Martes 19 DE Febrero DE 2019
Domingo

Construir contrahegemonía

Fecha de publicación: 03-04-16
ILUSTRACIÓN VÍCTOR MATAMOROS > EL PERIÓDICO
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Manolo E. Vela Castañeda- manolo.vela@ibero.mx

 

Abril de 2015 significó la exposición de formas degeneradas, enfermas, de esa hegemonía conservadora que analizábamos en el artículo anterior, “Guatemala, una larga hegemonía conservadora”.

Crisis de hegemonía de la clase dirigente. En abril de 2015, las denuncias por corrupción llevaron a una crisis de hegemonía de la clase dirigente. Esto es lo que explica el desplome de los dos partidos que –hasta ese momento– iban encabezando la batalla por los votos. Se trató de un cambio en las lealtades políticas de más de un tercio del electorado. La elección de 2015 marcó el fin de una correlación de fuerzas partidarias que –por cuatro años– se hizo con el control del Congreso. Más allá de los procesos legales contra el expresidente y la ex vicepresidenta, este es el resultado más importante de las movilizaciones. Imaginemos por un momento qué sería de Guatemala si esa mayoría continuara hoy.

Crisis de Estado. Si las denuncias de corrupción llevaron a esa crisis de hegemonía de la clase dirigente, las dinámicas de saqueo llevaron a una crisis de Estado. ¿Cómo se manifiesta esta? en la inoperancia de algunas instituciones del Estado, particularmente el sistema de salud, las aduanas, las cárceles, y demás. Si bien es cierto, con la entrada de Jimmy Morales a la competencia electoral, esa crisis de hegemonía de la clase dirigente se subsanó; los nuevos gobernantes han sido incapaces –en estos tres meses– de dar una solución a la crisis de Estado. En tan poco tiempo ha quedado confirmada la nula capacidad de liderazgo del señor Morales como presidente, que ya ni vale la pena gastar palabras en analizar esto. Y las previsiones de lo que se viene –en términos de esa crisis de Estado– para los próximos meses, de sequía y hambruna, son terribles.

Restauración conservadora. Mas allá de válvula de escape de las frustraciones por la corrupción, las movilizaciones de 2015 significaban una gran oportunidad. ¿Oportunidad para qué? Para profundizar la democracia en clave social. ¿Qué quiere decir esto? Reformas políticas, y reformas a favor de los derechos sociales y el desarrollo de políticas redistributivas.

Y en el movimiento social que se formó se dio una coincidencia de intenciones entre aquellos que lo que querían era curar esa forma, degenerada, en que la hegemonía conservadora había caído; y otros, que iban por más, y pensaban que aquel era el tiempo de una reforma mayor, que era el momento de la contrahegemonía. Al final, no es que se hubieran impuesto unas por encima de otras intenciones. Simplemente, las circunstancias hicieron que la restauración de la hegemonía conservadora se diera. Y eso es lo que tenemos ahora.

2015 abrió una oportunidad política inédita, que no alcanzó a ser aprovechada. ¿Qué queda de aquella coyuntura? La agenda de reformas institucionales que se halla en el Congreso. Pero ¿Qué mas? ¿Y después de esa agenda? ¿Cómo no hacer nada para promover los derechos sociales en una sociedad tan desigual como esta?

Lo que queda: hacer política de partidos. ¿Por qué no fuimos capaces de aprovechar aquella oportunidad? Porque el pueblo, como actor colectivo, no estaba, en 2015, representado. No había una mayoría política que fuera capaz de llevar adelante los cambios.

Para construir hegemonía se requiere de dispositivos institucionales: partidos. Se trata de disputar el corazón del poder: el Estado. Las batallas por la hegemonía no pueden circunscribirse exclusivamente a microescalas, locales, alejadas del Estado. Lo social nunca podrá sustituir a lo político. Pero lo político, divorciado de lo social, tiende a responder a los intereses de las elites de siempre. Es una especie de círculo vicioso, sin un antes y un después: disputar la hegemonía, contar con dispositivos institucionales, luchar por el poder del Estado, llevar adelante políticas, disputar la hegemonía…

Los partidos son los instrumentos para librar las batallas por la hegemonía, con ideas, argumentos y propuestas encarnadas en liderazgos. Es un trabajo de pensar la sociedad, de imaginar y lanzar temas, reivindicaciones, que enlacen con las preocupaciones de la gente, de articular a sectores y liderazgos de la sociedad civil, de formular argumentos, para explicar y convencer. Pero también, es un trabajo de operación política: fortalecer estructuras organizativas, entretejer alianzas, perfilar liderazgos, construir maquinaria partidaria para ganar elecciones, con audacia, estrategias electorales y tácticas políticas.

Y el reto está a la vuelta de la esquina. Si seguimos de brazos cruzados, en 2019 ya veremos cómo, otros Jimmy Morales aparecen y ganan una elección (otra) a favor de la continuidad de esa hegemonía conservadora que durante décadas ha sido incapaz de hacer algo por la gente, por la salud, por la educación, por las economías campesinas. Toca salir de nuestras posiciones, movernos, buscar, imaginar, discutir, estar en contra y encontrar los puntos en común.

 

1.- Publicado el 13 de marzo
http://bit.ly/22U0xq1

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