Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Domingo

¿La edad media o la modernidad?

Paul Boteo
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 06-03-16
fotoarte Víctor Matamoros > El periódico
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Una proporción importante de la población en Guatemala aún vive en circunstancias más parecidas a la Edad Media que al siglo XXI. Todavía no se logra una cobertura educativa del cien por ciento a nivel primario, lo que nos indica que en plena era de la tecnología, varios miles de niños ni siquiera podrán leer y escribir en la edad adulta. Una auténtica tragedia humana, porque esto limitará gravemente sus posibilidades de desarrollo y movilidad social.

El panorama se complica, si se considera que somos uno de los países menos urbanizados de América Latina. Solo el 51 por ciento de la población guatemalteca reside en una área urbana, mientras que el promedio de América Latina es de 80 por ciento. En países como Uruguay, Argentina o Chile, más del 90 por ciento de la población vive en sitios urbanos.

Uno de los signos distintivos de los países avanzados es la concentración de la población dentro de las ciudades. La transición de la ruralidad hacia lo urbano en estos países estuvo íntimamente ligada a su proceso de desarrollo. Los países pobres, como los países europeos antes de la Revolución Industrial, producen principalmente bienes agrícolas, con una proporción importante de su población viviendo en el campo; mientras que los países avanzados fabrican productos industriales o bien son economías de servicios, con la mayor parte de su población viviendo en las ciudades.

Hoy en día los sectores económicos más dinámicos sin duda están íntimamente ligados a la tecnología. Las empresas de tecnología se están posicionando como las más grandes del mundo. Eso no implica que la agricultura haya sido dejada de lado en los países avanzados. Algunos de estos países son altamente productivos en ciertos productos agrícolas, ocupando grandes extensiones de tierra y utilizando maquinaria sofisticada. Pero aún así, la agricultura no representa una proporción importante dentro del PIB y ocupa a una proporción muy pequeña de la fuerza laboral.

El proceso de desarrollo, entonces, necesariamente conduce hacia la urbanización de los países, la producción agrícola a gran escala y altamente tecnificada, la profundización de la industrialización y finalmente hacia la producción de servicios y productos tecnológicos. Es parte del proceso que han atravesado los países avanzados.

Guatemala claramente está muy lejos de este proceso de transformación. Un tercio de la fuerza laboral está ocupada en la agricultura, principalmente para el autoconsumo; y buena parte de la población vive en pequeñas comunidades esparcidas en las montañas, muchas veces desconectadas de los centros urbanos, a donde es difícil llevar servicios básicos.

Ante esta realidad, la propuesta de ciertos grupos de la sociedad es profundizar el modelo de producción agrícola a pequeña escala. Algunos todavía piensan que la repartición de tierras es la solución para el país. Como si estuviéramos anclados a la Edad Media, en donde el 80 por ciento de la población vivía de la agricultura, se continúa considerando que promover pequeños emprendimientos agrícolas nos conducirán al desarrollo.

Sin embargo, la historia del desarrollo de los países nos indica que Guatemala tiene que apostar por la urbanización y por procesos de producción de alto valor agregado. Las ciudades son vitales para el desarrollo, ya que facilitan el acceso a servicios básicos, como salud, educación y transporte; y también permiten procesos productivos más sofisticados.

Lamentablemente solo la ciudad capital ha sido el gran centro urbano del país. Y ha tenido un proceso de crecimiento desordenado, con círculos de pobreza que han sido el caldo de cultivo perfecto para la violencia y el crimen. Por esta razón, es necesario que se desarrollen ciudades en otras regiones del país, lo que permitiría el acceso a fuentes de empleo a tantos jóvenes que hoy están sin esperanza. Decirlo, es mucho más fácil que ejecutarlo. Pero por lo menos, nos deberíamos poner de acuerdo hacia dónde dirigir nuestros esfuerzos.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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