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Domingo

Habemus presidente


José Luis Chea Urruela

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En la certera encuesta realizada por la empresa PRODATOS, y publicada en septiembre del presente año por Prensa Libre en la antesala de la primera vuelta electoral, en un eventual escenario de una segunda vuelta a realizarse entre Jimmy Morales y Sandra Torres, la intención de voto para Morales era del 45 por ciento, mientras que el 30.3 por ciento era para Torres, marcando una diferencia de 14.7 a favor de Morales. En la encuesta de la misma empresa, publicada en la víspera de la segunda vuelta electoral, la diferencia entre ambos candidatos aumento hasta llegar al 35.8 por ciento. ¿Qué sucedió?

Tras su angustiosa y cardiaca inclusión en la segunda vuelta electoral, una desdibujada Torres, mal asesorada, en medio de la incertidumbre y con una urgente necesidad de reafirmar, ante sus cuadros y sus bases, la posibilidad de un triunfo contundente en la segunda vuelta electoral, tomó varias decisiones equivocadas. Entre ellas, menospreciar y minimizar las capacidades de su contendiente; insistir en lo peor de ella misma –su pasado– para convertirlo de la noche a la mañana en “experiencia”, en lugar de vender su capacidad a futuro, y vincular a su contrincante con una institución que goza de la credibilidad de un amplio sector de la población, como lo es el Ejército de Guatemala.

De pronto, en el imaginario nacional, la experiencia de Torres se convirtió en una funesta arma de doble filo, en un certero boomerang que la golpeó duramente al vincular esa experiencia, no con una buena capacidad de gestión pública, sino con los actos de corrupción e ineficiencia de la administración de su exesposo Álvaro Colon, además de las sindicaciones personales tanto de orden familiar como de orden ideológico. La candidatura percibida por la población no como un acto de servicio, sino como un instrumento de ambición y poder. La política como una actuación pública de una pasión privada.

En los debates, la última oportunidad de “hacer la diferencia”, la candidata lució nerviosa y reiterativa, sin capacidad de comunicarse y “conectarse” con esos votantes indecisos que deseaban ver una Sandra alejada de un pasado turbulento, con propuestas frescas y equipo renovado. Condenada de antemano por un electorado cruel y despiadado, que no le perdona sus pecados, la segunda vuelta electoral no ha hecho sino prolongar la agonía de una candidatura a la cual, después de todo, en la percepción del guatemalteco común y corriente, ya le tocó.

Contra todo pronóstico, la inminente victoria de Morales está a punto convertirlo en un uno de los mandatarios con mayor respaldo electoral desde la instauración de la “era democrática” en Guatemala. Apoyado por la capital, el interior urbano, la Guatemala rural la “Guatemala profunda” y la Guatemala malagradecida, Morales, en un ritual de trámite, será ungido por la mayoría de guatemaltecos el día de hoy Presidente Electo, incluso con el voto de la Guatemala profunda donde los teléfonos móviles y los teléfonos inteligentes parecen haber desplazado a las bolsas solidarias. Los beneficiarios de los programas sociales tampoco apoyan a Torres.

Presagiando el ocaso de los intelectuales en materia, no de análisis, sino de influencia política, el triunfo de Morales se da en contra del pronóstico y deseo de varios hombres y mujeres de pensamiento, los cuales a través de cartas, manifiestos, columnas y otras formas de expresión vaticinaron y promovieron el apocalipsis, solo para darse cuenta que, en materia política, sus esfuerzos poco o nada tiene que ver con las decisiones que toman los guatemaltecos, las cuales se incuban y añejan en círculos y poderes ajenos.

En la novela de Carlos Fuentes La Silla del Águila el Presidente Terán le dice a Séneca su inútil consejero: “Asumes la Presidencia Séneca, te ponen en el pecho la banda tricolor, te sientas en la Silla del Águila y ¡Vámonos! Es como si te hubieras subido a la montaña rusa, te sueltan del pináculo cuesta abajo, te agarras como puedes a la silla, y pones una cara de sorpresa que nunca se te quitará, haces una mueca que se vuelve tu máscara, con el gesto que te lanzaron te quedas para siempre…. La Silla del Águila, es nada más y nada menos que un asiento en la Montaña Rusa que llamamos la República Mexicana”

Para el Presidente Electo Morales, el reto no es llegar, sino cómo salir al término de su mandato. El voto abrumador de los guatemaltecos constituye una magnífica oportunidad para que Morales escriba, con honores, su propia historia, una historia desde sus orígenes humildes hasta su llegada y salida del poder, al igual que Rafael Carrera en la otra montaña, la Montaña Mágica de González Davison.

Una historia de esfuerzo y dedicación, una historia de vocación de servicio y amor por su país, una historia sin “luna de miel”, una historia de nacionalismo, honor y dignidad, en donde desde su asiento, en la Silla del Quetzal, termine de construir una Guatemala próspera, unida
y soberana.

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