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Domingo

Jimmy y el rey Saúl


César A. García E.

Guatemala ha sido –desde siempre– un país sumamente religioso, lo cual no necesariamente, nos ha llevado –como sociedad– a actuar con decencia, valor, justicia y misericordia que sería lo esperable en gente que –mayoritariamente– profesa fe en Dios. Se dice que alrededor del 95 por ciento de la población es “cristiana” y justamente, en estos días, se viven los prolegómenos, para conmemorar la muerte y resurrección de Jesucristo. De ese grupo dominante, “creyentes” en las enseñanzas judeocristianas, gran parte, practica el sincretismo religioso, pues cree –además de en Dios– en la suerte, el horóscopo, los adivinadores, supersticiones, amuletos, la adoración a la tierra y a diversas deidades que –se dice– provienen de una cosmovisión maya ancestral. También
–una buena proporción de los “creyentes”– profesan auténtica devoción, a otros seres humanos que manejan poder y mucha riqueza o poder político… lo cual nos hace –desde una óptica lógica– una sociedad alienada y por ende, con magras posibilidades de avanzar.

Jimmy Morales y Jafeth Cabrera, se declararon –abiertamente– creyentes. Como lo hicieron sus antecesores, asistieron a diversos servicios religiosos de varios credos… para recibir bendiciones y oraciones, de parte de notorios líderes religiosos que se cuidan –infaltablemente– de estar cerca del poder… aunque cuando los “efímeros poderosos” caen, los mismos líderes religiosos
–comúnmente comerciantes de la fe– que les rindieron pleitesía… se alejan con gran prisa. Dudo mucho –por ejemplo– que quienes oraron por la pareja “Perezdetti” y les dedicaron todo un servicio religioso a ellos y no a Dios… hoy los visiten en la cárcel, ¿Para qué lo harían, si ya no pueden sacarles nada?

Jimmy Morales, declaró –con visible humildad– que Dios le había permitido llegar a gobernar, hizo votos –ante el pueblo– por honrar aquella gran oportunidad que no puede calificarse, sino de “sobrenatural”… porque hace un año, nadie daba cinco centavos por el entonces modesto actor, quien pertenecía a una clase media no –precisamente– acomodada y luchaba –con decencia– para salir adelante; en aquellos entonces, podría haber sido cualquier cosa… menos millonario o favorito para ganar la presidencia.

Lo cierto es que llegó, pero no a gobernar sino a obedecer los mismos esquemas de disfuncionalidad institucional… y a los mismos “patrones” que los rigen. Jimmy no nombró a sus ministros, sino se los impusieron y ahora está encapsulado, entre la adulación y los sabelotodo de siempre. En pocas palabras, el hombre laborioso, emprendedor, modesto y de familia, de hace un año… hoy está mareado –con más rapidez que sus antecesores– y su aturdimiento, sin duda se debe a la rosca maléfica que lo “maneja”, resultando patético notar que aquel actor que con vehemencia exclamó ¡Prefiero ser payaso y no títere!… se dejó colocar todos los hilos que “los muchachones” –a quienes él cándidamente hoy reconoce como “amigos”– le impusieron –muy probablemente– entre lisonjas, tragos y jolgorio. Jimmy está cercado, de eso hay pocas dudas y rinde culto –no al Dios a quien, en principio atribuyó su triunfo– sino a esos falsos diosecitos que han manejado el país –desde siempre– como si se tratara de su finca. Dejan a Jimmy tener arranques de bravura, vetando “cositas” e imponiendo a innumerables “amiguitos” como gobernadores, lo cual no implica poder real.

