Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
Domingo

Desperdicio

César A. García E.

Fecha de publicación: 18-10-15
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

Si algo me indigna en la vida, es el feo desperdicio. Cosas que pueden ser útiles y se convierten en vicios. Virtudes que no se ejercen por la falta de valor… valores que no se notan por dobleces e impudor. Desperdicio es lo que sobra, en el gobierno ominoso que empodera el insensato y dignifica al ocioso. En los gobiernos de siempre, con los viles y mañosos que se aprovechan del pueblo… siempre lerdo y temeroso. Arranques de patriotismo que alumbran como las tuzas; un ratito, un fogonazo, para desaparecer… detrás de la cobardía, la permisión, lo ominoso.

Desperdician la ocasión –quienes resultan electos– de escribir su propia historia; un relato de pudor, de hombría, de dignidad… rectitud y de legado. Una historia del esfuerzo que se merecen sus puestos; de ejemplo para sus hijos, de dignificar sus cargos, de dar valor a sus nombres y todo ello resultado, de servir a sus votantes; también a sus detractores que pronto –frente a la virtud– serían admiradores. Desperdicia la ocasión, Alejandro Maldonado, de escribir la narrativa de firmeza y de valor. En cambio –y no se da cuenta–mientras matan a pilotos, mientras en todas las calles la cruel malandanza impera… se le ve “pasando el agua”. Como que si en esta tierra, con tanta sangre impregnada –existiesen y a granel– para arreglar la desgracia… todos los días del mundo. Con parsimonia pasmosa, es Presidente es vocero, está donde está la cámara, es el ¡Gran protagonista! ¿Protagonista de qué? ¿De nombrar a cachimbiros, de empoderar a quemados, de pagar viejos favores, dejar que la desgracia siga, dejar que reine la escoria, dejar a los hospitales en desgracia purgatoria?

Mientras Don Ale y su equipo queman sus últimos “cuetes”, se sienten en las alturas y son sus propios alcahuetes… el país sigue al abismo. Para eso esperó Alejandro, tres décadas, ¡poca cosa!… para hacer más de lo mismo. Presidente bonachón, abrazador de viejitas, demagogo, largo párrafo y atender unas cositas. Sus cuatro vitales meses, serán el triste recuerdo de asignar a su país, como destino, el infierno. Es hoy nuestra Guatemala, un avión con dos pilotos: distraídos, abstraídos, vanamente ensimismados que disfrutan de su suerte… y el pueblo sigue frustrado; lacerado y anhelante, de valor y de virtud, de decencia y de talante. El avión viene en picada, no está nuestra condición para gente atolondrada, acomodada al poder, ni tampoco trasnochada.

¿Y de lo que viene qué? No se augura nada nuevo. Dos candidatos vacíos, jalándose de los pelos y repitiendo arrebatos, vistiéndose de estadistas… con aires de mojigatos. Desperdiciando –los dos– los mal llamados debates, donde las respuestas tontas, son también el resultado de las preguntas idiotas. Donde no hay nada de fondo, donde el tiempo, la ocasión, la bulla y la promoción, causan gran expectativa… pero al llegar el debate, la verdad luce evasiva. Ni se inquiere suficiente, ni se exige claridad, han sido más bien concursos de paja y de fatuidad. No hay programas, no hay respuestas, no hay equipos… ni vergüenza. Los dos candidatos magros, con discursos para bobos, se sienten deidades vivas o modelos o dos divas, y lo único que quieren es ganar las elecciones… no importa si en el camino, van apagando ilusiones. Ya los dos bien alineados, con los mismos chambelanes, siniestros, interesados, funestos… disfuncionales. Los dos “tocando la gloria”, mientras se sienten honrosos, por codearse con la escoria.

Va muy mal mi Guatemala, con expectativas grises, con niños descerebrados, olvidados, ninguneados. ¡Un millón! son “solamente” los que pierden su cerebro por causa de mala gente. Mala gente del gobierno, pero también gente buena que al ser tan indiferente, al aplaudir demagogos y confiar en indolentes… ¿Es realmente buena gente? ¡Piénselo!