Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Domingo

La diferencia entre Donald Trump y Jimmy Morales

Jonatán Lemus
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 13-03-16
fotoarte Víctor Matamoros > El periódico
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El pasado 25 de febrero, en una entrevista en la cadena internacional CNN, el comentarista Juan Carlos López preguntó al presidente Morales: “¿Ve alguna similitud entre su carrera y la de Donald Trump?”. El Presidente respondió que no veía ninguna semejanza entre él y ningún candidato de otro país. Una respuesta diplomática, adecuada para el momento.

Sin embargo, es innegable que existen diferencias y similitudes entre ambos personajes. Tanto Morales como Trump han sido identificados como outsiders políticos en sus respectivos países. La gran diferencia ha sido la forma en cómo los sistemas políticos han lidiado con su aparición.

Iniciemos con las similitudes. El creciente rechazo a los políticos tradicionales permitió que estos dos candidatos, ajenos a la clase política, se posicionaran fuertemente. En el caso de Morales, obteniendo la presidencia de Guatemala, y en el de Trump, siendo el favorito para ganar la primaria republicana y la elección general de noviembre. Ni Trump ni Morales habían ocupado un cargo público pero ya eran muy conocidos dentro de la cultura popular de sus países. Jimmy Morales como actor y comediante, y Donald Trump como empresario y conductor de un reality show.

No obstante, a pesar de compartir el adjetivo de outsiders, Morales y Trump se han desenvuelto en sistemas políticos muy diferentes. Mientras Trump ha sido aceptado dentro del Partido Republicano; Jimmy Morales llegó a la presidencia a través de un vehículo electoral nuevo, poco conocido, en el que no existió una competencia por la candidatura.

Esto tiene implicaciones importantes. En Guatemala, un político como Donald Trump, que no tiene el apoyo de las elites del Partido Republicano, no tendría la oportunidad de competir abiertamente por la candidatura de su partido. El sistema lo habría empujado a formar su propio vehículo electoral, buscando a sus caudillos departamentales y municipales como base de apoyo. Por su parte, en Estados Unidos, un político como Jimmy Morales, no podría emprender una candidatura exitosa con un partido nuevo, pues los costos de montar una iniciativa de ese tipo son sumamente altos.

En otras palabras, el sistema de partidos estadounidense está diseñado para la aparición de los outsiders en la política, pero dentro de los mismos partidos. Al permitir que cualquier afiliado se postule a la presidencia, y compita en una primaria, (con o sin el apoyo de los jefes del partido), los partidos estadounidenses se aseguran que las corrientes políticas tengan cabida dentro de la institucionalidad existente. Por esta razón, si un político se postula fuera de los dos partidos dominantes, sus probabilidades de éxito son mínimas.

Es interesante cómo las elites del Partido Republicano, a pesar de su rechazo a Trump, se verían obligadas a apoyar su nominación a la presidencia, si las bases del partido así lo deciden. En efecto, el resto de candidatos se ha comprometido a apoyar a Trump si es nominado, mostrando su disciplina e identidad partidaria. Todo lo contrario sucede en el caso guatemalteco, en el que las elites de los partidos disponen quiénes serán los candidatos, y dejan fuera a otras facciones, que optan por armar su organización propia.

Tanto Trump como Morales son fenómenos políticos que responden a un creciente rechazo de la ciudadanía a la política tradicional. Sin embargo, la manera en cómo los sistemas políticos los han canalizado son diferentes. El sistema político estadounidense es más efectivo en este sentido, y podría ser un modelo interesante a implementarse en Guatemala. Sin democracia interna, los partidos políticos seguirán siendo organizaciones temporales, personalistas, incapaces de sobrevivir el paso del tiempo. ¿Podremos soñar con partidos totalmente abiertos? ¿Por qué no dejar que cualquier afiliado pueda postularse como candidato en una primaria abierta? Pensémoslo.

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