El pueblo de Israel –según relata la Biblia– se encontraba en un clima moralmente semejante al de Guatemala, en los tiempos cuando dominaba la teocracia y se regían “teóricamente” por la ley de Dios. Digo teóricamente, porque “el pueblo elegido por Dios”, vivía –justamente– en medio de un sincretismo religioso bárbaro. Aunque muchos creían en el único Dios, otros –en a ratos casi todos– adoraban a variopintas deidades; el principal y considerado “dios de dioses” era Baal, también conocido como “dios principal”, “dios de la tierra”, “de los elementos” etcétera. Esta deidad, no era judía, sino –básicamente– cananea y fenicia, pero fue el proceso de “transculturización”, el que hizo que los judíos se convirtieran en sus seguidores. Existían otros dioses como Asera o Astarot que se vinculaba a la sexualidad y fertilidad, por lo que favorecía el hedonismo. Quizá uno de los dioses más terribles –por el ritual que exigían sus sacerdotes– fue Moloc o Moloch, deidad cartaginesa y siria que se representaba como un torso humano con cabeza de becerro y cuyo interior –en su vientre hueco– se sacrificaban con frecuencia a los primogénitos, quemándolos vivos, mientras numerosos tambores opacaban los gritos del pequeño niño.

Pero el sincretismo religioso que promovía el relativismo, no era el único problema que tenían los judíos, en aquel tiempo; eran –además y como hasta ahora– asediados por enemigos de muchas tribus adversas. Los más importantes los Filisteos, guerreros que dominaron el uso del hierro en forma masiva, dentro de sus instrumentos bélicos. En ese entorno de angustia, muerte, confusión y desolación, los judíos –como sus enemigos– también quisieron tener un rey. No estaban ya conformes con la “Teocracia” que era ejercida a través de profetas y jueces, de modo que decidieron –como se diría hoy día– por un “Estado Laico”. Dios aceptó el libre albedrío de su pueblo y eligió –según el relato sagrado, contenido en la Biblia– a Saúl. El pueblo estuvo complacido, porque su rey era “diferente”, superando en altura, del cuello para arriba a todo el pueblo. La historia –no el mito– de Saúl, se desarrolla aproximadamente en el año 1050 antes de Cristo. Saúl obtiene una victoria pírrica –siguiendo las instrucciones de Dios– pero inmediatamente, se confiere el mérito a sí mismo y se levanta una imagen suya… una estatua, para celebrar “su” victoria. Convertido en megalómano –sin duda a causa de aduladores y muchas admiradoras por interés– sus yerros son sucesivos y jamás logra vencer a los Filisteos, lo cual si hace su sucesor, el icónico Rey David a quien se le debe la Maguen-David (estrella de David) que hasta hoy forma parte del pabellón de Israel. David fue un rey distinto, no sería muy vistoso, pero si fue aguerrido y lejos de solamente “predicar” sus valores morales y teológicos, los puso en práctica. Aunque La Sagrada Escritura no lo relata, no se le conoce “rosca” de malévolos que lo manipularan, ni tenía afán en convertirse en amigo de los “poderosos tradicionales” y menos en recibir sus adulaciones. Saúl fracasó miserablemente… David tuvo éxito rotundo.

Volviendo a nuestro caso –e intentando construir una analogía– el pueblo de Guatemala, acosado por el crimen, rodeado de interferencias amorales foráneas, en medio de un sincretismo religioso que promueve el hedonismo, la indiferencia, los milagros “en venta”, el consumismo y la amistad por interés –todo lo cual empobrece al alma y también al pueblo– buscaba a alguien diferente… y apareció Jimmy, vendiéndose como “ni corrupto ni ladrón”. De esa cuenta –contra todo pronóstico– Jimmy llegó a gobernar, con obvio desconocimiento de la cosa pública, sin equipo ni planes, pero con “aparentes” buenas intenciones y –muy importante– “sin la cola machucada”. Tuvo –como ninguno de sus antecesores– la oportunidad de poder “limpiar la mesa” y convocar a los mejores guatemaltecos, a los más valientes y capaces… pero rehusó hacerlo, se acopló –sin siquiera haber tomado posesión– al statu quo y presentó –como “equipo”– a gente con largas colas e intereses espurios que defender y obviamente impuestas, por quienes –hace tan solo un año– jamás le hubieran dado una cita a Jimmy Morales, pero hoy le hablan al oído y le dan órdenes, disfrazadas de “sabias sugerencias”.

