alrededor, los parqueos y las ventas informales. Por la noche, bajo los dinteles desvencijados, los más desafortunados se apiadaban de la lluvia que barría consigo el orín que habían depositado los transeúntes por la tarde.

Ahora es diferente. La casa forma parte de un nuevo corredor cultural y comercial. Los murales de tono marrón están pulcros. Y el techo de teja fue restaurado. Desde afuera se escucha la algarabía. Jóvenes entran y salen todo el día. Y por la tarde la gente se detiene, lee la cartelera y se queda para ver una obra de teatro. Un niño le pide a su madre que lo inscriba al taller de actuación que comienza el otro mes.

El barrio tiene una vida diferente. Sus habitantes salen y buscan qué hacer, con quién conversar. El Paseo de la Sexta ya no es el único espacio por el que la gente puede caminar, comprar un pantalón, tomar un café, escuchar música en la calle o entrar a ver una exposición. El encuentro ciudadano ya no se limita a la Semana Santa, se da día a día.

El plan de los colectivos culturales funciona a la fecha. La Municipalidad logró revitalizar el Centro Histórico de a poco. Todo a través de focos culturales con alianzas comerciales e institucionales. De los 42 espacios culturales que tenía la ciudad en aquel 2016, ahora se cuenta con 64 y van para más.

Casa Comal, Trasbastidores, Artenamik, el Cuarteto Contemporáneo de Cuerdas, Andamio Teatro y Casa de la Cultura ya están inaugurando sus sedes. El arte logró romper la separación, el miedo y la autoexclusión para que los habitantes del sector salieran y se conocieran.

Protección y conservación

> El Centro Histórico fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en marzo de 2014 por el Ministerio de Cultura. Pero desde 2000 la Municipalidad estableció un reglamento para la protección y conservación del conjunto arquitectónico. Además de que dicho reglamente debe “fomentar la participación de los vecinos en las acciones de rescate del Centro Histórico, a través de campañas de información, educación y promoción de acciones de coordinación”, también establece que los inmuebles de valor histórico, arquitectónico, artístico o tecnológico deberán ser conservados y restaurados.

296 casas en estado
de abandono ha identificado la Municipalidad en el Centro Histórico.

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