Martes 26 DE Marzo DE 2019
Domingo

¡Bajen el telón!

Fecha de publicación: 21-02-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Sin-título-3César A. García E.

Guatemala es un país bellísimo, es imposible no enamorarse de todo lo que no hemos construido y tenemos la dicha de tener, tal el caso de sus variados climas y microclimas, su topografía, su paisaje y cuantas cosas más que Dios tuvo la bondad de ofrecernos. La gente chapina también es “buena”, somos personas –en términos generales– afables, educadas (aunque se carezca de educación formal) y “bonachona”. ¿Podemos decir que los chapines somos buena gente? Sin dudarlo y quien lo dude está expuesto a la crítica despiadada, por ser “políticamente incorrecto”. Así las cosas quien critique los entretelones pestilentes y mohosos que nos mantienen a la zaga de la civilización, como el país con mayor desnutrición crónica infantil de Latinoamérica y el tercero en el mundo, quien proteste por el circo en que nos empeñamos –con la venia de la comunidad internacional– en aplaudir y en que se han convertido nuestras instituciones, es visto como “mal guatemalteco”, “negativo” y –quién sabe– hasta “traidor”.

La sociedad guatemalteca, se fue convirtiendo en hipócrita, poco a poco y hasta que la falsedad invadió sus tuétanos; tomó la ruta de lo “políticamente correcto”, como sinónimo de verdad o virtud. De esa cuenta, el juicio crítico aquí está proscrito. Cuando alguien cuestiona la disfunción institucional que marca al país e incluso propone un camino distinto… es tachado de “inconforme crónico, por no gustarle nada” o de “anti sistema”. Conozco –por los años y por trabajo– a muchísima gente, la mayoría podríamos ponerles el apelativo de “buena gente”, entendiéndose como tales quienes cuidan a sus hijos, trabajan honradamente y son de buen trato… la mayoría de ellos piensan, allí empieza y termina su obligación ciudadana. Mucha de esa “buena gente”, expresa –discretamente en su círculo– su malestar por el desgobierno, por la corrupción y por la transa que –bien saben– empobrece, avasalla y significa cientos de asesinatos de gente inocente y muchas extorsiones –diarias– que fustigan a pequeños emprendedores y dejan viudas a muchas guatemaltecas de bien, así como –desamparados– a sus pequeños hijos… familias que aprenderán –por la malas– que la “buena gente” es también, la más indiferente. Mucha “buena gente” me repite, de forma parsimoniosa y educada ‘¡Hay que dejarlos trabajar vos César, llevan apenas un mes!’ Esa aseveración es tan triste que –en primer lugar– le confiere a un columnista con pocos seguidores (como todos, porque a la gente en este país no le gusta leer sino chismear) el poder de impedir el trabajo de las autoridades ¡imagínense que absurdo! En segundo lugar las ínfulas con la que se declara “hay que dejar que trabajen”, hace sentir al declarante, señor feudal y a las autoridades sus lacayos ¡imagínese, más absurdo!, porque son lacayos y esbirros de algunos… de los de siempre, “los muchachones”, no de los “buena gente”.

