Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Domingo

La importancia de la educación sexual

Fecha de publicación: 21-02-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Sin-título-1Edelberto Torres-Rivas

La discusión sobre la Ley de la Juventud ha planteado de nuevo un problema ya resuelto: la importancia de la educación sexual. Ha sido importante siempre y lo es más ahora, tener una buena educación sexual. En el presente, ello es más necesario por varias razones: porque vivimos en un mundo globalizado, comunicado a través de mil maneras y se tiene información sobre sexualidad de forma abundante y a veces hasta exagerada. La información sobre el sexo y todos los temas que giran alrededor suyo, requiere lectores capaces de asimilar de la mejor manera, en provecho de la persona y de su salud, todos los datos que se quieran obtener. Una segunda razón es que una buena cantidad de trabajos sobre la vida sexual, sus oportunidades y riesgos, no viene de fuentes respetadas, científicas, sino de comerciantes y gentes que vuelven feria de vicios todo lo relacionado con el tema. Una tercera es que hoy día más que antes, las enfermedades que se relacionan con el sexo han aumentado considerablemente. Hace 35 años no había en Guatemala pacientes de VIH-Sida, hoy día hay más de 30 mil infectados y la transmisión continúa.

Es mejor saber que ignorar. La juventud sobre todo tiene el derecho a saber cómo una vida sexual equilibrada, sana, sin prejuicios, puede ser fuente de satisfacciones que enriquecen la vida social; y no puede ignorar los riesgos, muchos de ellos graves, en que puede caer de no estar avisado de ellos. También hay otra dimensión en que un mínimo de información sobre la vida sexual puede ayudar a tener una vida plena. En Guatemala, son millares las jóvenes que quedan embarazadas anualmente, sin saberlo, sin quererlo y se convierten en madres cuando no tienen ni la edad, ni los recursos, ni los deseos para serlo. Este problema tiene otra dimensión, la criminal conducta de los adultos (casi siempre parientes) que violan a niñas sin defensa. Hay un margen, sin embargo, en que nociones elementales de información sexual algo pueden ayudar, el hecho de hablar de ello puede liberar a alguna de una vida de violencia sexual.

La educación sexual es urgente que se organice, forma parte de la secularización que se produce en la modernidad. Algunos datos elementales ayudan a apreciar la magnitud del problema: según las Encovi, interrogadas sobre el conocimiento y uso de métodos anticonceptivos 52.4 por ciento de mujeres de 15 a 49 años de edad, en el ámbito nacional en el año 2000, declararon conocer o haber oído hablar de al menos un método para evitar el embarazo. En el 2006, fueron el 79 por ciento y en el 2011, el 70 por ciento de las mujeres dijeron tener información. Interrogadas sobre el uso por lo menos de un método para no embarazarse, el 51.5 por ciento indicaron hacerlo (2000), el 44.5 por ciento (2006) y el 41.9 por ciento (2011). La Ensmi de 2008/09 reporta que el 96.6 por ciento de los hombres tenían conocimiento por lo menos de una forma para evitar el embarazo, sin embargo no es así de alto su uso.

La Tasa Global de Fecundidad (TGF) ha sido muy alta en Guatemala, propia de sociedades atrasadas. Todavía en 1987, esta era del 5.6; es decir, las mujeres guatemaltecas tenían como promedio 5.6 hijos, mientras que las sociedades desarrolladas, aplicando políticas de población apropiadas, tenían tasas del 1.9. Para
1998-99 la tasa bajó ligeramente a 5.0; en 2002 el promedio fue de 4.4; para los años 2008/2009 fue de 3.6 y el 2014-2015, de 3.1[1]. La madre guatemalteca podría tener ya solo dos hijos como promedio. Ello corresponde a las expectativas del desarrollo y de la modernidad, pero eso solo se logra con mayor educación como se ha comprobado.

Es importante reivindicar el derecho de la mujer y/o de la pareja a tener el o los hijos que quieren, o no tener. Constituye una tremenda irresponsabilidad, hoy día, tener hijos que no se desean, aceptarlos como una fatalidad, considerarlos como un hecho natural, como un error. La norma científica establece como un acto voluntario, razonado, planificado, traer a este mundo solo los hijos que se quieren. Nadie más puede intervenir en el hecho trascendental de ser madre o padre, de saber la tremenda responsabilidad que constituye un hijo. Hoy día hay formas, métodos, medicamentos, que permiten asumir el supremo derecho a ser madre o padre, o no serlo, o bien aquí y ahora. La casualidad no es excusa.

No hay razones válidas, cualquiera que sea su origen, que se oponga a este rasgo de progreso cultural: el sexo no es pecado, forma parte de nuestra naturaleza, a la que debemos respetar.

1.- ENSMI de cada año citado.

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