[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

El eslabón perdido


José Luis Chea Urruela

Primero fue  Salvador Estuardo González, alias Eco, quien, en la antesala de la delación y en un inefable e inverosímil acto de contrición, confirmó que las acusaciones formuladas, tanto por el MP como por la CICIG, en contra de los involucrados en la red de defraudación aduanera conocida como La Línea, en especial la pareja de exmandatarios, son ciertas.  Enfundado en un traje oscuro, cabello recién cortado y camisa con mancuernillas, el elegante delator afirmó que del botín obtenido de la defraudación fiscal, el 50 por ciento del total era para el expresidente y la señora ex vicepresidenta, con un riguroso 21.25 por ciento para cada uno, tal y como estipulan las capitulaciones matrimoniales de comunidad de gananciales.

Sin que le temblara la voz y con la esperanza de convertirse en colaborador eficaz, Eco confirmó que dentro de las hojas de control de los cobros obtenidos por La Línea, identificó a Pérez y a Baldetti, sin mucha imaginación cabe notar, como el Uno y la Dos. Sus declaraciones ponían el penúltimo clavo en el ataúd jurídico en que se pretende sepultar las esperanzas de salir de prisión de Pérez Molina y  Baldetti, mejor conocidos en el bajo mundo de la farándula como Roxie and Otto. Con casco protector, chaleco antibalas y vistiendo un traje Príncipe de Gales, Eco practica desde Pavoncito el extremo y peligroso deporte de la delación.

Luego del relámpago, el trueno: la aparición del Eslabón Perdido, el Pitecántropos delatoris Juan Carlos Monzón quien, en medio de la tragedia de El Cambray II, se presentó de madrugada, lozano y bien trajeado, ante juez competente, afirmando que él es el eslabón que el MP necesita para cerrar la investigación del caso La Línea. Al mismo tiempo, hacía ojo pache al juez para sugerirle que también él, a cambio de convertirse en testigo protegido, podría decir todo lo que sabe sobre las actividades extracurriculares de su antigua jefa, sin omitir la cuarteada con agua del shampoo y el exceso de aguarrás en el esmalte de uñas.

Por supuesto, Monzón confirmo que él no era el líder de La Línea, reconociendo que si bien formaba parte de la estructura, lo hacía por las instrucciones de su exjefa Roxana Baldetti Elías; agregando el hecho por todos sabido, que en el gobierno de  Baldetti y Pérez no se hacía nada sin el conocimiento ni la aprobación de ninguno de los dos exmandatarios. Sintiéndose traicionado por diversas declaraciones de los exmandatarios, Monzón reaparece dispuesto a poner un último clavo en el ataúd tipo tándem, de la pareja presidencial.

En su Divina Comedia, el inmortal florentino Dante Alighieri ubica a los traidores en el último círculo del infierno, ya que considera a la traición como el peor pecado de todos. La razón es que, a diferencia de otro tipo de crímenes, para traicionar primero hay que ganarse la confianza y el afecto de la víctima. Para Nicolás de Maquiavelo, sin embargo, la traición era una parte fundamental de la política y quien no estuviera dispuesto a asumirlo nada tenía qué hacer en los lugares de poder. Extraño sería que Baldetti no supiera esto, siendo como dicen que era conspicua lectora de su único libro de cabecera Las 48 Leyes del Poder, de Robert Green.

La delación en Guatemala puede ser un deporte extremo. Las declaraciones de Monzón me recuerdan la  vida y muerte de Robert Ford, quien en su época fuera amigo y secuaz del forajido Jesse James, uno de los bandoleros más peligrosos y carismáticos que se recuerdan. A Ford, la historia le relegó el triste papel de haber matado por la espalda a quien era su amigo, y quien cuando menos merecía una posibilidad de defenderse. Fue tal el desprecio que generó entre sus contemporáneos su cobarde proceder que no tardó en encontrar la muerte en manos de un admirador de Jesse James. Por supuesto que en este caso Monzón no tiene mucho de qué preocuparse, pues el único admirador conocido de Baldetti es un bolito que le llevó flores al Centro Médico Militar y a quien, injustamente, no dejaron ingresar.

Desde su prisión en Matamoros, trabado en el primer capítulo de la historia de su propia Mein Kampf y desde su cama en el Centro Médico Militar, aislada y postrada en su cama al borde del suicidio emocional y víctima de una banal y estéril batalla entre las bacterias Clostridium difficile y Estafilococo aereus, tanto Pérez como Baldetti tiemblan de pensar hasta dónde Monzón dirá todo lo que sabe sobre ellos, lo maldicen y al igual que Julio César, ambos exclaman al unísono desde sus respectivas ergástulas: “Tú también Monzón”.

Cabe, sin embargo, en esta historia de delaciones y traiciones una interpretación más plausible. Si el trágico destino de Pérez y Baldetti es permanecer en prisión para expiar sus pecados cometidos aquí en la Tierra, la delación y la confesión de Monzón para que sigan en la cárcel no lo convierte en un traidor, sino de hecho, en su mejor discípulo.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia
Transporte público criminalizado
noticia Desconecta - Europa Press
Viajar gratis a Nueva York es posible si te llamas Valentín o Valentina gracias a una aerolínea islandesa

¿Te llamas Valentín o Valentina? Wow Air, una aerolínea islandesa, ofrece vuelos gratuitos a Nueva York a la pareja o el acompañante de cualquier pasajero en cuyo documento de identidad se demuestre que se llama o apellida Valentín.

noticia Danilo Parrinello
Independencia patria y los partidos políticos

15 de septiembre, independencia política de Guatemala y Centroamérica.



Más en esta sección

HRW pide sancionar a agentes que hicieron uso excesivo de la fuerza en las protestas

otras-noticias

Cremas apuesta por otro triunfo contra Xelajú

otras-noticias

Municipal busca curar las heridas contra Antigua

otras-noticias

Publicidad