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Domingo

Los artesanos de la Semana Santa


Cada Semana Mayor los guatemaltecos asisten a las calles para el único evento que queda en el país que no requiere convocatoria. Ahí están las andas, las alfombras, los cucuruchos y los turnos dando un respiro de la violencia cotidiana a los barrios más insospechados. Aquí le damos un recorrido por los entretelones y los artesanos que dan vida a los cortejos.

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Donde “Don Chepe” Armas

Detrás de la ferretería se escucha el ruido de las sierras cortando madera y cartón. Un polvillo ronda toda la casa hasta el fondo, más allá de las torres de moldes. Miguel Ángel Armas es el artesano que entra y sale con las manos teñidas de morado, mientras sus padres se encargan de atender a los clientes que llegan. Unos se llevan uno o dos moldes pequeños, otros varios sobrecitos de anilina. Esta es la temporada alta en la tienda de “don Chepe” Armas, aunque nada más termina la Semana Santa, y el nieto de don Chepe comienza a trabajar nuevos moldes.

Todo comenzó en 1957, quizás antes, pero el primer registro fotográfico de una alfombra frente al No. 92 “A” de la 7a. avenida norte de La Antigua Guatemala muestra un pequeño rectángulo de pino sobre las piedras. Era Viernes Santo en la mañana, cuando la familia de don Chepe esperaba el paso de Jesús de La Merced. Los moldes vinieron después. La familia terminó por convertirse en el referente de moldes que se dibujaban a partir de un vitral, ahora Miguel, a quien ya le quedó el apodo de Chepe, se vale de Internet para obtener más diseños. “Pero no solo es eso. Nosotros ofrecemos moldes que adaptan cualquier diseño, foto o imagen a un molde que dará un diseño concreto sobre la alfombra”.

La principal característica de la tienda es que cada diseño es único. Los moldes no se repiten, a menos que el cliente quiera, dice entre risas Miguel. El trabajo es cansado, de dos a tres horas para un molde que no supera el metro cuadrado. Pero para pedidos especiales, el trabajo puede tomar hasta 15 días. Otros clientes entran a la tienda, buscan moldes. Miguel Ángel regresa al taller improvisado en su casa a terminar un molde de casi tres metros con la escena de Jesús y el Centurión.

 

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Todo por unos segundos

Debajo del mueble del anda está Miguel Herce como un mecánico bajo un carro. Todo tiene que ser medido e inspeccionado. El salón, que está del otro lado de La Candelaria, sirve de taller. Hombres cortan, pulen, instalan, atornillan, moldean. Ya están en las últimas. Pero el trabajo comenzó en 2015, a pocas semanas de que terminara la Semana Santa.

El párroco de la iglesia llegó con la idea de la alegoría del anda de 2016, para evangelizar a los espectadores. Luego vinieron todas las reuniones entre la hermandad. Se consensuaron los temas y los materiales. Se decidió qué elementos se incorporarían. Desde duroport, pasando por papel encolado, hasta fibra de vidrio–, la especialidad de la casa–, según Herce, cuyo equipo lleva ya 20 años creando el adorno que acompaña a Jesús de Candelaria todos los Jueves Santo.

Toman en cuenta el peso y la susceptibilidad de los materiales al fuego. Pero desde el punto de vista estético, la idea que domina todo el diseño es que el espectador solo ve el anda por unos segundos mientras pasa frente a sus ojos. Para Herce y su equipo, ese margen de tiempo es esencial. Por ello buscan crear un adorno que no sobrecargue el anda, y que realce la imagen central. De aquí que la tendencia de los últimos años sean adornos minimalistas, siempre de plataformas despejadas. La quincena de artesanos sigue trabajando. Los materiales en bruto se transforman lentamente en los adornos bajo las manos de estos hombres.

 

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La “Boutique del Cucurucho”

La tienda Rosario, en La Antigua Guatemala, es más bien conocida por sus apodos: La casa de las túnicas, La casa de los Chifla y La Boutique del Cucurucho. Todo comenzó con don Florencio Silva, allá por 1949. Un comerciante que miraba a los cargadores que usaban traje. Los menos tenían túnica. Así que decidió crear una sastrería de túnicas.

De sus siete hijos, cuatro se encargan de la tienda. Detrás del mostrador, con rostro expectante, está María Isabel Silva, entre paletinas, cinturones, bajadas, capirotes, cascos, telas, tijeras y metros. Colgando a su alrededor hay túnicas moradas y negras, unas de Sincatex, las clásicas satinadas con su brillo, y otras de una nueva tela a base de nailon. “Nosotros solo trabajamos con estas tres telas. Verificamos que sean buenas, no destiñan y que la textura no cambie”.

Con un metro al cuello, Isabel se acerca a los clientes, toma medidas. Pregunta en qué cortejo procesional participa el parroquiano, entre quienes se incluyen mujeres que son vestidas de cucurucho para caminar en las filas de hombres. La tienda no es de ocasión, sino anual. Hace pocos años, la cantidad de túnicas que confeccionaban los hermanos Silva llegaba a las 4 mil. “Bendito Dios, ahora hay más competencia. Eso es bueno”. Isabel deja caer sobre el cliente la muestra y sonríe de alegría cuando ve cómo los paletones bailan cerca del suelo. Otro cliente que sale con un pedido y ella regresa al mostrador, mientras escucha marchas fúnebres por la radio.

 

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Entre tinta y agua

Una docena de rodillos giran en el taller de Delgado Impresos. Los pliegos corren de un lado a otro entre las máquinas que hacen la litografía de folletos, carteles y pósteres. Pero entre los espacios en blanco, de manera inadvertida, se cuelan unos rostros. Imágenes de nazarenos y vírgenes de rasgos variados con fondos de tonos oscuros.

El fundador de la imprenta vivía en la zona 3, en el barrio de la iglesia de la Santísima Trinidad, que cada cuarto domingo de Cuaresma saca su nazareno en andas. Él, como muchos otros, participaba del cortejo desde niño. Cuando abrió la empresa, ofreció a la iglesia imprimir los turnos de manera gratuita. De esto ya hace casi 40 años, y el pasado domingo no fue la excepción. Los turnos de los cargadores salieron de los rodillos de Delgado Impresos.

Jorge, uno de los hermanos Delgado, cuenta que trabajan con iglesias pequeñas a quienes imprimen gratuitamente los turnos. “Ellos nos buscan a nosotros, por referencia”. Llegan hermandades con sus diseños y ellos solo imprimen el cromo sobre papel texcote. Todos los datos del turno como nombre del cargador, número de turno, hombro, fila y dirección son impresos por aparte. Iglesias de Xela, Mixco y del Centro Histórico, como Capuchinas, Santa Teresa y Santo Domingo, comparten espacio entre ellas o con otras empresas, mientras la máquina entinta y enagua los rodillos que imprimen los turnos junto a folletos y carteles.

 

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