Dentro del grupo de la “buena gente” que conozco, hay muchos indiferentes, también varios queridos amigos (no muchos porque la amistad no es algo barato, sino un tesoro). Pero algo tienen en común, casi todos, los “buena gente”… son indiferentes, piensan que las cosas se arreglarán solas y su escala de valores es dominada –muy a mi pesar– por lo “políticamente correcto”. Gente con rigurosos principios, muta, ante mis –incrédulos– ojos, en tolerantes y hasta amigos de los inescrupulosos y llego a notar –sin poder procesarlo– que realmente les da lo mismo que el país se hunda, se pudra, sucumba o se vaya al diablo. Esa es la “buena gente”, la que acude al circo y lo aplaude; la que toma actitudes tan trágicas como pensar que las cacaraqueadas –por los hampones del Congreso– “Reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos”, lo arreglarán todo y garantizan pulcritud de ahora en adelante… sin percatarse –los “buena gente”– que morirán viviendo a costillas de nuestros impuestos, los mismos sinvergüenzas de siempre, quienes han drenado el erario público –“de todos”– mediante el empleo de toda su parentela en el Congreso y también en variopintas entidades del ejecutivo. Ahora “ya no se vale”… ¿y lo que se robaron? Eso “no importa”, piensan los “buena gente” y siguen aplaudiendo el circo; me pregunto ni CICIG y el MP pensarán igual… espero que no. También se ponen de pie y aplauden, porque ‘“Qué bueno que ahora el Presidente ya no podrá deponer de su cargo a la jefe del MP”’, pero no se paran a pensar, que –aunque hoy es bueno– si estuviera un gánster a cargo, en lugar de la fiscal Aldana, ¿sería bueno? Los “buena gente” compran el boleto impreso por los circenses del Congreso, aplauden sus argucias y se sienten dignos. El Congreso está dando patadas de ahogado, porque está colapsado… y lo mejor sería cerrarlo de una vez por todas y empezar de nuevo. Quizá alguno de “los buena gente”, hasta presuma en alguna reunión, sobre su “Poder e influencia” sobre gentuza que lleva viviendo de la teta del Estado, a base de endeudamiento que terminarán pagando sus bisnietos o de su “profunda amistad” con “los muchachones”, quienes no entienden el país –gestionado como finca bananera– ya no es viable y punto.

Los buena gente, aplauden también las parodias de honrado del Presidente Morales: ¡Qué bueno que dona el sueldo!, ¡Magnífico que mandó a la porra a un alcalde que osó contradecirle, Jimmy lo mandó a trabajar!, ¡Qué bueno que está haciendo “visitas sorpresa” a escuelas y centros de salud!, etcétera. Pero todo eso es circo, todo es payasada, todo se trata de acciones fatuas y de forma… que no arreglan nada. Mientras “los buena gente” y quienes –contrario a lo que yo hago– “dejan trabajar al Presidente”, todos los días sucumben ante balas asesinas, sencillos tenderos, laboriosos panaderos y humildes choferes de camioneta, a quienes –en una hipócrita vindicación de forma– se les llama “pilotos”… pues se escucha mejor. Ante el río de sangre y mugre que penetra nuestra tierra y surge de la incompetencia del Ejecutivo, de la corrupción ancestral del Legislativo y de la obediencia del Judicial, para solo atender casos de “alto impacto”, de forma pronta y cumplida… miles de viudas siguen llorando, miles de huérfanos sufren la ausencia de su padre, cientos siguen –contra derecho– encarcelados sin llegar a un juicio… y miles de compatriotas siguen viajando al norte, en la esperanza de hallar una vida mejor. Un millón de niños desnutridos crónicos pierden su cerebro y sus oportunidades de encontrar el camino del aprendizaje y la ruta del éxito.

Ser “buena gente” en este país, es sinónimo de ser pusilánime, indiferente, de adaptarse a los dictados de foráneos que nos dicen qué hacer y porqué ruta transitar, de aceptar la ambivalencia como norma de vida y de despreciar el pudor, la virtud y el valor que nos podrían llevar a cambiar el drama nacional… si tan solo la “buena gente” se involucrara, no en la sucia política partidista, reservada para los criminales y mitómanos, sino en actos de coraje que requieren gritar ¡Basta bajen el telón, empiecen a trabajar! y purgar a los corruptos que nos mantienen sometidos y asisten a clubes y cocteles, para codearse con la “buena gente” a quienes –en su fuero interno de chacales– juzgarán, mientras les dan un sudado abrazo “de cachetío” de mansos ingenuos… porque en realidad lo son. ¿Soy anti sistema? ¡Por supuesto!, este sistema es un fraude, el Congreso es un circo y la institucionalidad está en manos de bufones que usted y yo patrocinamos… y encima debemos reverenciar ¡Por favor! ¡Piénselo!

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