Jueves 18 DE Abril DE 2019
Domingo

Manual para cambiar un país

Paul Boteo
Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 04-10-15
Ilustración Víctor Matamoros > El periódico

En cuestión de meses hemos pasado de la desesperanza, por contar con un Estado cooptado por extensas redes de corrupción; a la incertidumbre, por la crisis política que se desató; y posteriormente terminamos en un estallido de euforia, por las victorias que se lograron en las últimas semanas. Se ha iniciado un proceso de depuración en los tres poderes del Estado, liderado por la CICIG y el MP, que sin duda es motivo de esperanza y celebración.

Sin embargo, no debemos dejar que la emoción nos gane. Se dice que el país no volverá a ser el mismo, y en cierto sentido esta afirmación es correcta. Pero no hay que pecar de ingenuos. Si en estos momentos la CICIG dejara el país, lo más probable es que en el mediano plazo, las redes de corrupción volverían a operar con total impunidad. La institucionalidad que permitió que estas redes operaran se encuentra prácticamente intacta.

No olvidemos tampoco que varios de los políticos seriamente cuestionados por estar involucrados en actos de corrupción han sido reelectos. La composición del Congreso para el próximo periodo y la reelección de varios alcaldes, nos indican que la opacidad en la política está lejos de desaparecer. Los beneficios económicos que representa el Estado para muchos políticos nos debe indicar que la lucha por la transparencia requerirá de un esfuerzo titánico de todos los sectores de la sociedad.

Cambiar el sistema político del país puede representar un auténtico rompecabezas. Son demasiados los intereses y pueden ser tan antagónicas las posiciones ideológicas que el peligro es que nos quedemos estancados; o peor aún, que se realicen reformas que solo terminen agravando la situación. No hay un manual que nos indique qué pasos debemos seguir, y ciertamente a lo largo de la historia, los países han encontrado diferentes fórmulas para transformar sus sistemas políticos. Algunos han pasado por procesos caóticos; otros han logrado procesos de transición pacíficos y más ordenados.

En el caso de Guatemala, la tarea que tenemos por delante es sumamente compleja. La propuesta de reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, presentada por el Tribunal Supremo Electoral, ha sido cuestionada desde ambos espectros ideológicos. No será fácil llegar a una propuesta que represente un cambio real en el sistema político, que al mismo tiempo alcance cierta legitimidad entre los diversos actores sociales. El riesgo de naufragar en el intento es muy grande. Además, la mayoría de diputados pareciera que están haciendo su mejor esfuerzo para que la reforma que se apruebe sea lo más inocua posible para los partidos políticos.

El resto de reformas que necesita el país, también enfrentarán un proceso sumamente complejo. Las reformas a la Ley de Servicio Civil, por ejemplo, serán cuestionadas por los poderosos sindicatos del Estado y por los mismos diputados. Es usual que los legisladores presionen a diferentes entidades del Ejecutivo para colocar en puestos de trabajo a sus allegados y el mismo Congreso se ha convertido en una agencia de empleo.

Lo mismo puede decirse de la Ley de Compras y Contrataciones. Los miles de millones de quetzales que están en juego, sin duda alguna despertarán una fuerte lucha para que las reformas no prosperen. Por demás está mencionar las dificultades que enfrentará una eventual reforma al sector justicia.

En definitiva, el país ha realizado muchos avances en los últimos meses. Sin embargo, no debemos perder de vista que si no se concretan las reformas pendientes, lo más probable es que las redes de corrupción se vuelvan a reacomodar y operen nuevamente con total impunidad. Y concretar estas reformas no será nada fácil. Los intereses que están en juego y las diferencias ideológicas son los principales obstáculos a vencer.

Lamentablemente no hay un manual para la trasformación de un país. Nosotros tendremos que crear nuestra propia historia, con responsabilidad y determinación.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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