Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Interpretaciones sobre el cambio político en Guatemala. Las lecciones de 2015. (Parte IV)

Fecha de publicación: 14-02-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico
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Manolo E. Vela Castañeda manolo.vela@ibero.mx

El ciclo de movilización social, que analizamos en el artículo anterior, convergió con la coyuntura electoral. El 2 de mayo se dio la convocatoria a elecciones, y el arranque de las protestas tuvo lugar el 25 de abril, nueve días después de la conferencia de prensa donde se destapó la trama de corrupción liderada por el presidente del país. Pero para mayo los partidos llevaban ya largo rato ejecutando sus estrategias de campaña (candidatos, eslóganes, estructuras territoriales, financiamiento, entre otros).

En febrero las encuestas partían el voto en tres: Baldizón (41 por ciento), Sinibaldi (18 por ciento) y Torres (12 por ciento). Manuel Baldizón, del partido Lider (Libertad Democrática Renovada), fue el segundo lugar en la elección anterior (2011) y tuvo la primera mayoría en el Congreso; Alejandro Sinibaldi era el candidato del Partido Patriota, el partido en el gobierno. Y Sandra Torres, era la candidata de la UNE (Unidad Nacional de la Esperanza), un partido que, entre 2008 y 2012, había hecho gobierno.

El primer reacomodo de fuerzas se iba a dar después de que Sinibaldi, el 19 de abril, anunciara su salida de la carrera por la presidencia. Con ello, se pensó, la contienda electoral quedaba acotada a un juego entre dos: Baldizón y Torres. Pero la historia no iba a ser así.

De forma sorpresiva en la encuesta de junio el nombre de un nuevo candidato empezó a aparecer: Jimmy Morales (diez por ciento). Ese fue el primer momento en el que, quien iba a ser el candidato ganador, empezó a estar en el radar de fuerzas políticas. Baldizón (35 por ciento), hasta ese momento, parecía que le iba a ser posible mantener el ritmo durante el tiempo que faltaba para llegar a la primera vuelta (6 de septiembre); en tanto que Torres (13 por ciento) empezaba a sentir que el pase a la segunda ronda no estaba asegurado. Debido a los días en que fue aplicada –del 21 al 28 de mayo– esta encuesta midió el efecto de la salida de Sinibaldi (pasó de 18 a 7 por ciento) y los reclamos de una ciudadanía indignada por los actos de corrupción. Así, la encuesta de junio –a tres meses de las elecciones– marcó tres tendencias: 1la caída de Baldizón; 2el estancamiento de Torres; y, 3la aparición de Morales; no podía saberse –hasta ese momento– cuál sería su movimiento, si continuaría subiendo, o descendería, porque ya había alcanzado su límite de crecimiento. Esto es lo que iba a resolverse en la siguiente medición, que fue levantada hacia finales de julio, cuando, con el 15 por ciento de las preferencias, Morales se hizo con el segundo lugar . Y así iba a seguir, creciendo, hasta la segunda vuelta (25 de octubre). La caída de Baldizón, por cuestiones de espacio, no podemos analizar entrar a analizar aquí.

Apoyado por un partido fundado por militares retirados, Morales es un actor y comediante, que en la elección anterior (2011) había sido candidato a alcalde del municipio de Mixco, donde ocupó el tercer lugar. En Morales coincidieron una serie de características verdaderamente excepcionales, difíciles, si no es que imposibles, de volver a reunir. Morales supo construir una idea de outsider de la política y ello se combinó –por sus programas de comedia en los canales de televisión abierta– con una gran exposición en los medios de comunicación. Para la gente era un outsider, pero además, alguien muy conocido. Su perfil profesional, como actor, le brindó elementos para afinar su presencia, su tono de voz, sus gestos. Su discurso en los mítines, donde alternaba chistes, y contaba historias, era sencillo, y lograba conectar con la gente. Morales era un buen candidato.

Inició su campaña presentándose como alguien externo a la política, con un discurso vago que hacía uso de la idea de nacionalismo, que invitaba a abatir la indiferencia ciudadana frente a los problemas del país. Desde entonces empleaba frases del himno nacional y del juramento a la bandera. Hasta allí, la idea de la lucha contra la corrupción no figuraba en el centro de sus mensajes. Pero en mayo su cuenta de Twitter pasó de mil (en abril), a cien mil seguidores. Fue en ese momento cuando Jimmy Morales, el actor, se convirtió en Jimmy Morales, el candidato ganador. El nivel de adhesión que se registró provocó un reacomodo en su estrategia, lo que implicó cambiar el slogan de su campaña. Y fue así como surgió el “ni corrupto ni ladrón”. Este cambio puede corroborarse, comparando los spots: “Jimmy Morales responde… ¿Por qué estoy en política?” http://bit.ly/1V9LJf4 y “La indiferencia…” http://bit.ly/1QwZKQ2, producidos antes del reacomodo y “Te apuntas? http://bit.ly/1LlsRnL Pero ¿Y la estructura? su alianza con militares, su discurso religioso, evangélico, su cortejo a los guatemaltecos migrantes en Estados Unidos, y el descalabro del Partido Patriota, coadyuvaron para que Morales construyera una estructura organizativa.

Y así, este conjunto de circunstancias, hizo que la gente llegara a creer que con él el cambio podía hacerse realidad.

En el siguiente artículo –y final de la serie– analizaremos cómo ha sido Jimmy Morales en la acción de gobernar.

Gracias al apoyo de Geovanni, y Fidelina, en el sitio https://www.researchgate.net/profile/Manolo_Vela_Castaneda podrán hallar copia casi todas las columnas que en estos tres años he publicado en este medio.

1.- Contrapoder, Encuesta de Borge y Asociados, febrero de 2015.   2.- Contrapoder, Encuesta de Borge y Asociados, junio de 2015.   3.-  Contrapoder, Encuesta de Borge y Asociados, agosto de 2015.

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