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Domingo

De tarjetas, Trump–udo y doña Hilaria


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César A. García E.

El Congreso, a quien le debemos –solamente– circo, gasto espurio y vergüenza, junto con un venido a menos, Alejandro Mal-doblado, personaje que ha vivido y morirá prendido de la “teta del estado”, nos dejaron –entre otros males y como herencia en 2015– la baja en los consumos de los comercios y presumiblemente más desempleo, con motivo de la –populista– ley para regular las tarjetas de crédito que pronto empujará a miles de guatemaltecos, a los brazos viciados de usureros, donde terminarán pagando el triple que cuando fueron clientes impuntuales o usuarios morosos de este medio de pago. El resultado neto es, hasta hoy: 1 – Menos ventas en los comercios, 2 – Castigo y desprecio –por parte de algunos emisores de plásticos– a sus clientes honrados y cumplidores (pésima estrategia de presión al gobierno, pues estos les hemos representado ingresos sostenidos a través de los años) y 3 – Premio al impuntual y displicente en el manejo de su plásticos. Al final, será el propio mercado y sus actores aguerridos e inteligentes, quienes conservarán a los buenos tarjetahabientes que los malos jugadores de mercado despreciaron, “con la excusa de la ley”. Parece que –algunos emisores– perdieron de vista que sus tarjetahabientes cumplidos NO somos sus socios o enemigos, sino sus aliados y clientes… a quienes deben valorar y cuidar, pues se ganan alrededor del 5 por ciento por cada consumo que hacemos y eso no es nada despreciable… parece que ahora que cuentan con la animadversión de sus malos clientes, demagogos y dipu-cacos, se quieren enemistar –además– con sus buenos clientes de toda la vida ¿Tonto no? A mí –por ejemplo– nunca me han mandado un cheque de dividendos, durante mis largos años de cliente excelente… ni lo espero, pero ahora –que los aprieta la ley y NO supieron manejar la crisis– me fustigan para obligarme a tomar seguros que no quiero, ni necesito y pagar membresías que son parte del pasado, en el mundo entero… y así paliar las pérdidas que les provoca la tonta ley. Estar buscando “quién se las paga y no quién se las debe”, eso me parece amoral –y por supuesto– no cederé.

Los legados de los mitómanos diputados, siempre serán de espectáculo barato… o de desgracia. Ahora –por ejemplo– nuestros conciudadanos en el extranjero “podrán votar”, en las próximas elecciones generales que serán interminablemente largas, como consecuencia de este infausto gobierno que muestra la misma razón… que la de un pollo sin cabeza. La noticia se ha cacaraqueado a más no poder, pero ¿En qué beneficia al país? Me parece que en nada; está claro que Guatemala tiene un gobierno disfuncional, es una nación acéfala y –como un bicho experimental de laboratorio– le surge de su maltrecho cuerpo… enfermo de corrupción y desnutrido por falta de ingesta de justicia, una cabeza que pretende moverlo… con algunas luces y agenda global –desconocida para nosotros– pero angloparlante.

Me preguntaba yo, ante semejante escenario, propio de una pesadilla… ¿No sería mejor que el Congreso estadounidense hubiese permitido que los extranjeros de los países gobernados a distancia, votáramos en las próximas elecciones de EE. UU.? Nuestro voto, no haría ninguna diferencia, pero –al menos, como lo hacemos aquí– tendríamos la posibilidad de “votar por el menos peor”, pues al final será quien gobierne –por medio del procónsul que puede cambiar en cualquier momento– el fallido “Triángulo Norte”. Si así fuesen las cosas, ¿Usted por quién votaría? Conste que hago el –imaginario y chusco– ejercicio, porque he visto por la televisión y leído muchas columnas, en las que “sabios criollos” discuten las posibilidades de cada inminente concursante y sus impactos para Guatemala… contendientes, a quienes, para reírme de la desventura –virtud de los chapines– llamaré, en adelante, “Doña Hilaria” y Trump-udo. Dejo, la reverencia –en la temática electoral norteña– para quienes creen que Guatemala es vista de igual a igual, desde las naciones que rigen los destinos mundiales… eso nunca fue así y ahora –en los preludios de cambios globales de gran magnitud, donde el mundo se parte y “reparte”– menos aún lo será. Nos quedamos a la zaga y deberemos vivir las consecuencias de nuestra falta de autodeterminación y las consecuencias trágicas del dominio de las elites codiciosas y fracasadas. Analizaré, desde mi modesta perspectiva, a los contendientes de uno de los imperios mundiales… pues el poder global, si no lo ha notado, es –otra vez– bipolar.

