Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Jimmy agarró onda ¿y Usted?

Fecha de publicación: 14-02-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Sin-título-6César A.  García E.

“Agarrar onda”, es una expresión que –en lo personal– siempre me ha parecido desagradable, ello porque tiene –y ha tenido desde que recuerdo– connotaciones negativas. El adolescente que no quiere beber licor o fumar monte, es señalado –como mínimo– de “no agarrar onda”; la niña que despierta a la pubertad, no se deja manosear y cuida su virginidad –como un tesoro– “no agarra onda”; el funcionario público –que a cualquier nivel– no se deja sobornar “no agarra onda”; quien exige respeto, a un grupo de patanes que profieren obscenidades en una reunión o un restaurante, “no agarra onda”; quien prefiere la verdad en lugar de la lisonja “no agarra onda” y quien da su opinión sincera, en lugar de seguir al rebaño “no agarra onda”. Así las cosas, “agarrar onda” es propio de gente con problemas de autoestima, sin capacidad y sumamente insegura.

“Agarrar onda”, significa adaptarse a un sistema corrompido y decadente que conduce a la desgracia y cuyo destino es la miseria humana y la aniquilación de la familia y la sociedad. Significa renunciar a los escrúpulos, ignorar los valores sembrados en nuestra conciencia y eludir –desde luego– el “bien hacer”, sustituyéndolo por el “hacer fácil”. La ruta del “bien hacer”, es sinónimo de no agarrar onda; implica esfuerzo, tenacidad, perseverancia y ejercer los valores que uno dice tener. Los valores no sirven de nada, al menos que se pongan en práctica, llevándonos a actuar conforme a sus dictados, y el ingrediente para hacerlos accionar –contra quienes exigen que “agarremos onda”– es el valor. Son los arrestos, la frontalidad, la contundencia, en los hombres (entendido como género humano), lo que los hace notables… no las palabras, no “la paja”. Hablar todos podemos… mejor o peor, con mayor o menor parsimonia y adornos, con mayor elocuencia o torpeza… pero todos podemos. El insigne compatriota, Efraín De los Ríos, escribió el libro “Ombres contra Hombres”, evidenciando el significado la ausencia de la “h”, como un símbolo de los seres humanos empoderados que sometían, torturaban y aplastaban a los disidentes –de pensamiento– en la sociedad de sus tiempos (años treinta). El entorno de la obra es la desaparecida Penitenciaría Central de Guatemala que se instalaba, donde se construyó y ahora se ubica la “Corte Suprema de Justicia”… pareciera que los demonios de aquel lugar –espantoso y sangriento– pululan dentro de la cosa pública aún, e invitan a la sociedad “civil”, sindicatos y a muchos empresarios y académicos, a alinearse y “agarrar onda”… la mayoría de la prensa ¡ya se apuntó!… Hace rato y les ha significado –aunque sucio– un magnífico negocio.

Guatemala ha tenido una colección de presidentes –entre mediocres y malvados– varios de ellos “valientes” de palabra, “implacables con los malos” de palabra, “trabajadores incansables” de palabra y “buenos” de palabra. Basta recordar “la valentía” del ladrón confeso y asesino Portillo, la “generosidad” del pusilánime Berger, o “la bondadosa sensibilidad social” de Colom… sin olvidar “Los gabinetes de todos los domingos y el trabajo de 24 horas” tantas veces cacaraqueado por la pareja “Perezdetti”… a quienes “no les temblaría el pulso contra los criminales”. Más próximo no nos olvidemos de las palabras que llevaron al éxito a Jimmy… “ni corrupto ni ladrón”. Le aclaro presidente, a usted que le gustan los dichos, las moralejas y los refranes: ‘“Hechor y consentidor… pecan por igual”’.

Jimmy está claro que “agarró onda”, cree –como sus antecesores– que el compromiso adquirido, se trata de “güirigüiri” y de “hacer todo lo que la ley no prohíbe”. Lástima porque la patria –en la condición en que está– requiere arrestos y el concurso de los mejores… no de los mismos; lástima porque tuvo en sus manos una victoria –sobrenatural– que lo comprometía con su pueblo y a él se le olvidó más rápido que pronto. Ahora –su bancada– también “agarró onda”; las promesas, las convicciones y los “consejos de mamá” que nos garantizarían la pulcritud del presidente, se fueron al inodoro y fueron sustituidos, por vida de jet set, nuevos amigos “poderosos” y adulaciones que recibirá a granel… no se da cuenta Jimmy que –de no despertar de su sueño cómodo de poder aparente– pasará a la historia como un pusilánime más, sin la aprobación de sus hijos, de su conciencia y –lo más importante– de su pueblo.

Pues bien, ya sabemos cómo son los políticos, sabemos de sus principios y valores construidos con papel toilette… pero ¿Y nuestros valores?, ¿y nuestro valor?, ¿y nuestra patria?, y ¿Nuestros hijos y nietos?… ¿Y nuestro espejo que nos dice?, ¿Somos cobardes o valientes?, ¿Tenemos valores sin valor, es esto posible? Por doquier me encuentro a gente que me felicita por mis escritos, gente que “apoya” los conceptos aquí esgrimidos… pero del diente al labio. El jueves, un tipazo, a quien me encontré saliendo de mi terapia de rodilla y no veía hace unos 25 años me dijo ‘“¿Nos ahuevamos verdad César?”’… ¡Tristemente sí! Le respondí. Le cuento preciado lector mi invitación para sumarse a la lucha por abonar en el aseo –urgente– del Congreso, a la cual expuse e invité hace ocho días, tuvo eco en una decena de personas… el resto, seguirá “agarrando onda”, y por supuesto mandando WhatsApp y correítos con opiniones ideológicas de terceros, protestas de papel y otras cosas que solo sirven para ocultar a los cobardes e indiferentes hijos de la patria… que se sienten “buenos” ¡Piénselo!

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