[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

¡Sigamos haciendo historia Guatemala!


María Alejandra Morales
Sociedad de Plumas

foto-articulo-Domingo

“El precio de la libertad es la eterna vigilancia” – Thomas Jefferson

Hace algunos días se conmemoró la Revolución de 1944, que recuerda la gesta cívico-militar del 20 de octubre de ese año. Tras la salida del gobierno del General Jorge Ubico, una serie de sucesos llevaron a distintos sectores de la clase media citadina a unirse para derrocar a su sucesor, el General Federico Ponce Vaides. Se trataba de una movilización que pretendía transformar radicalmente el sistema, instaurar un modelo democrático, ampliar la participación y construir un Estado forjado con base en los intereses y demandas de los estratos medios y trabajadores.

Durante los diez años de la “primavera democrática” se experimentaron una serie de reformas, tales como la creación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) y la aprobación del Código de Trabajo. No obstante, estas conquistas se vieron contaminadas por un sistema político en que reinaba la corrupción. La falta de vigilancia por parte de los ciudadanos fue un factor determinante que contribuyó al quebranto de las instituciones establecidas en ese momento. Ello desencadenó en el fortalecimiento de la concepción tradicional del Estado y el fracaso de la modernización.

El sistema continuó siendo excluyente, pues los beneficios de la transformación apenas alcanzaron a la población indígena o rural. También se mantuvo la práctica tradicional de otorgar privilegios: los beneficios del seguro social y del Código de Trabajo se limitaron exclusivamente a los trabajadores urbanos. Lo mismo con la expansión de la burocracia pública: sirvió para otorgar oportunidades de trabajo premiando el compadrazgo por sobre el mérito. El Gobierno siguió practicando lo que hasta hoy en día practica: el patrimonialismo, la terrible tradición de ver en lo público una oportunidad de enriquecimiento que trasciende cualquier ideología.

La Revolución del 44 deja a su paso una gran lección: los logros ciudadanos obtenidos en 2015 corren el riesgo de ser absorbidos por un sistema anacrónico que lucha por regenerarse. Hace tan solo algunos meses, la participación política comprendida como el deseo de acceder a la riqueza concentrada en el Estado era tolerada –o ignorada– por casi todos los guatemaltecos. Debido a la falta de modernización en nuestro sistema, el Estado se colocaba como el árbitro encargado de empujar y definir la nación.

No obstante, el único actor con la capacidad de poner en jaque mate esa aspiración patrimonial –el deseo desenfrenado de generar riqueza valiéndose de los bienes públicos–, es el propio ciudadano. El guatemalteco es el único actor que con responsabilidad puede garantizar la continuidad de la renovación de nuestro Estado. Sin embargo, para hacer caminar esos proyectos hace falta una sociedad unificada, sin la cual la reestructuración del sistema se vuelve tarea imposible. En un régimen republicano verdaderamente representativo, son los ciudadanos quienes toman el control de las decisiones de sus representantes, así como están a cargo de poner fin a las prácticas políticas tradicionales y promover la instauración de un régimen con las características de un Estado Moderno. Esto no se construye solamente acudiendo a las urnas cada cuatro años, pues el ciudadano debe ser un vigilante permanente del actuar de sus gobernantes.

La lucha que iniciamos en abril no debe cesar este 25 de octubre, mucho menos apagarse con el próximo gobierno. El camino por recorrer aún es largo, las batallas serán continuas, pero la esperanza y la convicción de querer construir un país mejor es aún más fuerte que cualquier reto que en el trayecto pueda presentarse. Una Guatemala mejor no la construye un nuevo gobierno, una nueva cara, un nuevo partido; se erige cuando la ciudadanía deja de ser solo un derecho y se convierte también en responsabilidades. No existe amenaza más grande para un político corrupto –aquel que sigue viendo al Estado como un botín– que una sociedad civil activa, intolerante a la corrupción e incapacidad, participativa y sobre todo vigilante ¡Sigamos haciendo historia Guatemala!

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia RONY RÍOSrrios@elperiodico.com.gt
Semilla pide a la CSJ inscripción de Thelma Aldana
noticia
Exposición fotográfica de Karla Acuña

La fotógrafa guatemalteca residente en Madrid, visitó el país para inaugurar tres exposiciones.

noticia Katerin Chumil / Rony Ríos / elPeriódico
Exalcalde Arnoldo Medrano es declarado inocente en juicio de Vivienda Digna

Otros seis exmiembros de la corporación municipal también fueron absueltos por Tribunal Décimo Tercero.



Más en esta sección

Mujeres marchan en conmemoración al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer

otras-noticias

Diputados se trasladan al Teatro Nacional para sesionar

otras-noticias

Salud da prórroga indefinida al funcionamiento de la Unidad de Transparencia y Anticorrupción

otras-noticias

Publicidad