Martes 18 DE Junio DE 2019
Domingo

La democracia es un medio, la República es el fin

María Alejandra Morales
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 07-02-16
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

Dentro del estudio de la ciencia política algunos analistas se han inclinado por trazar una división entre la definición de la República y la Democracia. En este sentido, ambas son consideradas como sistemas de gobierno. Sin embargo, este enfoque desconoce la compatibilidad que entre ambos conceptos puede existir, pues en la práctica son complementarios. La democracia puede entenderse como un mecanismo que facilita la participación de los ciudadanos en las decisiones públicas; es decir, los métodos democráticos son una herramienta que permite contar con un sistema representativo, asimismo, legitiman el actuar y funcionamiento del gobierno.

El imperio de la ley, el fortalecimiento institucional y la dispersión de poder son algunos de los conceptos que el autor Phillip Pettit presenta en su libro Republicanismo. Los mismos son elementos esenciales para que un sistema republicano pueda funcionar. El primero, se refiere al respeto del Estado de Derecho y la obediencia de las normas que regulan al Estado, y a los ciudadanos, por sobre todas las cosas. Nadie es superior a la ley, pues la misma contempla conceptos de aprobación universal y es el medio más efectivo para frenar la arbitrariedad de los gobernantes, así como regular la conducta de los gobernados. El segundo, trata la importancia de contar con órganos de gobierno independientes, imparciales y que alcancen de manera eficiente y efectiva sus objetivos. Por último, la dispersión de poder demanda la existencia de frenos y contrapesos, en todos niveles, que garanticen que el actuar de los servidores públicos no recaiga en arbitrariedades que se distancien del objetivo de fortalecer las instituciones y trabajar por legitimar las mismas. Lo que se pretende es evitar que el poder se concentre en una persona, un funcionario o una institución en particular.

El involucramiento y la participación de los ciudadanos también cobra mucha importancia dentro del sistema republicano. Esta no se ejerce únicamente a través de los métodos democráticos. La conformación de la sociedad civil entendida como la organización ciudadana con fines de participar de las decisiones públicas –así como la responsabilidad de convertirse en vigilantes constantes del actuar de sus gobernantes y el funcionamiento institucional–, es otro de los factores fundamentales que hacen a una República funcional.

La caracterización realizada por Phillip Pettit para trazar los principios de la república necesariamente nos lleva a la evaluación del funcionamiento de nuestro sistema de gobierno. Guatemala, según se establece en el Artículo 140 de la Constitución Política, cuenta con un sistema de gobierno republicano, democrático y representativo. No obstante, su estructuración y funcionamiento se encuentran regidos estrictamente por los ideales del republicanismo. Por su parte, la democracia es una forma de gobierno no un sistema. Por ello, los valores republicanos debieran regir no solamente la convivencia entre ciudadanos, sino más importante aún, ser practicados dentro de las instituciones que componen el Estado.

Las virtudes que nos ofrece la República no se viven ni practican en el gobierno guatemalteco. Como un ejemplo ilustrativo podemos observar la elección de Magistrados de Corte de Constitucionalidad que actualmente se está llevando a cabo. La poca aplicabilidad de los valores republicanos se evidencia en este caso, pues a la luz queda la falta de independencia de poderes, el irrespeto de la ley, el desinterés ciudadano respecto del actuar de los gobernantes y, sobre todo, se evidencia la falta de compromiso que existe para lograr el fortalecimiento institucional.

Desde mi punto de vista, la designación de estas magistraturas es aún más importante que las elecciones generales efectuadas en 2015, pues la Corte de Constitucionalidad se ha convertido en el árbitro final de la toma de decisiones políticas y no solamente jurídicas en el país. La llegada de personas no idóneas a tan altos cargos podría provocar un retroceso fatal en los logros obtenidos el último año. Una República no puede sobrevivir si las distintas instituciones se encuentran cooptadas por intereses que promuevan la dependencia, la iniquidad y la corrupción.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.



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