Jueves 5 DE Diciembre DE 2019
Domingo

Los Acuerdos de Paz

(1a. Parte)

Fecha de publicación: 20-03-16
fotoarte Víctor Matamoros > El periódico

Sin-título-2Edelberto Torres-Rivas

 

Lo peculiar llena de ejemplos los temas de la guerra, la paz y la democracia en Guatemala. Lo más sorpresivo fue la convocatoria a las elecciones constituyentes por parte del gobierno militar, ilegítimo, que tenía a la cabeza al general Mejía Víctores y a un grupo militar partidario de las funciones propias que militares y civiles deben desempeñar. Eran los meses finales de 1984 e iniciales de 1985. La convocatoria al ejercicio democrático fue coetánea al peor momento de la guerra. ¿Cómo pudieron darse la mano la libertad de votar con la libertad de morir?

Ya mucho se ha dicho, pues en la historia inmediata de las guerras civiles (África, Oriente Próximo) es bien conocida la secuencia, primero y después de muchas negociaciones el cese de fuego, la reintegración de los excombatientes a la vida civil; después y como un resultado de lo anterior, las elecciones que legalizan a los poderes victoriosos. Entonces se habla de paz. El problema de los crímenes de guerra y la violación de los derechos humanos también fue motivo de acusaciones y contra argumentos penosos, interminables.

Aquí, ese tema se resolvió en cinco minutos: Ejército y guerrilla se exculparon mutuamente y firmaron un decreto de amnistía total que borró del escenario los crímenes más frecuentes: homicidio, secuestros, violaciones, torturas, saqueos, etcétera. Recuérdese que solo el genocidio y los crímenes de lesa humanidad, señalados en el derecho internacional pueden ser castigadas.

En Guatemala ocurrió al revés y es el único caso de un proceso de paz que luego de siete años de negociación a cargo de cuatro gobiernos, terminó con la firma de once documentos, llamados Acuerdos sustantivos porque contienen parcialmente un programa de gobierno, propuestas que de cumplirse harían de esta sociedad, una entidad con reformas económicas y sociales democráticas, una reforma judicial y del Estado y el reconocimiento del carácter pluriétnico y multicultural del país y otros muchos aspectos. Estos Acuerdos no parecen derivarse del conflicto sino son aspectos que de haber existido, lo habrían evitado. Es esta la segunda peculiaridad del proceso de paz.

Se llaman Acuerdos porque fue necesaria la aquiescencia de ambas partes en todos y cada uno de los tópicos. Fueron los comandantes con la ayuda de la cooperación internacional los que introdujeron esta modalidad en la negociación, reiterando en muchas ocasiones “que solo este tipo de acuerdos haría posible que firmaran la paz”. De la parte gubernamental vale la pena recordar que el presidente Cerezo se opuso a esta condición, al igual que varias organizaciones sociales que solo lentamente aceptaron esta nueva agenda. Los sectores más conservadores del país con el CACIF marcando el paso se opusieron, primero, señalando el carácter ilegítimo de la comandancia guerrillera y después, que se estaba otorgando a los alzados, en la negociación aquello que no habían sido capaces de ganar en el combate. Fue motivo de debate, en los primeros años, el carácter no vinculante de los acuerdos firmados. La lógica política no giró a favor de la izquierda guerrillera, pero la naturaleza sustantiva y las pretensiones académicas de las recomendaciones le ganaron simpatía a los grandes temas que tocaron los Acuerdos. Aparece aquí la tercera peculiaridad del proceso: los Acuerdos de Paz fueron firmados por un movimiento guerrillero que había sido derrotado estratégicamente años atrás. La comandancia en conjunto negoció la guerra que ya no existía y por eso se desentendieron de los problemas propios de mantener un frente militar. Es motivo de debate no concluido esta peculiaridad del proceso que en 1986 entrega el poder a los civiles pero solo diez años después, firma la paz

Las dudas de carácter técnico y político de los textos se confundían con su materia intelectual, interior. Por ejemplo, nadie podía estar en contra de las reformas destinadas a modernizar al Poder Judicial; para lograrlo hacía falta la cooperación de agentes internacionales. Pero la naturaleza conservadora del Estado dificultaba la perspectiva política. Los Acuerdos fueron firmados por delegados del gobierno y representantes de la URNG. Ninguna de las dos partes hizo esfuerzos para cumplirlos. Arzú, por ejemplo, contradictoriamente, dejó de lado su entusiasmo y gobernó haciendo todo lo contrario de lo que sugerían algunos puntos de los Acuerdos. La URNG no tuvo ninguna capacidad para hacerlo. Fue la Minugua la que se encargó de difundir los textos, a un público abúlico, desentendido.

 

1. Luis Pásara, Las Peculiaridades del Proceso de Paz en Guatemala, en A cinco años de la firma de la paz en Guatemala: balance crítico, FLACSO, Debate 51, Guatemala, 2002, p. 104.