En 1980, cuando entré a estudiar economía, con 18 años, ya Doland Trump –para entonces de 34 años– era una celebridad, motivo de comentarios en las aulas universitarias. Su nombre se mencionaba, como sinónimo de emprendedor aguerrido y hasta temerario, porque tomaba grandes riesgos que más de una vez lo llevaron a la virtual bancarrota. Lo que supe muchos años después, es que detrás de la leyenda de aquel acaudalado y cachetón gringo –de peinado estrafalario ya en mis tiempos de universitario, con aires de megalómano– había un padre laborioso quien –realmente– construyó el imperio millonario que heredaría su vástago. Es probable que los hijos del hoy viejo, “Donalito” Trump, formen, en un futuro no muy lejano, parte de la conocida saga ‘“Abuelo trabajador, hijo caballero y nieto pordiosero”’, a él le tocó ser el “caballero”, no por su gentileza, sino por su ostentación… es tan solo una especulación mía, porque la conclusión, está por verse.

El epíteto de self-made man atribuido a Trump, es entonces más mito que realidad, porque NO se forjó –como millonario– desde la miseria y tampoco desde la medianía social… él nació siendo millonario. Su padre, por el contrario, sí se merecería tal apelativo, pues pasó de ser un niño huérfano, a dueño de un imperio que construyó casi de la nada, dedicándose a la edificación, venta y renta, de viviendas populares y de clase media –principalmente– en New York. Las oportunidades del pequeño Doland fueron muy superiores a las de su padre; pudo ir a la universidad, heredando muy joven –antes de los 30 años– un imperio inmobiliario en el valioso Manhattan. Supo convertirse en un “Showman”; eso –además de mucha plata invertida en la marca “Trump”– lo ha llevado a ser el favorito de los estadounidenses… y salvo que “lo bajen del zapotal” –lo cual es muy probable que ocurra– será el próximo presidente estadounidense, haciendo realidad una nueva era de segregación racial, en el que muchos blancos y negros –de la mano– purgarán a los latinos. Pero no todo está escrito, es probable que fuerzas desconocidas que disponen la “agenda global”, se muevan, para derribar al hoy “imbatible” Trump, a través de algún escándalo vistoso. Habrá notado Usted, es pintado –casi– como el Baldizón del imperio, comparándole muchos con “Hitler”, con quien no tiene ninguna semejanza… pero –obvio– el plan por evitar que llegue a gobernar, ¡está en marcha!, porque para propósitos sexistas y de “concordia” mundial, la idónea es “doña Hilaria”, mucho más mesurada y “conciliadora”.

Las componendas mundiales que nosotros –desde el tercermundismo– no logramos vislumbrar, son siniestras, porque siempre han implicado el control de los fuertes, sobre los débiles… ojo no hablo de “hermanos” mayores, sino grandes en armamento, economía, influencia política, amoral y religiosa ¿Qué mejor que una edición “Merkel americana”, para terminar de “unir al mundo” y traer un embustero ambiente de “equidad, esperanza y paz”? Ahora bien, a muchos estadounidenses les encanta Trump-udo, porque representa un rival “digno” para el belicoso Putin; es obvio que a Obama, “premio Nobel de la Paz”, sin ningún mérito –desde la perspectiva de muchos estadounidenses– le ha quedado grande el traje y luce pusilánime, frente al poder ruso que en realidad, ya es Chino-Ruso. La elección –me parece– será entre “la paz” efímera que representa doña Hilaria y la inminente guerra que representa el Trump-udo.

