Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Domingo

El despertar ciudadano, ¿una pesadilla para la democracia?

Jonatán Lemus
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 10-01-16
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En su libro Democracia interrumpida el politólogo búlgaro Ivan Krastev describe algunas características de las protestas ciudadanas que han surgido alrededor del mundo. Krastev las visualiza como movimientos sin ideología ni proyecto político, sin liderazgos visibles ni organización formal, que rechazan el sistema de partidos políticos y en algunos casos, el sistema económico. Estos movimientos iniciaron a partir de la crisis financiera global de 2008 y se han dado en países con realidades distintas. Desde países como Estados Unidos e Inglaterra, hasta países como Egipto y Tailandia, el “despertar ciudadano” se ha dado en más de 70 países durante los últimos siete años.

En 2015 Guatemala se unió a la lista de naciones en las que los ciudadanos salieron a protestar a las calles, con un movimiento muy similar a los de otros países. En el caso particular guatemalteco, se demandó la renuncia de la vicepresidenta, Roxana Baldetti, y luego la del presidente Pérez Molina. Todo esto sin violencia de parte de los manifestantes y sin represión de parte del Gobierno.

Esto ha sido motivo de regocijo en nuestro   país, pues ha generado cierto optimismo sobre el involucramiento ciudadano en el quehacer público. Sin embargo, Krastev tiene una perspectiva un tanto negativa sobre estos movimientos en el mundo. El politólogo argumenta que las protestas no son una muestra del “triunfo de la democracia” sino del rompimiento, en especial de las clases medias, con la democracia, los partidos políticos y el Estado. Más que involucramiento en lo público, las protestas reflejan la desconfianza en las instituciones democráticas.

Siguiendo el pensamiento de autores como Pierre Rosanvallon, el autor observa la consolidación de la “democracia de rechazo”, no de un movimiento político democrático con una agenda clara. Desde su perspectiva, a diferencia de las revoluciones y movimientos políticos del pasado, en la actualidad los ciudadanos no tienen claro qué esperan del Estado, más bien, el único objetivo común es “supervisar” la actuación de los gobernantes y salir a las calles siempre que sea necesario. Esto genera una dinámica de constante oposición, pero pocos acuerdos.

No cabe duda que lo descrito por Krastev para casos como Bulgaria, Tailandia o Turquía, aplica para analizar los tiempos que vivimos en Guatemala. La llegada de Jimmy Morales al poder es un reflejo de las características del movimiento ciudadano: sin proyecto político, sin liderazgos fuertes, sin organización formal, marcado por el rechazo a la clase política y la corrupción en el Estado.

Esto, según Krastev, podría tener consecuencias negativas. La falta de proyecto político generaría una dinámica en la que la ciudadanía rechaza absolutamente todo, pero sin tener clara una alternativa. En el caso de Guatemala, ya hemos visto síntomas de esa tendencia. Por ejemplo, el nombramiento de funcionarios se ha convertido en una decisión sumamente desgastante. Los gobernantes ahora se enfrentan a un escenario de mucha hostilidad, en el que existe una urgencia por cambiarlo todo, pero aún no se sabe con qué.

El riesgo más grande de esta nueva dinámica es una parálisis del Estado, yuxtapuesta con demandas de más servicios públicos e inversión. Los funcionarios públicos, aun los bien intencionados, tendrán pocos incentivos para emprender iniciativas necesarias pero poco populares. Por su parte, la falta de resultados en el cumplimiento de promesas generaran desgaste que alimentará aún más el descontento.

El despertar ciudadano, con todas sus bondades, podría resultar convirtiéndose en una pesadilla para la democracia representativa en el mundo. Esto hace necesario el surgimiento de líderes políticos que puedan balancear el manejo del Estado, a la vez que puedan generar confianza y esperanza en el ciudadano. Este será el gran reto político del próximo presidente Jimmy Morales.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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