Obvio, Jimmy se encantó rápidamente por el estilo de vida del jet set criollo y se siente –sin serlo– parte de éste. Más le valdría ver –con atención– a sus antecesores “títeres”, en el calamaco, a quienes tampoco sus “amigos del jet set” que los pusieron a gobernar, los visitan en la cárcel. Lejos de ello, los titiriteros de Perezdetti que probablemente serán los mismos de los de Jimmy, fueron pródigos en coadyuvar en su caída, señalándolos de “corruptos”. Pero los Perezdetti, no se volvieron corruptos en el ejercicio del poder, eran corruptos “de carrera” y sus titiriteros siempre lo supieron. Jimmy –ojo– los títeres, cuando no sirven, van al cesto de la basura… los titiriteros, compran nuevos títeres y siguen siendo “honorables” deidades en esta cosmovisión post moderna y decadente… son los “Asera”, “Moloch” y “Baal” de estos tiempos. Esto sucede porque ‘“mal paga el diablo a quien bien le sirve”’.

La historia y el final de Jimmy puede ser muy triste o puede ser feliz… todo dependerá de él, quien la escribe, como lo hacemos todos, con la nuestra. Lo que sí es –de momento– cierto, es que la sensación de “no tener presidente” nunca antes se había sentido tanto. No obstante, su prematuro desgaste, podría enderezarse y “solamente” necesita vestirse de valor y de decencia, pero no solo aparentar… sino “ser”. A partir de ello, si dejara de “actuar” en cada intervención, encarnando su personaje de presidente, buscando palabras que no conoce y tratando de ser políticamente correcto, si buscara –dentro de sí– al hombre que lo llevó a emprender tareas difíciles como tener un programa en una televisión subdesarrollada, por tantos años y hacer modestas películas, casi sin recursos. Si tan solo tuviese el coraje de cortar sus hilos y liberarse de sus titiriteros, podría tomar acciones –valientes– que provocarían un cambio en este dolorido país, donde seguimos sacrificando a nuestros pequeños a Moloc, solo que éstos mueren descerebrados… mueren en vida, un proceso mucho más doloroso y largo que las llamas. ¡Cuidado Jimmy! No fueron sus “nuevos amigos” los que lo pusieron allí, ¿Por qué rendirles pleitesía entonces?

No son los “honores” lo que lo hacen presidente, no son las adulaciones lo que lo hacen importante, no es lo que tome o coma, lo que lo reviste de respeto… todo eso se logra –solamente– por el “bien hacer” y NO por “el bien decir”. El pueblo –quien lo eligió– sigue padeciendo de los males que Usted ofreció solucionar, pero que olvida, mientras se solaza con sus “nuevos amigos”. Guatemala no aguanta más presidente, deje su jaula de oro, escápesele a la “rosca”… huya a por sus hijos, herédeles un nombre del que se sientan orgullosos y legue algo positivo a la historia de este timado país. Nadie espera que haga milagros, solo que actúe con la virilidad y decencia que exigen las circunstancias.

Finalmente piense en el Dios que dice creer, Él dice que ‘“como la siembra será nuestra cosecha”’. Si ya se olvidó de Él, piense como hinduista en “El Karma”, o si quiere ser ateo –como está de moda– piense como físico en “La ley de la acción y la reacción”… pero sepa que todo lo que haga o deje de hacer, tendrá gratas o infaustas consecuencias. ¿Qué camino debe tomar? El que luzca más difícil, ¿Qué amigos debe elegir? Los que lo saquen de su zona cómoda ¿Qué juntas debe evitar? Las de los lisonjeros y sabelotodo… las de los “cuetes quemados” que hoy lo gobiernan, mientras usted desgobierna ¡Piénselo!

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