Jueves 21 DE Noviembre DE 2019
Domingo

Escenarios

Análisis de Coyuntura

Fecha de publicación: 22-11-15
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

IPN-USAC

Instituto de Problemas Nacionales / Universidad de San Carlos

Guatemala arribará a 2016 con las finanzas públicas en bancarrota y sin una estrategia viable sobre cómo salir del atolladero, pero con un nuevo gobierno, ciertos órganos de control sacudidos tras una larga modorra y la ciudadanía mucho más dispuesta a ejercer su poder de auditoría social. Bajo esas premisas Ipnusac propone tres escenarios y un “cisne negro” para el próximo año.

1.

“Mirame y no me toqués”. Las elites que inciden en la gobernabilidad son conscientes de la fragilidad del sistema. Implícita y explícitamente acuerdan llevar “en andas” al gobierno encabezado por Jimmy Morales, lo cual significa acotar la crítica y contribuir decididamente a que la nueva administración salga adelante. A nadie le conviene, al menos en el corto plazo, el fracaso de Morales pues abre las puertas a la inestabilidad.

Las principales bancadas del Congreso (UNE, particularmente, además de Lider, Patriota y Todos) participan de la idea de darle estabilidad al nuevo Gobierno, aunque sea una táctica para evitar el desgaste de la confrontación, anticipando que algunas corporaciones empresariales afines a Morales no disimulan su intención de “depurar” el Poder Legislativo.

Ciertas variables debilitan esos acuerdos. Por ejemplo, la exacerbación de disputas dentro del sector privado; las tentaciones del Congreso de provocar una reforma del Estado que limite tradicionales privilegios fiscales y comerciales; la acción independiente de los órganos contralores; y los reclamos de los sindicatos públicos por mejoras salariales y de las organizaciones populares en demanda de políticas de inversión social y el cese de la explotación de recursos naturales. Por eso es improbable que este escenario domine todo 2016.

2.

De menos a más. El gobierno de Jimmy Morales logra superar los primeros escollos de orfandad programática y carencia de cuadros aptos, a la vez que adquiere autonomía respecto a los grupos de interés que inicialmente lo comenzaron a copar. La autonomía relativa de su gestión hace del Gobierno Central un interlocutor solvente para un Congreso asustadizo por la hostilidad de ciertas corporaciones empresariales.

Con un proyecto de gobierno creíble la administración de Morales gana el respeto de los grupos civiles, con los cuales se relaciona ahora fluidamente y encamina ciertas reformas de pequeño calado, pero sostenibles. La legitimidad interna se traduce en una ampliación del espacio de negociación internacional que permite recuperar la confianza de la comunidad financiera multilateral que reanuda los créditos concesionarios, granjeándose al mismo tiempo el respaldo político de capitales indispensables, como Washington y Bruselas.

Lo que hace factible este escenario es la participación de ministros y secretarios con estatura de estadistas, en quienes el mandatario se apoya sin ninguna duda.

3.

Gobierno breve. Los perentorios acuerdos entre actores decisivos para la gobernabilidad –empresarios, partidos políticos, movimientos cívicos y medios de prensa– se agotan sin alternativa en el transcurso de 2016. Se desata una crisis institucional, a pesar de los esfuerzos de Washington y Bruselas por contenerla.

Casos aislados de corrupción dentro del partido de Gobierno –en el Congreso y el Ejecutivo–, no son debidamente tratados y la actitud del mandatario insinúa al menos tolerancia. Los órganos contralores del Estado, como la Contraloría General de Cuentas, el MP y la CICIG, las Cortes de justicia, y la prensa en general operan con independencia exhibiendo las carencias del régimen. Rasgos autoritarios del gobierno, confiado en mensajes populistas, y el respaldo corporativo y conservador le hacen caer en la tentación de supeditar otros poderes del Estado y amordazar a la prensa crítica.

La ciudadanía, basada en nuevas organizaciones creadas tras las movilizaciones de 2015, vuelve a las plazas demandando libertades, cese de la corrupción y sometimiento a los tribunales de los señalados. Se producen desórdenes callejeros por la imprudencia de algunos manifestantes y un mal manejo de las fuerzas de seguridad. La situación del gobierno se vuelve insostenible. La CC procura un relevo a través del Congreso, pero el reclamo social es adelantar elecciones y en ese contexto retoma fuerza la demanda de reformas políticas.

4.

El “cisne negro”. Es el escenario de baja probabilidad, pero de alto impacto si llega a ocurrir. Se puede manifestar como desastres naturales –sismos, tormentas y efectos exacerbados del cambio climático– o bien a través de pánicos financieros (público y/o privado) que producen la pérdida de control sobre el tipo de cambio y los precios internos, alterando de manera radical los cursos de acción de los actores políticos y económicos. Las emergencias obligan a implantar estados de excepción y procurar el control de daños a través de medidas drásticas que en primera instancia profundizan la crisis.

Los costos sociales de los desastres naturales despiertan solidaridad ciudadana hacia los damnificados y desnudan la parálisis del gobierno y la corrupción en la asistencia. Si el “cisne negro” se presenta como una tormenta económica su impacto inmediato será reforzar las corrientes migratorias, en tanto que las poblaciones más vulnerables empeoran dramáticamente sus condiciones de vida, lo cual significa más hambre, mayor precariedad del empleo, hacinamiento insoportable, incremento de la delincuencia común y depresión social en general.