Doña Hilaria, se irguió como “mujer de estado”, pero ello partiendo de que su esposo fue uno de los mejores presidentes contemporáneos de esa gran nación… en términos de estadista, seriedad y coherencia. Sin duda –comparado con sus sucesores– los estadounidenses pensantes, extrañarán su gestión y los intelectuales –auténticos– del mundo entero, reconocerán sus méritos. A partir de que Bill Clinton abandonara la Casa Blanca, los gobiernos siguientes vinieron –con distintos estilos– de más a menos y hoy “el imperio”, luce –aunque con muecas de súper poderoso– seriamente alicaído. El estoicismo con que “doña Hilaria”, manejó la crisis que provocó la indiscreta Mónica Lewinski, indudablemente le granjeó simpatías y luego, despegó con una carrera política importante, al extremo de convertirse inminentemente en la candidata demócrata. Ahora bien, hay que tener en cuenta que ella no es Bill y los atributos de su marido, no se le darán por ósmosis. Este señalamiento no se trata de discriminación de género, sino de una realidad que está a la vista de todos, o al menos de quienes –como decían las abuelitas– “tengan tres dedos de frente”. Aquí en la sufrida Guatemala –por ejemplo– tuvimos un tío brillante y proactivo que dejó legado –“Meme” Colom– y un sobrino anodino que inspiró pena ajena, lo cual ejemplifica lo que podría pasar allá. Probablemente los votantes estadounidenses sabrán reconocer las diferencias… aunque quien sabe.

Ahora bien ¿Quién ganará?, ¿Por quién votaría usted? Las opciones, no se dividen en inmoral o moral, ni en bueno o malo. La agenda de los EE. UU. parece estar clara y corresponder a una inminente crisis que puede o no, ser acompañada de una confrontación bélica mundial. El país está en estado de alerta y la toma de territorios –como el nuestro– es parte de esa psicosis –no carente de fundamento– que aqueja al gigante del norte. En este orden de ideas, la política anti inmigrante, será la misma, con matices distintos, lo cual está ampliamente demostrado. Obama –por ejemplo– ha “abogado” por los inmigrantes, pero igualmente les manda de regreso, sin inmutarse… esa –se prevé– será la línea de conducta de “doña Hilaria”; un discurso socarrón, acompañado de acciones antagónicas al discurso. Observo que Trump-udo, directo, discriminador, jactancioso e intolerante, ya se sabe lo que hará… exactamente lo mismo que los demócratas, solo que sin ambivalencia y eso, a mí, me parece mucho más legítimo; sin duda votaría nulo, aclarando que prefiero –entre el pusilánime y el determinado– al segundo, porque deja ver cómo piensa y hacia donde se dirige. Además, me parece que Trump-udo se hace más malo de lo que es, y ostenta –como parte de su show– un disfraz de “pérfido” que lo hace popular, ello porque ser idiota está de moda, y de hecho la imbecilidad y lo fatuo es lo que logra más “likes” y lo que admira nuestra decadente sociedad. Su actuación es tan verosímil que hasta el papa Francisco, cayó en la trampa del bocón y lo aludió, lo cual –en los países bananeros– pudo tener impacto negativo, pero eso a Trump-udo, le importa un rábano… allá, donde están sus votantes, es más popular que nunca, porque se trata de un país, predominantemente no católico, donde Dios ya no es popular y la interferencia religiosa en los asuntos de Estado, ha logrado –a través de su historia– poco éxito.

Lo cierto, es que no estamos en ese escenario, ni tenemos capacidad de incidencia mundial alguna. Nos tocará –entonces– esperar el relevo o confirmación del Procónsul imperial, quien –no dudo– si hubiese un referéndum para nombrarlo como “Emperador del Triángulo Norte Todd I”, ganaría de forma aplastante, y ello porque los centroamericanos estamos tristemente convencidos que la pudrición ha llegado a los tuétanos del sistema económico-político y que el concurso en la política partidista, está reservado para los traidores y mentirosos. Todd I, sería una especie de virrey colonial y ascendería por aclamación… como lo hizo James I, en Guatemala, quien se vio como pálida “esperanza” de cambio; distraído y pusilánime presidente que –muy pronto– deberá elegir mejor a sus amistades y seguir los dictados Constitucionales y morales (no Morales), o en su defecto, será recordado –por su timado y decepcionado pueblo– como el efímero demagogo “Suavecito… Suavecito”. ¿Triste realidad no le parece?… pero para allá vamos, así que agárrese. ¡Piénselo!

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