Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Explosiones, Show y Payasos

Fecha de publicación: 10-04-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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César A. García E.

Recurrentemente escucho –de fuentes serias– sobre un movimiento de alta intensidad que vinculará a relevantes actores del sector financiero, con escándalos de importantes proporciones… y ya algunos tímidos chispazos han atisbado. Lo único que puedo esperar –por el bien de Guatemala– es que las explosiones privadas, no impliquen inestabilidad en un sector tan sensible e importante, para el desarrollo del país, porque a decir verdad, contamos con un sector financiero –en términos generales– sólido y bien supervisado. Guatemala ha tenido, durante toda su historia, traspiés –poco frecuentes– en el sector financiero, casi todos vinculados a inmoralidad de malos gestores, a la candidez y precaria cultura financiera chapina –que se explica por el trágicamente magro nivel de desarrollo humano– o a la laxitud de la supervisión que contaminó –por algunos años, empezando el segundo lustro de este siglo– la siempre creíble Superintendencia de Bancos, misma que –luego de este entuerto donde colapsaron Bancafé y Banco de Comercio– ha recuperado a pulso, su legitimidad y prestigio. En todo caso, es triste que la otrora impoluta imagen del banquero, haya caído en entredicho, casi planetariamente hablando, y más que triste es injusto e inadmisible, porque la banca –a diferencia de cualquier otra empresa– negocia y lucra con mercancía que no es suya, los dineros de sus depositantes… la mayoría de éste, legítimamente ganado, como fruto del esfuerzo tesonero.

Se escucha de todo y todos los días; la fiscal general, también dejó entrever que viene algo grande y sorpresivo, lo cual –si se limpia la mesa– será bueno para Guatemala, pero si se “alborota el cotarro”, sin resultados claros y constructivos, puede producir desconfianzas que –indefectiblemente– son difíciles de superar y el país no necesita. Lo cierto es que, a partir de Aceros de Guatemala y su vistoso escándalo, se asegura hay muchos “empresarios”, con “la camisa levantada” y ello provoca –entre otras cosas– que se le reste atención a la pudrición del sector público, porque parece tocarle –ahora– a lo privado, lo cual es natural, porque la corrupción es y ha sido –siempre– de dos vías y los malos empresarios, han sido –tradicionalmente– “socios” de los malos gobernantes.

Este afán “justiciero”– que no es necesariamente honrado en todos sus interlocutores– sobre todo en aquellos que no tienen que ver ni con investigación ni con administración de justicia, nos está llevando por un sendero desconocido y oscuro, donde parecen planearse vendettas, negociaciones entre políticos sucios de toda la vida, mercantilistas abusivos y luchas de poder entre ineficientes “servidores” públicos, del ejecutivo y legislativo… note –por favor– el ridículo y destructivo “pulso” entre Taracena y Jafeth, por la interpelación de los ministros. Lo malo de esta ruta, es que –puede ser– que los escándalos y las vistosas “noticias”, lleven a que todo cambie… para que nada cambie. Esto lo ha demostrado –sobradamente– tanto el Congreso como la Presidencia y cito ejemplos: 1- ¿De qué sirvió la alharaca de San Mario, denunciando plazas fantasmas, gente sobre pagada y empleados del congreso que eran amantes, hijos, sobrinos y ahijados de los “dipu–cacos”? No sirvió de nada, las cosas siguen tal cual estaban y a San Mario lo reposicionó como “héroe”… pero el gasto espurio y grotesco en el congreso sigue intacto. 2- ¿De que sirvió el cambio de presidente, en que abona un “no político” a cargo del poder Ejecutivo? En nada, Jimmy es una versión grotesca de Berger… se ha ganado a pulso el título de “Conejo Morales”.

3- ¿De que sirvió que los diputados “oficiales”, reclutaran a otros diputados, con la excusa de hacer viable el gobierno del “Conejo Morales”, si son de la misma calaña? De nada, porque el esquema de circo, corrupción, extorsión y patanería sigue intacto; no es posible distinguir entre los diputados nuevos y los vetustos… son la misma basura.

No obstante, lamentablemente, las explosiones privadas, parecen traer consigo, un lapso de alivio, para los políticos trasnochados y sucios que ahora –vestidos de dignos– propugnarán por la transparencia; note usted, como San Mario, ahora hasta regaña al patán Manuel Giordano que debería ser desaforado del Congreso, por haber ofrecido “hincar” a un gobernador y además “ponerse miel antes de dejársela ir…” cita textual del patán vividor de la cosa pública, quien fuera llevado al Congreso, originalmente por “CREO”, bajo la promesa de que “la juventud es la solución”. Ahora resulta que este patán de pacotilla, será llamado al orden, por otros patanes de quienes aprendió la mal vivencia, incluido –claro está– San Mario y otros ruines que denigran sus investiduras, como “servidores públicos” y representantes del pueblo. Y es que la mejoría en la administración pública, no vendrá de la “juventud”, sin escrúpulos, ni de la habilidad histriónica que –cree– el “Conejo Morales” ejerce con gran credibilidad… vendrá del pudor, la decencia y el valor, porque el profesar –del diente al labio– principios, pero expresar –con los actos– cobardía… está llevando al nuevo gobierno, por la ruta del desastre, tantas veces transitada por sus antecesores.

El Congreso de la República –que a estas alturas debiera estar cerrado luego de tanto abuso y burla al pueblo– se siente fortalecido, principalmente por la torpeza y debilidad obvia del Ejecutivo, y apuesta a que los estallidos privados, los harán pasar inadvertidos… y no se equivocan, porque así está ocurriendo, de hecho NO reformaron nada relevante en la Ley Electoral y de Partidos Políticos y sí se recetaron ¡dos curules más! Estos delincuentes aseguran que es en aras de la “representatividad”, y yo le pregunto a usted –estimado lector– ¿Se siente representado por esa gentuza?. San Mario, sigue robando cámara, al extremo que en la improvisada conferencia de prensa que diera –conjuntamente con el “Conejo Morales”– el pasado jueves, anuló al presidente del Ejecutivo, instruyendo él –como presidente del Congreso– al ministro de finanzas, para que diera declaraciones –breves– a los periodistas… y el muchacho obedeció sin chistar; al “Conejo Morales”, no le quedó otra que practicar pródiga gesticulación e intentar poner –sin ningún éxito– cara de “aquí el más listo soy yo”.

Tenemos un país que está de cabeza, instituciones podridas hasta las entrañas… y un presidente que llegó “a pasar el agua”, a jugar el juego que le pongan quienes siempre han mandado… y lo más triste –para él– a hacer el ridículo oficial, en casi cada aparición pública. Todo ello es posible, gracias a una sociedad –en extremo– hipócrita, permisiva y de doble moral que alega y protesta –solamente en su casa, sobremesas y bares– porque muere –cruelmente– un infante, fuera de un hospital… pero cierra –ambos ojos– ante el millón de niños desnutridos crónicos –la mitad del total en esa condición que viven en Centroamérica– quienes deambulan muriendo en vida y cuyos cerebros nunca llegarán a ser normales; le importa muy poco, las decenas de niños enterrados –todos los días– por una simple diarrea no controlada o por enfermedades respiratorias… y menos los comerciantes y choferes, asesinados –cuales perros– a diario. Una sociedad indiferente, ante la injusticia, miseria y marginación, pero ávida y expectante del show, del chisme y del circo… una sociedad así ¿Podría aspirar a otra cosa que no fueran payasos tétricos “dirigiendo” los gobiernos? No lo creo. ¡Piénselo!

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